UN VIAJE POR...
XIBALBA

Según la obra mitológica del
POPOL VUH

El POPOL VUH es el Libro Sagrado o Biblia de los mayas quichés. Era en origen un códice maya o libro antiguo donde se daba referencia a la creación del mundo y a la de los mayas quichés de Guatemala. Este libro desapareció, y en el siglo XVIII, gracias al empeño del Padre Fray Francisco Ximénez, se consiguió que unos indios dieran a conocer un libro escrito en lengua quiché poco después de la conquista española (¿1544?), donde se recopilaban estas viejas tradiciones. En la actualidad se llama Popol Vuh a esta traducción (también conocida como Manuscrito de Chichicastenango).




Esta es una versión muy resumida, en forma de fábula,
de la Tercera Parte del libro mitológico conocido como Popol Vuh.
Si está interesado en él, el Mitnal te recomienda la traducción de
Adrián Recinos titulada "Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché",
publicada desde 1952 por el Fondo de Cultura Económica, México.



INTRODUCCION
(Un rápido resumen...)

Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú, nacieron en la oscuridad de la noche, antes de que existieran el sol y la luna, antes de que fuese creado el hombre.
Estos dos hermanos gemelos estaban un día jugando a la pelota y el ruido molesta a los Señores de Xibalbá al escucharlos jugar sobre sus cabezas. Los Príncipes del Infierno deciden convocarlos para disputar una partida de pelota en sus dominios.
Al llegar se mofan de ellos y les someten a diversos engaños. Al final los dos héroes pierden el partido y las gentes de Xibalbá deciden sacrificarlos; una vez hecho esto y antes de enterrarlos, cortan la cabeza a Hun Hunahpú, que es expuesta sobre un árbol estéril; al poco tiempo el árbol comienza a dar frutos y la cabeza se convierte en uno de ellos, al ver esto los Señores de Xibalbá prohiben que las gentes se acerquen al árbol.
Algún tiempo después, Ixquic, hija de Cuchumaquic, uno de los señores de Xibalbá, se acerca al árbol empujada por la curiosidad; uno de los frutos (la cabeza de Hun Hunahpú) entabla conversación con ella y le pide que extienda su mano derecha, y al hacerlo la muchacha, le escupe entre los dedos; mediante este método, Hun Hunahpú concibe en Ixquic.
El padre de la doncella, al conocer su embarazo, expone el problema a la asamblea de los Señores, decidiéndose que los Tucur o Mensajeros de Xibalbá la busquen, la maten y les traigan su corazón. Ixquic habla con estos y obtiene su perdón, deciden engañar a los Señores llevándoles una bola de resina roja de un árbol cercano, y mientras hacen esto, la muchacha huye al mundo superior. Busca refugio en la casa de Hun Hunahpú, el que la ha fecundado, y queda al cuidado de su madre. Tras un cierto tiempo da a luz a los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué.

...y aquí viene ahora el relato de la venganza de estos hermanos contra el pueblo de Xibalbá...


FRAGMENTO DEL POPOL-VUH

Los muchachos fueron a despedirse de su abuela y de su madre, sembraron unas cañas en el patio de su casa como señal de su existencia y se encaminaron hacia Xibalbá, el Infierno.
Los muchchos llevaban consigo sus cerbatanas, tomaron el camino de Xibalbá y bajaron rápidamente las empinadas escaleras. pasaron dos ríos, uno de materia y otro de sangre, sin poner los pies en ellos sino, atravesando las cebatanas, pasaron sobre ellas. Llegaron a la encrucijada de cuatro caminos: uno era negro, otro blanco, otro rojo y otro amarillo.
Como esperaban varios engaños por parte de los Señores, despacharon a Xan, el Mosquito, para que fuera a averiguar el nombre de los Ahauab de Xibalbá, los Señores del Infierno, diciéndole:
- "Anda, ve y pica a todos los Señores que están sentados y, desde ahora, tu comida será la sangre de los que picares en el camino".
Al picarles el mosquito revelaron todos los Ahauab sus nombres al preguntarse el uno al otro quién les había picado. Vino Xan, el Mosquito, y repitió los nombres a Hunahpú e Ixbalanqué, los cuales se dirigieron hacia donde estaban los Señores.
Los muchachos dijeron a los Señores del Infierno, los Ahauab de Xibalbá:
- "A los dos primeros no los saludamos porque son muñecos, pero a vosotros sí: Hun Camé, Vucub Camé, Xiquiripat, Cuchumaquic, Ahalpuh, Ahalcaná, Ahalmez, Ahaltocob, Chamiabac, Chamiaholom, Quicxic, Patán".
Ninguno de los nombres olvidaron.
Nada gustaron de esto los Ahauab, y los invitaron a sentarse.
- "Eso no", dijeron los muchachos, "ese asiento es piedra que está quemando; no nos sentaremos en ella".
- "Ea, pues", dijeron los Señores, "vayan a descansar a la posada".
Fueron llevados a la Casa de la Oscuridad, donde les llevaron dos ocotes y dos cigarros y les advirtieron que, ardiendo toda la noche, los habían de devolver enteros por la mañana. Ellos tomaron dos plumas de la cola de la guacamaya y las pusieron en el ocote y en las puntas de los cigarros pusieron dos luciérnagas. Así estuvieron haciendo como que ardían toda la noche.
Al día siguiente los Señores quedaron muy admirados de ver los cigarros y los ocotes enteros, e invitaron a los muchachos a jugar a la pelota. Primero jugaron con una cabeza de león y después con la pelota de hule de Hunahpú e Ixbalanqué.
Habiéndose consultado los Ahauab sobre cómo vencerían a los muchachos, les dijeron:
- "Tomen estas cuatro jícaras y mañana tráinganlas llenas de flores".
Y los llevaron a la Casa de las Navajas de Chay, pero éstas no los dañaron.
Llamaron los muchachos a todas las hormigas y a las hormigas cortadoras zompopos para que fueran a la huerta donde los guardianes se habían descuidado, y cortaron y trajeron las flores.
Al día siguiente los mensajeros de Xibalbá les dijeron a los muchachos:
- "los Señores mandan que llevéis pronto las flores".
Llegaron ellos ante los Señores y les ofrecieron las cuatro jícaras llenas de flores.
Muy enfadados los Ahauab llamaron a los guardianes y los regañaron por haberse dejado coger las flores, rasgándoles la boca en castigo.
Los Ahauab jugaron un poco a la pelota con los muchachos y se citaron para seguir el juego al día siguiente.
Aquella noche los metieron en la casa del Frío. Era mucho el frío de aquella casa y estaba llena de granizo, pero los muchachos amanecieron buenos y sanos; al hacer fuego con unos palos secos combatieron ellos mismos al frío.
Los guardas vinieron por la mañana a ver si ya habían muerto y los Señores se desesperaban al ver que no podían vencerlos, y se maravillaban cada día más de los prodigios de Hunahpú e Ixbalanqué.
Otra noche los mandaron a la Casa de los Tigres donde había infinidad de éstos.
- "No nos mordáis", les mandaron, "vuestra comida serán los huesos".
Los muchachos les arrojaron unos huesos y los tigres empezaron a roerlos, por lo que los guardas creyeron que ya habían acabado con ellos; pero al día siguiente los hallaron sin que les hubieran hecho mal alguno los tigres, de lo cual quedaron admirados los Ahauab de Xibalbá, los Señores del Infierno.
Otra noche los metieron en la Casa del Fuego, pero éste no les hizo daño alguno sino salieron muy hermosos por la mañana.
A la noche siguiente llevaron a los muchachos a la Casa de los Murciélagos, donde había infinidad de ellos.
Hunahpú e Ixbalanqué se metieron dentro de sus cerbatanas a dormir, y aunque los murciélagos revoloteaban a su alrededor, no pudieron morderlos. Hunahpú quiso ver si ya había amanecido y al sacar la cabeza para certificarlo se la cortó Camazotz, el Gran Murciélago, quedando sólo el cuerpo.
Los murciélagos fueron a poner la cabeza de Hunahpú al atrio donde se jugaba a la pelota.
Ixbalanqué llamó a los grandes y a los pequeños animales, para que lo ayudaran a remendar a Hunahpú y todos acudieron.
A lo último vino Coc, la Tortuga, balanceándose para caminar, y tomándola Ixbalanqué labró en ella la cabeza de Hunahpú, la cual salió perfecta después de hacerle boca y ojos.
esto fue hecho con mucha sabiduría porque así lo dispuso Huracán, el Corazón de Cielo.
Al terminar la cabeza se la pusieron al cuerpo de Hunahpú y pudo hablar.
Mientras estaban haciendo la cabeza de Hunahpú y viendo que ya aclaraba, le mandaron a Vuch, el Zopilote, que oscureciese la mañana y él lo hizo abriendo sus alas, y aunque cuatro veces amaneció, cuatro veces oscureció él extendiendo sus alas.
Así ahora, cuando el zopilote abre sus alas estando todavía oscuro, se tiene como señal de que amanece.
Cuando amaneció ya estaban buenos los dos muchachos. Luego hablaron entre sí y se pusieron de acuerdo:
- "No juegues tú a la pelota; haz únicamente como que juegas; yo solo lo haré todo", le dijo Ixbalanqué.
Enseguida le dió sus órdenes a un conejo:
- "Anda a colocar sobre el juego de la pelota; quédate allí entre el encinal. Cuando te llegue la pelota sal corriendo inmediatamente y yo haré lo demás". Luego bajaron a jugar a la pelota.
Puesta la cabeza de Hunahpú en el atrio, los Señores celebraron con burlas el vencimiento de los muchachos y se pusieron a jugar a la pelota.
Ixbalanqué les alió al encuentro, rebatió fuertemente la pelota que se metió en el encinal cercano; entonces el conejo salió corriendo y los Señores detrás de él creyendo que era la pelota.
Quedó sólo todo el atrio e Ixbalanqué tomó la cabeza de Hunahpú y se la puso cambiándola por la cabeza de tortuga, la que colocó en su lugar en el atrio.
Los Señores estaban admirados de ver el prodigio que sucedía con Hunahpú.
Habiendo sido prevenidos de todos los sufrimirntos que les querían imponer, no murieron de los tormentos de Xibalbá, ni fueron vencidos por todos los animales feroces que había en Xibalbá.
Los muchachos hicieron llamar a dos adivinos muy sabios y hablaron con ellos de sus sospechas sobre lo que les deparaban los Señores y de su futura muerte; les dieron instrucciones sobre lo que debían aconsejar a los Ahauab sobre sus restos.
Los Ahauab de Xibalbá, los Señores del Infierno, prepararon una gran hoguera en un hoyo y llamaron a Hunahpú e Ixbalanqué y les intentaron engañar para que pasaran por encima de ella. Estos, sabiendo su destino, se pusieron uno frente al otro y, extendiendo los brazos, se dejaron ir sobre el fuego muriendo los dos juntos.
Todos los de Xibalbá se llenaron de alegría y dando muchas voces y silbidos exclaraban: "¡Ahora sí que los hemos vencido! ¡Por fin se han entregado!". Molieron sus huesos y hechos polvo los arrojaron a la corriente del río siguiendo los consejos de los adivinos, pero el agua no se los llevó sino que, yéndose al fondo, se convirtieron en dos hermosos muchachos.
Los jóvenes se manifestaron varias veces. Al quinto día volvieron a aparecer y fueron vistos en el agua por la gente. Vinieron los de Xibalbá a buscarlos por todo el río, y ante ellos se presentaron con dos pobres, de rostro avejentado, sucios y harapientos, y sólo se ocupaban en bailar el baile de Puhuy, la Lechuza, el beile de Cux, la Comadreja, el del Iboy, el Armadillo, el del Ixtzul, el Ciempiés, y el de Chitic, el Que Anda Sobre Zancos. Quemaban animales y personas o alguna cosa y la volvían a dejar buena y sana, y también se descuartizaban y volvían a revivir ellos mismos.
Los de Xibalbá quedaron espantados y admirados de ver semejantes prodigios y llevaron la noticia a Hun Camé y a Vucub Camé, los cuales despacharon a sus mensajeros para que los muchachos hicieran sus prodigios delante de ellos.
Hunahpú e Ixbalanqué se resistieron a ir y, violentándolos, los mensajeros los llevaron por la fuerza.
- "Hagan sus bailes y sus juegos", les mandaron los Ahauab de Xibalbá.
Empezaron sus bailes y sus cantos, acudiendo todos los del Infierno a verlos.
Y díjoles un Ahau:
- "Despedazad este mi perro y volved a resucitarlo".
Tomando el perro lo despedazaron y lo resucitaron y el perro meneaba la cola, muy alegre de haber revivido.
- "Ea, quemad micasa". dijo otro de los Ahauab.
Los muchachos quemaron la casa estando todos dentro, los cuales no se quemaron y volvieron a dejarla como estaba antes.
- "Ea", dijeron, "tomad un hombre de éstos, despedazadlo y resucitarlo".
Tomaron a uno de los que miraban, lo hicieron pedazos y en un instante lo juntaron todo y lo resucitaron.
- "Ea, ahora despedazaos a vosotros mismos", dijeron los Ahauab.
Tomó Ixbalanqué a Hunahpú, lo despedazó y volvió a resucitarlo. Al ver estos prodigios los Señores pidieron ser despedazados y resucitados. Los muchachos los despedazaron pero ya no volvieron a resucitarlos.
Y así fueron vencidos los Ahauab de Xibalbá, los Señores del Infierno, por Hunahpú e Ixbalanqué.


EL FINAL...
(Un rápido epílogo...)

Tras vencer a los Señores de Xibalbá, los dos héroes gemelos se identificaron ante las gentes de Xibalbá diciendo sus nombres y los de sus padres. Al escucharlos, se atemorizaron y les pidieron clemencia en su venganza; los dos hermanos aceptaron que no serían destruidos pero anunciaron su decadencia con estas palabras: "Ya que no existe vuestro gran poder ni vuestra estirpe, y tampoco mereceis misericordia, será rebajada vuestra sangre. No será para vosotros el juego de la pelota. Solamente os ocupareis de hacer cacharros, vasijas y piedras de moler maíz. Solo los hijos de las malezas y del desierto hablarán con vosotros. Los hijos esclarecidos,los vasallos civilizados no os pertenecerán y se alejarán de vuestra presencia. Los pecadores, los malos, los tristes, los desventurados, los que se entregan al vicio, esos os acogerán. Ya no os apoderareis repentinamente de los hombres, y tened presente la humildad de vuestra sangre".
Hunahpú e Ixbalanqué, después de haber vengado en los de Xibalbá la muerte de su padre, subieron al cielo: uno fue puesto por Sol y el otro por Luna; así se iluminó la bóveda del cielo y la faz de la tierra...