MIRARSE EL OMBLIGO (I)

Un poco de Historia... y un poco de Medicina...

El ombligo y el cordón umbilical según la Antropología Médica y la Medicina Popular
(I de II)

EL OMBLIGO

El ombligo es eso que todos tenemos en el abdomen, de forma semi redondeada; es una simple cicatriz que, según la mayoría de la gente, sólo actúa como reservorio de las "pelotillas" de fibras de nuestra ropa interior, aunque también se ha llegado a desarrollar toda una teoría pseudocientífica sobre la "morfopsicología del ombligo".

     Visto desde el punto de vista médico en la actualidad el ombligo es utilizado como vía de acceso en la realización de laparoscopias y poco más, mientras que el cordón umbilical interesará sobre todo por su longitud, ya que si es demasiado corto o demasiado largo podría ser origen de algunas complicaciones tocológicas. Por otra parte, tras el parto es conveniente revisar el cordón por dos motivos: por él circulan 2 arterias y 1 vena, y si una de las arterias faltara o fuera muy rudimentaria, podría ser indicación de la existencia de alguna anomalía fetal; mientras que la existencia de nudos en el trayecto del cordón podría ser señal de una hipoxia fetal.
     Por otro lado, la técnica de la fetoscopia permite la extracción de sangre del cordón umbilical para realizar analíticas fetales. También se ha establecido el concepto de que el embrión es un repositorio de células-madre y de tejidos de gran potencial biológico, siendo útiles en la terapéutica de ciertos casos de leucemia mediante la reposición de células sanguíneas obtenidas del cordón umbilical (planteamiento que se intenta desarrollar creando un "banco de cordones umbilicales" para un posible uso futuro).
 
     Desde el punto de vista antropológico y popular el ombligo y, especialmente, el cordón umbilical, han tenido históricamente una gran importancia médica y social para muchos pueblos.


Parturientas del Códice Nuttall
Códice Nuttall. Dos representaciones pictóricas mixtecas de
la madre unida al recién nacido mediante el cordón umbilical.


     A los cinco o seis días de vida del recién nacido se marchita el cordón umbilical y se desprende, dejando en su punto de inserción una pequeña cicatriz que constituye el ombligo propiamente dicho. Lo más importante es prevenir la infección y vigilar la aparición de hernias umbilicales. El modo de formarse esta cicatriz dio lugar en otros tiempos a tremendas controversias para saber si era racional representar con ombligo a Adán y Eva.

     Hoy al ombligo se le da una función puramente estética y se decora con artilugios metálicos (el terrible piercing), sirve como escusa para escribir libros (El ombligo del mundo de Ramón Pérez de Ayala, o Todos los ombligos son redondos de Alvaro de Laiglesia, por ejemplo), e incluso hay quien lo considera como un importante rasgo diferencial entre los seres humanos y los seres extraterrestres (¿?)...

     En la Edad Media también se cuidaba su valor estético; a los niños pequeños se les envolvía como una momia mientras se les colocaba una bola de plomo en la cicatriz del cordón umbilical para conseguir un hermoso y profundo ombligo, método que nuestras abuelas e incluso nuestras madres han seguido hasta la actualidad, aunque utilizando bolitas de algodón o lana en vez de plomo. También se le consideró como sede de la lujuria en la mujer (en la actualidad vuelve a ser centro de atracción erótica, aunque esta idea sugiere más una fantasía masculina que un hecho fisiológico).

     Otros conceptos sobre la función umbilical son más curiosos. Como ejemplo tendríamos a los unmatjera, una tribu aborigen australiana, que pensaban que los llamados muris o "gérmenes de los niños" se escondían tras las rocas o los árboles esperando entrar en las mujeres por el ombligo para embarazarlas, sin relacionar realmente el orificio de dar a luz con el de la concepción.

     Desde un punto de vista terapéutico el ombligo tiene menos importancia que el cordón umbilical, aunque en España, especialmente en zonas de Ciudad Real, era un objetivo básico del tratamiento de la esterilidad ya que se aplicaban parches en el ombligo de la mujer estéril mientras que a la vez orientaban los pies de su cama hacia el norte geográfico.


EL CORDON UMBILICAL

     El cordón umbilical tiene más valor en el tema que nos ocupa, aunque debemos aclarar que cuando hablamos de él nos referimos, las más de las veces, al pequeño muñón de unos 3 a 7 centímetros que se deja unido al niño, y que se secará y caerá en los días siguientes al nacimiento; el resto del cordón queda unido a la placenta y se tratará normalmente como una unidad junto con ella.

Jeroglifo de Xicco
Jeroglifo de Xicco, antiguo centro ceremonial considerado como antepasado de Me-Xicco, que representa la placenta y el cordón umbilical. Se ha interpretado como la Tierra "ombligo del mundo" o el ombligo como "centro del universo".
     La onfalomancia o arte de adivinar el futuro del recién nacido por los nudos, vueltas del cordón y otros caracteres fantásticos del mismo, ha llegado a ser considerada como una especialidad paralela de las parteras durante milenios. En la Grecia antigua las comadronas ya predecían el número de hijos que se tendrían posteriormente en base al número de nudos o, mejor dicho, de falsos nudos o botones carnosos que presentaba el cordón umbilical del primogénito recién nacido. Para las comadronas japonesas tenía mucha importancia la forma de secarse el cordón ya que si éste se volvía oscuro y manchado predecía una muerte prematura, mientras que si se mantenía limpio y uniforme de color era auspicio de larga vida. En la comunidad skékely de Transilvania se practicaba una técnica especial: mojaban el cordón recién cortado en el agua y miraban en su trasparencia como si fuera una bola de cristal para atisbar lo que le reservaba el futuro al recién nacido.
     Todavía es posible encontrar parteras onfalománticas entre ciertos poblados indígenas mexicanos. Quizá su mayor especialidad es la predicción de los partos futuros tal y como hacían las comadronas griegas en base al número de nudos que presenta el cordón, pero además, sabiendo interpretar la distancia a la que se encuentran los nudos pueden predecir la cadencia con la cual vendrán al mundo e incluso, si el nudo es muy pequeño, un aborto futuro, o si dos de estos botones se encuentran muy próximos entre sí y casi fusionados, el nacimiento de gemelos (curiosamente esta última es una predicción que puede modificarse, ya que si la madre no desea gemelos debe destruir los botones). Otro vaticinio se realiza al pinchar los botones con una espina de magüey, planta carnosa propia de las tierras áridas, de forma que si la sangre que sale es roja indicará que el niño tendrá una vida sana y, además, por la forma de brotar esta sangre, las mujeres muy entrenadas pueden realizar toda una serie de complejas predicciones para el pequeño.

     El corte del cordón es el  primer acto que se realiza con el fin de separar al niño de la placenta y romper la unión de dependencia con la madre. Posiblemente el método de corte más antiguo sea el realizado con la uña, especialmente por parte de las mujeres que paren solas, aunque también se han practicado procedimientos más primitivos y toscos como los de ciertas tribus australianas, ya que los pitjantjarras desgarraban el cordón tirando de él mientras que los wailbri cortaban el cordón machacándolo entre dos piedras. Diversos utensilios han sido utilizados con este fin: piedras con cantos afilados, cortezas de árboles, conchas marinas, fragmentos de vasijas de barro cocido, palos de madera dura y aguzada, aperos de labranza, cuchillos metálicos o simples tijeras, cualquier objeto cortante será válido para cortar el cordón y, en caso de necesidad y a falta de todo instrumento, servirán los dientes de la madre o de la partera para cortarlo.

     Las parteras javanesas ya pronosticaban el futuro del recién nacido nada más cortar el cordón, pues si éste era recio y duro y resultaba difícil cortarlo, vaticinaba que el pequeño sería fuerte y valeroso. Con el método de corte también se ha intentado asegurar en ocasiones el futuro de los hijos; en Madeling, en la costa occidental de Sumatra, las comadronas acostumbran a cortar el cordón umbilical con un pedazo de flauta de bambú, que previamente han estado tocando, para que la criatura tenga una bonita voz. En áreas de México se pensaba que cortar el cordón con un objeto metálico haría daño al niño, pues el metal es un objeto frío y le afectaría; los indios tarahumaras de Sierra Madre tampoco utilizan objetos metálicos, como son los cuchillos, para realizar el corte del cordón pues piensan que el niño se haría un asesino y, además, nunca podría ser curandero; más curiosa es la creencia de los huicholes, que piensan que de hacerlo así el niño tendría propensión a romperlo todo y a estropear rápidamente los vestidos. En ciertas comarcas de Suecia era frecuente encontrar dos instrumentos diferentes para cortar el cordón dependiendo del sexo de la criatura: si era varón lo hacían con un cuchillo para que de mayor fuera diestro en su uso, mientras que si era hembra lo hacían con unas tijeras por una razón similar.
 
El feto, el cordón umbilical y la placenta
El feto unido mediante el cordón umbilical a la placenta según Andrea Vesalio, en su Humanis Corporis Fabrica, 16
     El muñón umbilical es importante que  no sangre tras el corte y que se quede bien seco. Una práctica frecuente es cauterizar el extremo con carbones, cenizas o cera caliente de vela, realizándose incluso con el extremo candente de cigarros de tabaco; posteriormente se cubre con una hoja vegetal o con arena y cenizas para que se seque rápidamente. Si el cordón se liga es general la creencia de que el hilo más adecuado es el negro, pues es un color considerado caliente, mientras que el blanco es del color de la nieve y por extensión del frío, lo cual acarrearía daños a la criatura.

     También el tamaño del muñón umbilical resultante tras el corte ha sido implicado en el futuro del recién nacido. En algunas regiones de España, especialmente por la zona de Toledo, tras el nacimiento de la criatura se procedía inmediatamente a la sección del cordón umbilical con unas tijeras, que posteriormente se guardaban debajo de la almohada de la madre para evitar los entuertos o contracciones uterinas dolorosas que se producen después del alumbramiento, dejando el muñón más largo en los niños para que tuvieran un buen talle y buena voz, y más corto en las niñas para fueran esbeltas y sin barriga; en zonas de Lugo, procuraban dejar el cordón más largo en las niñas para que fuera menor la cicatriz y no padecieran de hernia umbilical cuando fueran mujeres y dieran a luz.
     En algunas zonas de México y de Francia consideraban que era preciso que el cordón umbilical de los niños se cortara largo, ya que su longitud correspondería simbólicamente con las dimensiones del órgano sexual; de forma similar ciertos pueblos somalíes todavía dejan más largo el cordón umbilical en los niños con el fin de que posean una gran verga, al contrario que en las niñas a las que se lo dejan corto.


- Continúa en "Ombligo (II)" -
Continuación

 
El Morador del Mitnal
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El Mitnal Médico
Artículo publicado en la revista MedSpain número 3 (febrero 1999).