EL MES DE LA REGLA...

Sobre la menstruación y la sangre menstrual (II de III)
EL NACIMIENTO DE VENUS. Botticelli, 1445-1510.
Venus, diosa del amor sexual, nacida tras un acto sangriento.


La Regla del Mes:
Importancia y Orígenes
El Mes de la Regla:
Historia Médica y Tabú
Arreglando el Mes:
Maleficios y Supersticiones

La menstruación según la Historia, la Antropología Médica y la Medicina Popular (II)


UN POCO DE HISTORIA MEDICA

     Para los médicos clásicos, la causa de la menstruación estaba en la creencia de que los cuerpos de las mujeres eran fríos y húmedos, por lo que se acumularían en ellas muchos humores, los cuales descenderían después a la parte más baja del cuerpo y serían expulsados. Esta interpretación de la teoría humoral por parte de la medicina tradicional veía a la menstruación como una pérdida de la sangre "mala", siendo una forma de equilibrar los humores para conservar la salud; el por qué no se producía este efecto en el hombre se explicaba diciendo que él necesitaba toda la sangre para conservar sus fuerzas, aunque como resultado de ello también se pensaba que la vida del hombre sería más corta ya que no podía renovar su sangre.
     De la escuela medieval de Salerno salieron ideas que aceptaban que el flujo menstrual realizaría una especie de regulación del temperamento femenino, considerando que mientras los hombres atemperaban mediante el sudor su calor dominante, las mujeres hacían lo mismo con la humedad excesiva mediante las menstruaciones.
     Otra ideas expresadas durante la Edad Media decían que la mujer era más vulnerable y débil que el hombre ante las enfermedades, debido a que no sería capaz de digerir completamente los alimentos, siendo los restos de esta digestión incompleta lo que se evacuaría con la menstruación.

     Merece la pena que recordemos aquí la importancia que le daba Aristóteles al flujo menstrual, al pensar que era sobre él donde actuaba el semen masculino para formar el embrión (concepto que, por otra parte, también tenían muchos pueblos "primitivos" con el fin de explicar la formación del embrión).
     Esta idea que permaneció durante mucho tiempo se modificó en el medievo al asumir que las menstruaciones eran un claro indicio de la capacidad fecundante. Se llegó a hacer una metáfora vegetal con las menstruaciones dándoles el nombre de flores, "pues de la misma manera que los árboles no producen frutos sin flores, así también las mujeres sin flores se ven privadas de su función de concebir"; según ésto la sangre menstrual ya no formaría el embrión junto con el semen masculino, sino que en realidad serviría para nutrirlo después de cerrarse el cuello de la matriz.

UNA DESCRIPCION DE LA EPOCA

     No podemos evitar poner aquí la descripción que hace de las menstruaciones Juan de Cárdenas, joven médico que emigró en el siglo XVI al Nuevo Mundo, en su libro Problemas y secretos maravillosos de las Indias (1591) y que, a pesar de su estilo pesado y recurrente, es un claro ejemplo de las ideas aristotélicas de la época; dice así:
Anatomía femenina de los Commentaria de Berengario da Carpi, 1469-1530

"Si alguna evacuación de sangre puede en el cuerpo humano llamarse natural y muy conforme a la salud y conservación dél es la llamada mestrua o mestrual, por cuanto le succede a la muger, como no sea niña o vieja o esté preñada, puntualmente de mes a mes y esto con tanta utilidad y provecho de su salud que el venirles con concierto le libra y repara de millones de enfermedades, causando gracioso color en el rostro, fuerças en los miembros, apetito de sanos y loables mantenimientos, siendo tan al contrario en faltándole, que de la tal falta o retención le succeden infinitos males (...); finalmente no se puede llamar muger sino retrato de duelos la pobre y miserable que en pasando de los catorce años la tal evacuación no tuviese".

     Posteriormente hace una explicación de porqué aparece en la pubertad y desaparece en el embarazo que también merece la pena reproducir aquí:
"La muger crece y augmenta hasta los catorce años –dice– y en este tiempo toda la sangre que engendra se gasta y consume en el augmento de sus miembros, pero después de los catorce que dexa de crecer, toda aquella sangre que primero se consumía en el augmento de los miembros, no ay en que se gaste y consuma, porque el hombre, como es de complexión cálida y fuerte y assí mesmo se exercita mucho, tiene fuerça para consumir y gastar la tal sobra de sangre, expeliéndola barbas y otros insensibles excrementos, pero la muger, que es fría y tiene poca fuerça y calor para gastarla y assí mesmo no se exercita, cosa clara es que le ha de sobrar y, si le sobra, ¿a qué miembro puede ir demasiada y sobrada que no dañe? Solo pudo ir a las venas y vasos de la matriz por donde evacuarse pudiese, salvo si la muger no estuviesse preñada, porque si lo está detiénese la sobredicha sangre para sustento y nutrición de la criatura, ansí que por estos respectos procuró naturaleza encaminar la sangre que sobra en el cuerpo de la muger a los vasos de la matriz para que por ellos de tanto a tanto tiempo se evacuase".

PROBLEMAS RELACIONADOS

     Desde muy antiguo ya se trataba el problema de las pérdidas del ciclo y, para recuperarlo y normalizar las reglas, se utilizaron excrementos de hombres y animales cocidos con diversas sustancias, aunque también se usaron polvo y cenizas de huesos de reptiles, pelos de liebre, corazón de ciervo, testículos de zorro o simplemente el poso del vino mezclado con aceite. Los tratamientos médicos clásicos de los problemas asociados con la menstruación se fundaban básicamente en intentar que la regla bajara y no se "durmiera", para lo cual aconsejaban con frecuencia la toma de emenagogos como el ajenjo, la sabina, el azafrán o la ruda; popularmente fueron muy famosas las infusiones diarias de perejil.
     Para calmar los dolores menstruales aconsejaban la aplicación de paños calientes en las zonas dolorosas, la toma de infusiones de manzanilla o hierbaluisa, e incluso alguna copita de alta graduación alcohólica.

     A los médicos clásicos también les llamó mucho la atención el problema de la Endometriosis. Este es un término utilizado en medicina para definir la heterotopia o localización aberrante y congénita de tejido endometrial (de la mucosa uterina), que puede ser interna cuando se localiza en la pared del mismo útero o en las trompas de Falopio, o externa cuando lo hace en cualquier otro lugar fuera del útero: ovarios, vejiga, peritoneo, cicatriz umbilical, etc...
     Los médicos la explicaban antiguamente diciendo que la congestión que provocaba el flujo catamenial simplemente se "equivocaba de sitio y camino", o bien que la naturaleza, para suplir la pérdida que se debía producir en la matriz acudía a otros órganos para compensarla, "de la misma forma que un río bloqueado busca otras salidas para la corriente de agua".
La muchacha enferma. Jan Steen, 1626-1679

     En épocas muy antiguas y en muchas partes del mundo se creyó que la época menstrual procuraba a la mujer una inteligencia y un juicio extraordinarios, aptos para desentrañar los más agudos misterios humanos.
     Otros consideraron que las mujeres, al sangrar, enfermaban todos los meses, por lo que les procuraron todo tipo de cuidados (hasta no hace muchos años tuvo cierta fama la Clorosis, una anemia hipocrómica de las vírgenes menstruantes). Pero tanto los médicos como la gente en general advirtieron que mientras algunas mujeres no experimentaban indisposición alguna en el momento de sus reglas, otras presentaban los días previos a las reglas perturbaciones funcionales muy variadas, que iban desde los cólicos intestinales, a las molestias renales, hinchazones, sensación de cansancio en los muslos, tumefacción dolorosa de las mamas, dolores de cabeza, fetidez de aliento, aparición de herpes labiales, etc... Posiblemente lo que más llamó la atención fueron los cambios de carácter, volviéndose algunas mujeres más sensibles, nerviosas, irritables e impresionables de lo que era normal en ellas.
     Toda esta sintomatología tan variada fue considerada como entidad clínica en 1931 gracias a la descripción clínica que hizo el doctor R.T.Frank de Chicago denominándola Síndrome Premenstrual, que afecta del 40 al 60% de las mujeres. Curiosamente, la mayoría de las mujeres han considerado este síndrome como "de mala suerte", siendo en realidad de mayor importancia social que médica.
     La malignidad de la sangre menstrual, tema que veremos en el próximo número de la revista, se encontró estimulada especialmente al asociarse las reglas con alteraciones psíquicas leves o graves. Se relacionó con la agresividad injustificada, la cleptomanía, las tendencias incendiarias e incluso con los asesinatos; todo esto desarrolló un complejo hecho patológico que hoy en día se agrupa con el nombre de Neurosis Premenstrual. Algunos autores achacan a ésta la llamada Histerodemonopatía, que desencadenó durante la Edad Media las famosas "cazas de brujas".

EL TABU MENSTRUAL

     La sangre en general ha supuesto un importante tabú para muchas etnias (tabú, es una palabra derivada del polinesio tapu y que significa "señal muy fuerte", desempeñanado así un importante papel protector de la sociedad en general y del individuo en particular), siendo además un líquido de alta consideración social y mágica. La sangre se convertirá, por tanto, en la fuerza vital del pueblo, donde la de uno es de todos y pertenece en consecuencia a todo el clan. La sangre también es un símbolo de vida por lo que tendrá también atributos mágicos, así su manipulación podrá producir daños en la persona que la ha derramado y su caída en la tierra podrá tener consecuencias fatales para todo el pueblo...
     La sangre de la mujer es la que ha llamado más poderosamente la atención en la mayor parte de las sociedades primitivas, pues si la sangre es en el fondo parte integrante de todo el clan, toda mujer la pierde siempre al abandonar la virginidad, con cada nueva luna y en el parto.

     Vemos por tanto que la pérdida de sangre por parte de la mujer supone un hecho muy importante para muchos pueblos, así que no será de extrañar que nos encontremos en casi todas las épocas y en casi todo el mundo la idea que relaciona a la menstruación con ciertos temores sociales o personales y por la que la encontraremos rodeada de multitud de tabúes.
     En la Biblia (Lev. XV, 19-32) nos encontramos con importantes referencias a la impureza del flujo sanguíneo de la mujer, del lecho en el que duerme durante ese período y de los muebles que toca durante el mismo; la impureza en el pueblo de Moisés se mantenía durante los días de duración del flujo menstrual mas siete días tras el cese de la hemorragia, debiendo llevar el octavo día dos tórtolas o pichones al sacerdote, uno para ofrecer en holocausto a Yavé y otro como sacrificio expiatorio por la impureza de su flujo.
     En la india oriental, los ritos védicos de purificación de la menstruante eran muy precisos y establecían que la mujer debía frotarse los dientes, gargarizar doce veces y lavarse manos y pies, posteriormente zambullirse doce veces en el río y tras salir de él frotarse con lodo que llevara estiércol fresco, volver a zambullirse en el agua treinta y cuatro veces y repetir las friegas de lodo, repetir la inmersión veinticuatro veces, friccionarse el cuerpo con azafrán y, para terminar, otros veinticuatro chapuzones más...
Ritos de paso: la menstruación
Púberes menstruantes:
1- Muchacha apache. 2- Muchacha tanzana.

     La menstruación de la mujer es un rito importante en casi todos los pueblos, a veces de celebración donde las muchachas apaches que se encuentran en el último día de sus ceremonias, llevan la cara embadurnada de barro para indicar que han sido poseídas por la diosa de la tierra, diosa de la fertilidad.
     A veces se les pinta de color rojo, color de la sangre, para indicar su estado como advertencia a todos los del poblado, cosa que hacen en ciertas tribus del Camerún. En otras ocasiones se hace al revés y se les pinta de blanco como a las muchachas tanzanas; los dayaks de Borneo no sólo les blanqueaban la piel, sino que les ponían vestidos blancos y les daban alimentos blanquecinos.

     La impureza del período menstrual hace que aparezcan estrictas prohibiciones y serios tabúes a su alrededor, tanto que incluso los zulúes que tocan a sus mujeres durante este período llegan a ser apaleados. Podríamos poner miles de ejemplos como el de ciertas tribus australianas que prohiben a la mujer tocar los objetos considerados de propiedad masculina o pasar por los caminos que suelen transitar los hombres, o el de ciertas tribus ugandesas que lavan o queman los vestidos que ha llevado la mujer durante esos días y destruyen posteriormente la cazuela donde ha cocinado, o los de diversas etnias donde se les prohibe extraer agua de los pozos, atravesar a nado un río o bañarse cerca de los pescadores pues podrían ser la causa de ahuyentar la pesca.
     Podemos ver en estos ejemplos el trasfondo maléfico que conlleva la sangre menstrual; diversas culturas africanas incluso llegan a pensar que si la mujer comparte la comida o el lecho del hombre durante este período le arrebatará la virilidad, se le ablandarán los huesos o se le ulcerarán los labios, o que si ordeña una vaca durante el periodo la leche se convertirá en sangre. Entre los ubangui se cree que la reglante no puede ni tan siquiera preparar la comida al marido, pues sería herido en la guerra y su sangre correría libremente fuera de su cuerpo.


- Continúa con MALEFICIOS Y SUPERSTICIONES en "Menstruación (III)" -
Continuación

 
El Morador del Mitnal
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El Mitnal Médico
Artículo publicado en la revista MedSpain número 8 (enero 2000).