ESTULTOLITOS

Las Piedras de la Locura (I de VII)

La Piedra de la Locura se suponía que era la causante de la enajenación y la demencia de las personas, de los desvaríos y delirios de los mortales, de la chaladura y la chifladura de todos los individuos..., en suma, de la Estulticia Humana en su grado máximo...
...y la búsqueda de esta Piedra de la Locura,
fue el mejor ejemplo de ello...
"Diga lo que quiera de mí el común de los mortales, pues no ignoro cuan mal hablan de la Estulticia incluso los más estultos, soy, empero, aquélla, y precisamente la única que tiene poder para divertir a los dioses y a los hombres"

"Elogio de la Locura (Morias Enkómion o Encomio de la Estulticia)"
Erasmo de Rotterdam (1467-1536)


Curanderos: Locura y Necedad
Charlatanes y Villanos Embusteros y Embaucadores
Sanadores y Arreglahuesos Hechiceros y Brujos
Medicina: Del Ayer al Hoy Medicina: Del Hoy para el Mañana

I.- CURANDEROS, LOCURA Y NECEDAD
Charlatán extrayendo la piedra de la locura
y exponiendo sobre la mesa su colección
particular, resultado de su trabajo.
La "Piedra de la Locura" ha sido siempre una nota referencial en la Historia de la Medicina, ejemplo del absurdo y la necedad, pero también un signo ingrato de la credulidad humana.

     En realidad aquí el concepto de locura no sólo hace referencia exclusiva al tema de la enajenación mental o la demencia, sino a una situación más amplia, aquella al que el humanista Erasmo de Rotterdam (1466-1536), experto en el tema gracias a su inteligente y satírica obra "Elogio de la Locura" (cuyo título más realista es el de "Encomio de la Estulticia"), hacía referencia como estupidez, tontería, sandez o majadería, en una sabia combinación con la bobería, la mezquindad e incluso la malicia.
     Difícil y discutible es tener que clasificar estos casos como un problema de anormalidad o insalubridad mental, pues como bien dice el historiador español Pedro Voltes: "la tontería no tiene época ni lugar, sino que es universal e intemporal".

     El sorprendente tema de la necedad humana también ha despertado en cierto sentido el interés de los médicos, a destacar el premio Nobel de Medicina Charles Richet (1850-1935) en su obra "El hombre estúpido", y el Dr. L. Loewenfeld con su "Acerca de la tontería" publicado en 1909. En esta serie de artículos nosotros vamos a intentar dar un repaso a la locura o necedad en la búsqueda de la salud, tomando como base las ya históricas "piedras de la locura" e hilando el tema partiendo desde el concepto del charlatán y pasando por el de sanador o curandero, revisando lo que hay de falsedad, maldad, estupidez o validez en ellos.

* * *

     Aunque la distinción entre enfermos mentales y orgánicos proviene de tiempos muy remotos, la enfermedad mental y su tratamiento ha estado muy abandonada en el pasado, siendo muy diferentes los métodos adoptados en países donde el cristianismo dominaba y en los que no. Los médicos babilonios fomentaban tratamientos drásticos para la locura, recomendando la hoguera o que fueran enterrados vivos lo cual, lógicamente, cortaba el problema de raíz. Con posterioridad otros pueblos árabes creían que la enfermedad mental era una gracia divina, los locos eran considerados inspirados y se les llamaba "santos de Dios", por lo que construyeron asilos especiales para estos enfermos.
     En Europa, durante la Edad Media, la postura más frecuente respecto a los enfermos mentales era considerarlos pecadores castigados por Dios, y a éstos se les negaba el acceso a los hospitales. A veces eran objeto de la curiosidad por lo que se les exhibía en los mercados a cambio de unas monedas. Cuando la locura del enfermo adoptaba la forma de fanatismo religioso el pueblo los consideraba ocasionalmente como si fueran santos y de esa forma los llegaba a venerar, pero si la locura era violenta llegaba a ser interpretada como una acción del demonio por los que se practicaban los consabidos exorcismos o, si éstos no funcionaban, se les encerraba en las cárceles, leproserías o albergues para pobres, donde eran habitualmente desatendidos y solían morir por inanición; también, en alguna ocasión, llegaron a ser quemados acusándolos de brujería tal y como fomentaban las ideas expresadas en el "Malleus Maleficarum" escrita por los frailes dominicos Sprenger y Kraemer, y pese a que ciertos autores, como Weyer en su libro "De Praestiggis Daemonum", defendieron que las brujas eran personas enfermas que habían perdido el control de sus emociones.
     Todavía hubo personas que intentaron aplicar un tratamiento más o menos médico y muy propio de la época, como era el impregnar de celedonia un paño de lino que se colocaba en la axila izquierda del lunático. Como era de esperar, este tipo de tratamientos no solucionaron nada, así que cuando durante el medioevo comenzaron a surgir conceptos etiológicos que intentaban comprender las diversas enfermedades orgánicas, se intentó algo parecido con las mentales. Paracelso abogó por una etiología racional de la enfermedad mental en contra de la etiología espiritual dominante, aunque para él se relacionaba con una alteración propia del "spiritus vitae", por la influencia de los astros sobre éste, o por la acción del calor sobre el "humor vitae"...
"El cortador de piedra"
Hieronymus van Aeken, El Bosco. Siglo XVI"
     Apoyándose en esa tendencia general de encontrar causas orgánicas, se difundió la creencia de que la locura era resultado de determinadas excrecencias cerebrales similares a los cálculos renales, y que debido a su crecimiento provocaba una presión en el cerebro causante de la perturbación mental, siendo a menudo imaginadas como una especie de protuberancias o tumoraciones que se evidenciaban de forma ocasional en la frente de los pacientes.

     Estas ideas, que rozaban más la superstición que la simple creencia, fueron un campo abierto para todo tipo de charlatanes, que se aprovecharon de la incredulidad de las gentes del pueblo e intentaron hacer negocio.
     Curanderos ambulantes e individuos de la más variada y baja calaña se ofrecían para extirpar la "piedra" a los crédulos pacientes que acudían buscando tratamiento o a las personas que eran remitidos por sus preocupados familiares.
     No temían practicar una sencilla operación craneal a aquellos que se ponían en sus manos. El riesgo, como era de esperar, era mínimo pues en realidad el supuesto curandero sólo hacía una pequeña incisión con una navaja sobre la frente del paciente, que resultaba limpia en unas ocasiones o aparatosa en otras. Luego, llegado el momento oportuno y mediante un habilísimo juego de manos, escamoteaba una pequeña concreción calcárea que parecía haber salido del cráneo del enfermo, y que finalmente exhibía ante los asombrados ojos de la multitud de testigos que se había reunido a su alrededor para ver el fantástico y a la vez ladino acto quirúrgico.
     La "piedra" que se le extraía al paciente normalmente acababa engrosando la colección particular del curandero y se encontraba permanentemente expuesta, ya sobre una mesa abarrotada de botellas, cajas, navajas y trapos, o engarzada en cordeles que engalanaban su puesto ambulante. Toda una publicidad sobre su arte, habilidad y experiencia en ese tipo de tratamientos.

* * *

"La extracción de la piedra de la locura"
Hieronymus van Aeken, El Bosco. Siglo XVI"
     Esta supuesta intervención quirúrgica que se practicaba para eliminar la imaginaria "piedra de la locura" de la cabeza de una persona considerada loca o demente, fue tema de uno de los versos rederifker, titulado "La piedra oculta bajo el chichón expuesto", así como de varias pinturas flamencas del siglo XVI y que han quedado como testigos intemporales de la estulticia humana. Entre otras muchas, son de destacar especialmente las realizadas por El Bosco, Pieter Bruegel el Viejo y van Hemessen.

     Hieronymus van Aeken, llamado "El Bosco" (1450-1516), era un creador de mundos rebosantes de fantasía que en ocasiones eran, y son todavía, de difícil interpretación. Se le ha considerado a veces como el gran precursor del surrealismo, aunque poseía una original forma de interpretar los distintos temas, ya que utilizaba una técnica realista y moralizante a la vez, pues ridiculizaba sabiamente los vicios y los errores humanos de su época.
     Un tema al que dedicó parte de su creatividad fue el de la extracción de la piedra de la locura, con un tratamiento que resulta particularmente hilarante. El Bosco plantea la escena, en uno de sus cuadros más conocidos, rodeada por una leyenda en hermosos caracteres góticos en la que se lee: "Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das". Este nombre del paciente es un tópico en la cultura neerlandesa que se usa para designar la máxima estupidez humana. El personaje encargado de la operación lleva un embudo en la cabeza, usado a veces como emblema de la locura, y está acompañado por dos religiosos: un clérigo que parece bendecir este supuesto acto quirúrgico y una monja con cara de aburrida que lleva sobre su cabeza un libro cerrado, lo que hace pensar que son alegorías de la superstición y la ignorancia, de la cual se acusaba frecuentemente al clero. A destacar que lo que el supuesto "cirujano" extrae de la cabeza del obeso campesino no es en realidad una piedra, sino una flor similar a la que se encuentra sobre la mesa. Este tema, unido al curioso formato circular que envuelve la escena, ha hecho pensar a algunos que podría simbolizar un espejo, el cual pretende devolver al mundo la imagen de su propia estupidez al desear tan erróneamente superarla.

"Extracción de la piedra de la locura"
Pieter Bruegel el Viejo. Siglo XVI.
     Pieter Bruegel, llamado El Viejo (1525-1563), estuvo muy influenciado por El Bosco, adoptando un estilo muy próximo al suyo mediante el cual reflejaba la vida cotidiana de su tiempo. Se caracterizaba por su pintura costumbrista repleta de minuciosos detalles y, habitualmente, con una interpretación divertida de la realidad capaz de acercar sus cuadros a la caricaturización de temas y personajes. En sus obras sobre charlatanería medieval aparecen escenas repletas de personajes donde uno o varios de los presuntos "cirujanos" operan a los pacientes.
     Digna de mención es la secuencia general que tiene lugar en esta especie de "consulta médica". Por la puerta son introducidos los pacientes, el primero es llevado en brazos, posiblemente por un familiar, mientras detrás de ellos aguarda una pequeña multitud en espera de ser operados. Sobre sillas de madera se encuentran sentados, y atados a ellas mediante bandas de tela a modo de cinturones, los pacientes que van a ser sometidos a una estrafalaria y grotesca operación en serie; a uno de ellos ya le está vendando la herida una ayudante del charlatán, mientras que a su lado, un paciente ya operado mira entre asombrado y divertido a uno de sus compañeros que ha caído al suelo en su desesperado intento de huir mientras que otro se defiende con todas sus fuerzas de aquellos que le sujetan. Mientras tanto, el artista de la navaja o la tenaza, de pie y a su lado, sigue imperturbable con su faena mientras el resto de instrumentos quirúrgicos se encuentran en el suelo a sus pies. Muchos otros objetos y personajes componen el resultado final de esta escena que rebosa "locura" por todos sus lados, desde un personajillo con un fuelle hasta otro que, al fondo, está descargan su vientre con una semisonrisa en su rostro.

"Extracción de la Piedra de la Locura"
Jan Sanders van Hemessen. Siglo XVI.

     Jan Sanders van Hemessen (1500-1575) fue un pintor flamenco que sintetizó en sus obras las características del romanticismo neerlandés y del arte italiano en una pintura de género e historia que preparó el camino al cuadro flamenco de costumbres del siglo XVII.
     Su obra, realizada con gran realismo, ha llevado el tema de la extracción de la piedra de la locura a un plano más próximo a nosotros, repleto de toda la autenticidad y crudeza que demanda la idea expresada.
     En su famoso cuadro destaca por sí sola la magnífica expresión del experto operador, con anteojos que le dan un aire de técnico especialista y una lograda sonrisa que se mueve entre el sarcasmo y la confianza en la práctica de su arte. La navaja, hábilmente manejada, abre una tremenda herida en la frente del paciente, apreciándose en su interior una enorme piedra enclavada en su cráneo, muy similar a las que cuelgan de un cordel en la parte superior de la escena. El paciente, sujeto a la silla con una ligadura de tela, tiene la cabeza sujeta por las dos manos de su ayudante, y tras ella otra mujer mira absorta un cuenco en el que presumiblemente hay alguna piedra extraída de anteriores pacientes. El rostro del enfermo refleja dramáticamente la situación de un pobre alienado sometido a un tratamiento forzoso, donde se mezcla el miedo, el dolor y el conocimiento de la inevitabilidad de la situación.

* * *

     Como decíamos al principio, el tema de la "Piedra de la Locura" es uno de los más claros ejemplos de la estulticia en el mundo de la medicina, pero podríamos preguntarnos por un instante quién está verdaderamente "loco", en el sentido más erasmiano de la expresión, y quién es el más necio de todos ¿el que opta por la mentira y el engaño, o aquel que acude a buscar la ayuda del falsario...?
     Distraigamos un momento nuestra atención con unas palabras del escritor inglés Lewis Carrol (1832-1892) extraídas de su famosa obra "Alicia en el País de las Maravillas", y que nos vienen de perlas para esta cuestión:

     El Gato sonrió al ver a Alicia.
     Parecía tener buen carácter, consideró Alicia; pero también tenía unas uñas muy largas y un gran número de dientes, de forma que pensó que convendría tratarlo con el debido respeto.
     - "Minino de Cheshire", empezó algo tímidamente, pues no estaba del todo segura de que le fuera a gustar el cariñoso tratamiento; pero el Gato siguió sonriendo más y más. "¡Vaya! Parece que le va gustando", pensó Alicia, y continuó: "¿Me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí?".
     - "Eso depende de a dónde quieras llegar", contestó el Gato.
     - "A mí no me importa demasiado a dónde...", empezó a explicar Alicia.
     - "En ese caso, da igual hacia dónde vayas", interrumpió el Gato.
     - "...siempre que llegue a alguna parte", terminó Alicia a modo de explicación.
     - "¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte", dijo el Gato, "si caminas lo bastante".
     A Alicia le pareció que esto era innegable, de forma que intentó preguntarle algo más: "¿Qué clase de gente vive por estos parajes?".
     - "Por ahí", contestó el Gato volviendo una pata hacia su derecha, "vive un sombrerero; y por allá", continuó volviendo la otra pata, "vive una liebre de marzo. Visita al que te plazca: ambos están igual de locos".
     - "Pero es que a mí no me gusta estar entre locos", observó Alicia.
     - "Eso sí que no lo puedes evitar", repuso el gato; "todos estamos locos por aquí. Yo estoy loco; tú también lo estás".
     - "Y ¿cómo sabes tú si yo estoy loca?", le preguntó Alicia.
     - "Has de estarlo a la fuerza", le contestó el Gato; "de lo contrario no habrías venido aquí".
     ¿Quién es por tanto el necio? ¿Sólo aquel que destaca por sus obras entre los demás o también aquel que acude a su encuentro?. Intentaremos, en los próximos artículos, poder responder a esta cuestión revisando para ello la habilidad desarrollada por los charlatanes, la asombrosa capacidad de los embaucadores de la salud, las habilidades mostradas por los curanderos populares, y las capacidades del curanderismo étnico representado por los hechiceros y los brujos tribales...
     Como muy bien dijo el médico y sacerdote francés Marcos Oraison, las reuniones públicas para aclarar cosas sobre el curanderismo se caracterizan por no aclarar absolutamente nada... Dogmatismos, críticas ácidas, exaltaciones del ánimo, cientificismos extremos, supersticiones absurdas y afirmaciones de fe apasionadas, se reúnen para lograr un diálogo de sordos donde la ausencia de imparcialidad suele dominar la situación...
     Por ello, y como el tema es suficientemente complejo como para realizar cualquier afirmación dogmática, nos limitaremos a desarrollar unas simples "reflexiones sobre el curanderismo", revisando otros diamantes en bruto de la historia tan expresivos como el que ya hemos visto... verdaderas "Piedras de la Estulticia" o "Estultolitos" de la Medicina... ...

"Extracción de la piedra de la locura"
Pieter Bruegel el Viejo. Siglo XVI.


Continúa con:
CURANDEROS, CHARLATANES Y VILLANOS.
Continuación

 
El Morador del Mitnal
elmitnal@eresmas.net
El Mitnal Médico