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- "Y cuando el necio se pone en camino, le falta la cordura y va proclamando a todos que es necio" - "El principio de las palabras de su boca es necedad, y el fin de su discurso es funesta locura"
"La Biblia" |
Charlatanes y Villanos Embusteros y Embaucadores Sanadores y Arreglahuesos Hechiceros y Brujos Medicina: Del Ayer al Hoy Medicina: Del Hoy para el Mañana |
En el tema del curanderismo se hace realmente difícil establecer unas fronteras claras entre los simples charlatanes y los algo más complejos embaucadores de la medicina, e incluso se vuelve complicado diferenciar a estos últimos de los sencillos sanadores populares.
Los curanderos embaucadores son imitadores e impostores de la medicina popular, verdaderos farsantes, taimados estafadores, trapaceros timadores y claros vividores; algunos son meros enfermos de naturaleza mitómana que mintiendo deliberadamente terminan por creerse sus propias mentiras. Básicamente no se toman en serio lo que hacen y su objetivo último es engañar a sus clientes con la mayor habilidad posible, aprovechándose de su dolor e ingenuidad, gracias a lo atractivo que resulta para el público en general el mundo de lo oculto y lo desconocido.
"Visita a un charlatán"
William Hogarth (1697-1764)
La falaz actividad de estos personajes no es novedosa y suele tener unas características muy definidas: la cerrada opinión de ser los portadores de la única verdad y la aversión absoluta a la medicina oficial; practican normalmente el adagio de "el ataque es la mejor defensa", siendo frecuente escuchar de sus bocas que "todos los médicos no son más que charlatanes". Pero la simple lógica (cuando se aplica, eso sí) nos muestra claramente la falsedad de la superchería que nos ofrecen. Cicerón (106-43 a.C.), el orador y filósofo romano, con la elocuencia y profundidad discursiva que lo caracterizaba ya decía que "el médico prevé la enfermedad, el estratega las tácticas del enemigo, el timonel la tempestad; si estos expertos, que no se atreven a opinar sin la certeza de un examen metódico, con frecuencia yerran; si yerran quienes no afirman nada sin una exhaustiva búsqueda de conocimiento fiable, asegurada metódicamente, ¿qué hay que pensar del conocimiento que pueda haber en quienes prevén el futuro en vísceras de víctimas, en aves, portentos, oráculos y sueños?".El falso curanderismo tiene su origen en fuentes muy diversas, variando en algunos aspectos respecto a los curanderos tradicionales, lo que hace que en ocasiones sea francamente difícil establecer una clara línea divisoria entre ellos, tal y como veremos más adelante.
Una de estas fuentes es la religión. El materialismo en el que se encontraba la medicina durante el siglo XIX, junto al cambio sufrido por la Iglesia al transformarse en una superestructura administrativa, hizo que se produjera cierto grado de deficiencia espiritual, por lo que surgieron nuevos cultos decididos a ocupar este vacío; los curanderos fueron uno de los muchos grupos que se movieron intentando encontrar un sitio en este fértil campo.
Muchos falsos curanderos, aprovechándose de la enfermedad e ingenuidad de otros, esgrimen tratamientos rodeados de un falso misticismo pseudoreligioso capaces de engañar a las suficientes personas como para sacarse unos beneficios económicos que les permitan vivir a todo lujo. Existe un popular refrán español, útil para iniciar este apartado, que dice: "De Dios hay que fiar, no de curanderos de Satanás", que tiene un posible origen en el radicalismo de aquellos que clasifican de superstición cualquier fe que no sea la cristiana.
Placas de marfil que representan
tres curaciones de Jesús:
una mujer con hemorragias,
un paralítico y un poseso.
Italia, Finales Siglo V.
La excusa religiosa, entendida como una "obligación divina", es quizá la más utilizada por los curanderos embusteros; por contra, los curanderos tradicionales, en su mayor parte, consideran que tienen simplemente cierta capacidad sanadora y que deben utilizarla sin más en beneficio de los enfermos, aunque por sus creencias también soliciten la ayuda divina durante su práctica.
El mejor abogado de su labor que encuentran estos personajes es un libro sagrado, la Biblia, o mejor dicho, el Nuevo Testamento, ya que en el Antiguo Testamento se advierte y se reniega sobre este tipo de prácticas. Encuentran en la doctrina apostólica de Jesús una dirección y obligación para sus prácticas: "Fueron, pues, y recorrieron las aldeas anunciando la buena nueva y haciendo curaciones por doquier" (Lc. IX, 6), "curad a los enfermos que en ella haya y decidles: 'El reino de Dios está cerca de vosotros'" (Lc. X, 9), "Arrojaban a muchos demonios y ungiendo a muchos enfermos con aceite los curaban" (Mc. VI, 13), aunque el versículo más comentado por ellos es el que tiene las palabras de Jesús ordenando su práctica a sus seguidores "Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, arrojad a los demonios..." (Mt. X, 8), aunque curiosamente nunca terminan de citarlo entero, pues incluye la frase final de "gratis lo habéis recibido, dadlo gratis".
Rasgos de las medicinas de la antigüedad clásica y del medioevo, junto con prácticas de las viejas sociedades cristianas, se fusionan en conceptos curativos basados en fuerzas sobrenaturales que precisan de oraciones y exorcismos a la hora de realizar tratamientos curativos. Actualmente asistimos a un florecimiento de cultos milagreros fuera del marco de la Iglesia Católica, ya que en su seno los milagros de curación física son cada vez menos frecuentes; la mayoría de las veces se presentan con una parafernalia propia del espectáculo de los "telepredicadores" de éxito estadounidenses o hispanoamericanos. No es de extrañar que aquellos que producen curaciones o supuestas curaciones que se intentan presentar como milagros, se rodeen de "creyentes", padezcan "éxtasis divinos", tengan "revelaciones celestiales", sufran "visiones gloriosas", sean poseedoras de "los estigmas de Jesucristo" o tengan lacrimosas "imágenes sangrantes" en sus casas; es habitual también que soliciten una "ayuda económica voluntaria" para levantar un templo o ermita, dedicado a Dios o a la Virgen, en el lugar de sus visiones, edificio que, por cierto, casi nunca llega a construirse... Aquí debemos advertir contra la religiosidad mal entendida y las milagrerías médicas que, en general, son de gran aceptación popular; recordemos la frase de Maurice Colinon cuando decía que "Curaciones milagrosas verdaderas y 'curaciones' debidas a los curanderos, no presentan una semejanza más que de fachada, en su esencia, en el fondo, todo es opuesto".
Las llamadas "curas por la fe" han sido asimiladas por la costumbre desde las medicinas más primitivas. Se practicaron también en los templos egipcios de Isis y Serapis, en los templos de Apolo, Palas, Artemisa o Asclepios de griegos y romanos. Estas técnicas curativas fueron adoptadas posteriormente por los santos mediante la imposición de manos o la unción con saliva, práctica muy antigua pues por instinto el ser humano se toca o acaricia la parte afectada igual que los animales se lamen las heridas.
Cuando esta práctica fue reduciéndose, quizá por falta de santos, fue adoptada por los monarcas de Francia e Inglaterra en forma del llamado "toque real" para la curación de la escrófula (tuberculosis de los ganglios del cuello); este método terapéutico estuvo en auge en Inglaterra (desde Enrique VII a la reina Ana) y en Francia (desde Clodoveo hasta Luis XVI). Guillermo III fue posiblemente el rey menos crédulo de todos; durante su reinado sólo llevó a cabo la ceremonia una vez y en contra de sus deseos; se dice que cuando imponía las manos sobre el enfermo decía: "Que Dios os de mejor salud y más sentido común". Cuando los reyes abandonaron estas terapias, la idea cayó en manos de charlatanes como el irlandés Valentín Greatakes, Robert Fludd, Andrew Jackson Davis, Pomponazzio, van Helmont o Cagliostro.
Luego surgió el médico vienés Franz Anton Mesmer (1734-1815) que practicó lo que denominaba "Magnetismo Animal", doctrina que pese a intentar darle un sentido científico se demostró sin fundamento. Hoy se considera que permitió abrir camino al conocimiento del interesante fenómeno de la sugestión hipnótica, y que gracias a los estudios del cirujano británico James Braid fue el punto de partida para el nacimiento de la actual psicoterapia científica. Así y todo, el falso concepto del magnetismo animal ha perdurado entre los curanderos estafadores y negociantes timadores de la salud (recordemos que Mesmer vendía su método de tratamiento por 2400 francos a los muchos interesados en él y tras hacerles prometer su silencio), y que han transformando la tinaja o "baquet" original de Mesmer en la venta y comercialización de "aguas magnetizadas", "pulseras magnéticas", cruces y medallas a las que se atribuyen ese supuesto poder magnetizador, o aparatos y trastos variopintos para magnetizar determinadas zonas corporales...
Imposición de manos: el toque real en el tratamiento de la escrófula.
Grabado de Andrés Laurens, 1609.En la actualidad, embebidos de religión y relacionadas la mayoría de las veces con sectas de curanderos (otro de los grandes peligros que entrañan estos individuos), nos encontramos con aquellos que se nutren en fuentes teosóficas como las del filósofo sueco del siglo XVIII, Emmanuel Swedenborg (1688-1772), que intentó aunar en su doctrina a los miembros de todas las iglesias cristianas y que defendía la influencia de ángeles y demonios sobre la vida humana, o la del francés Hippolite Leon Rivail (1804-1869), más conocido como Allan Kardec, que intentó aunar religión y espiritismo, sistematizó la doctrina espiritista y estableció los métodos mediumnicos de contacto con los espíritus de los muertos.
Mención aparte merece la llamada Christian Science o Ciencia Cristiana. La historia se inicia cuando un relojero de Maine, EEUU, llamado Phileas Quimby, decidió convertirse en uno de los múltiples magnetizadores-mesmeristas que menudeaban por el país. Una de las pacientes que tuvo en 1860 fue la inestable viuda y divorciada norteamericana Mary Baker Eddy (1821-1910), histérica y paralítica a consecuencia de una leve caída en el hielo, que se convirtió en una de sus más fieles seguidoras. Con el tiempo y tras la muerte de éste, decidió repudiar a Quimby y tras adornar sus escritos con textos bíblicos y comentarios a cada cual más grotesco, fundar por su cuenta la Christian Science. En pocas palabras, pasó la teoría del magnetismo animal que había aprendido por el tamiz de la doctrina religiosa más radical, y desarrolló una teoría sanadora basada en que la curación era un proceso espiritual que operaba a partir de la mente divina. En 1870, mistress Eddy actuaba como profesora de Moral Science, formando nuevos curanderos en cursillos de 6 semanas de duración, obteniendo un cobro directo por estos cursos y uno indirecto y aplazado en forma del 10% de sus ingresos futuros. Para ella y sus seguidores no existe el dolor, la enfermedad ni la muerte, el cuerpo es sólo una ilusión y creer en la materia orgánica favorece la pérdida del amor hacia Dios, por lo que los médicos sólo son fabricantes de enfermedades (manufacturers of diseases), y todo se cura con oraciones manifestando la divinidad que tenemos dentro; lo cual no impidió que, pese a despreciar a los médicos, su tercer marido fuera tratado con su consentimiento por ellos, y que por más de prometer la inmortalidad, falleciera a los 90 años de una "inexistente" neumonía.
Otro ejemplo de curanderismo religioso con tintes pseudocientíficos lo encontramos en la Scientology Church o Iglesia de la Cienciología; la diferencia mayor respecto a la Ciencia Cristiana, es su caracter laico pseudotecnológico y fanático, con una doctrina terapéutica denominada "Dianética" o "Ciencia moderna de la Salud Mental", que utiliza términos pseudotecnológicos como "engramas", "mentes reactivas", "auditaciones", "émetros", etc... Su fundador también es el típico ejemplo de personaje desequilibrado con tendencias paranoicas, Ronald Hubbard (1911-1986?), un mediocre escritor de ciencia ficción que reconoció en una carta escrita a su psiquiatra en 1947 su estado mental anormal. La doctrina que propone se basa en que el hombre es una entidad consciente de ser consciente de habitar un cuerpo y de tener un alma inmortal que pasa por sucesivas reencarnaciones antes de liberarse completamente; el origen de los males estaría en los traumas acumulados en las otras vidas que impedirían la liberación total del alma. Esta secta (ya que no merece otro nombre) es tan peligrosa y destructiva como la Christian Science, y además de sangrar la economía y pertenencias de sus seguidores, fomenta la desconfianza en los médicos ortodoxos y predica la dependencia irracional en sus métodos.
Curanderos embaucadores: El riesgo de poner la salud
en manos de ignorantes, defraudadores y advenedizos.
De la misma forma, podríamos decir que las curaciones basadas en conceptos mágico-religiosos, teñidos la mayoría de las veces con una fuerte dosis de ocultismo irracional, podríamos decir que "arrasan" en el ámbito curanderil. No nos olvidemos de quienes, aprovechando muchas veces el tirón de lo exótico y, por qué no decirlo, de lo excéntrico, se presentan como insignes parapsicólogos (que de entrada no tienen ni idea de lo que es la parapsicología), excelentes magos (los cabalistas y alquimistas han pasado de moda), elegidísimos contactados con extraterrestres (que suplen y modernizan a los contactados celestiales), extraordinarios médiums, experimentados videntes, sabios ocultistas o poderosos brujos extranjeros (especialmente los practicantes de la magia de importación africana, afroamericana o brasileña, en diversas versiones de vudú, candomblé, macumba, umbanda o santería). En su inmensa mayoría recogen, manipulan o dirigen energías cósmicas o vibraciones magnéticas, y junto a técnicas mentales de concentración se rodean de una amplia parafernalia esotérica.Si dejamos aparte la religión, nada fácil en este mundillo, veremos que muchos sistemas médicos extraacadémicos también han sido absorbidos por el curanderismo más consumista.
La original Medicina Naturista que invocaba un retorno a considerar al enfermo de forma individual y globalizadora, se ha transformado en la llamada Medicina Natural. Históricamente tuvo su origen en la "Naturheilkunde" alemana del siglo XIX y fue defendida por el sacerdote católico Sebastian Kneipp, el campesino Vinzenz Priessnitz y el ebanista Ludwig Kuhne, popularizadores respectivamente del uso de las plantas medicinales, las virtudes del agua y de la dieta rústica. La mayoría de las derivaciones actuales, donde beben muchísimos curanderos, contienen además fuertes cargas ideológicas asociadas a estas propuestas terapéuticas.
La Homeopatía, fundada por el médico alemán Samuel Hahnemann en el siglo XVIII, asumía básicamente la existencia de una fuerza curativa en el enfermo y en la naturaleza, y que dicha fuerza podía ser estimulada con fármacos de efectos similares a los que producía la enfermedad. En la actualidad, muchos curanderos "venden" este concepto de "reforzamiento de la fuerza vital" con sus brebajes y pócimas.
La Medicina Oriental, especialmente la china y la india, han ido aportando sus medicina clásicas hasta convivir, en cierta medida, con la medicina científica moderna europea. Sus teorías sobre el origen de las enfermedades son similares a las hipocráticas, basándose en desequilibrios de los elementos clásicos (éter, aire, agua, tierra y fuego) o de humores (el aire o "prana", el fuego o la "pitta" y el agua o "kapha", que se encarnan respectivamente en el aliento, la bilis y el moco); estos conceptos junto al uso de plantas medicinales, la anestesia por sugestión o ejercicios físicos y mentales, han sido ampliamente deformados para ser utilizados como terapia curanderil.
Obra y milagros de un embaucador.
Desde un peligroso diagnóstico
a un terrible tratamiento.
Otros métodos curanderiles se basan en elaboraciones confusas de elementos arcaicos como la astrología, de origen mesopotámico, con supuestas correspondencias astrales y zodiacales de los órganos del cuerpo humano en un remedo de las teorías medievales.
Muchos supuestos curanderos basan sus técnicas en la interpretación de signos externos como reveladores de dolencias de órganos internos. Es indudable que la medicina también tiene esa base y ha hecho durante muchos años interpretaciones de las características de la orina o las heces, del color de la piel y las mucosas, de la morfología de las uñas o del especto de la lengua... Los curanderos han llevado esto más lejos, estableciendo diagnósticos mediante la interpretación somática del color y las manchas del iris, de la morfología del pabellón auricular o la lengua, de la forma y distribución en el cuerpo de lunares y pecas, o incluso de la línea del nacimiento del pelo..., obteniendo interpretaciones fisonómicas que suman a la enfermedad el carácter y la forma de ser de los pacientes.
También los hay que asocian al curanderismo métodos de predicción sobre el estado de salud de las personas, con o sin ayuda de bolas de cristal, cartas de tarot, movimiento de astros o colores del aura, haciendo con ello un asombroso trabajo de adivinación y manipulación... ¡cómo si fuera tan fácil predecir, no sólo la evolución de la enfermedad, sino los futuros males que nos pueden afectar! Creo que llegados a este punto, muchos deberían recordar al gran físico Niels Bohr que comentaba con humor que "Predecir es difícil, especialmente el futuro...".Normalmente los curanderos más peligrosos no son, pese a lo que parece en primera instancia, aquellos que recetan extrañas drogas o sustancias inertes a la gente, sino aquellos que piden, o incluso exigen, a los enfermos que dejen de tomar la medicación prescrita por el médico. Una diferencia típica, aunque no imperativa, de los simples curanderos sanadores respecto a los estafadores sin escrúpulos es que los primeros no quieren sustituir a los médicos, sino simplemente ayudar a los enfermos de la única forma que saben, y siempre como complemento al tratamiento médico que tienen indicado.
Aquí se produce un fenómeno muy curioso, pues pese a existir un curanderismo totalmente opositor a la medicina oficial, éste no duda en presentarse revestido con esa ciencia de la que tanto reniega: es el peligroso curanderismo pseudomédico, donde sus representantes se caracterizan por cierta verborrea cientificoide mal entendida y peor utilizada, con un vocabulario altamente tecnificado y enrevesado cuyo fin es confundir al enfermo, por lo que no es extraño oírles hablar de enfermos que "padecen de urea", que tienen "barro de hígado" o que sufren de "nervios cruzados en el estómago", que son capaces de "ver la cara de un virus en una imagen radiográfica", de eliminar misteriosas "toxinas" o de "curar los anticuerpos", y de inventarse títulos tan extraños como "experto en bioenergética cuántica holográmica" y cosas parecidas... Se basan en hipotéticos postulados pseudocientíficos y hablan de "cosas" que a casi todos les "suena" de algo... pero que sobretodo, y por desgracia, les suena a medicina avanzada...
Nota aparte, aunque rápida por desgracia, merecen los famosos "cirujanos psíquicos" o "Cirujanos del Más Allá".
El acto quirúrgico siempre se ha caracterizado por impresionar a la gente; el hecho de cortar un cuerpo vivo y la afluencia de sangre han llamado la atención, máxime si los resultados se presentan como espectaculares... Y de eso se trata: de hacer espectáculo...
La cirugía estuvo durante mucho tiempo en manos de curanderos ambulantes, ya que operaban hernias, piedras de la vejiga urinaria, labios hendidos o cataratas (esto último muy llamativo, ya que introducían una aguja larga en el ojo con el fin de destruirla). Más impresionante era la operación del "cuello torcido", siendo centro de atracción de los campesinos por donde pasaba el curandero ambulante; este "cuello torcido" se debía a una intensa contracción del músculo esternocleidomastoideo que obligaba a tener la cabeza torcida e inclinada hacia un lado. La operación consistía en el corte de dicho músculo y para esto se apoyaba, por encima de la clavícula y junto al tendón del músculo afectado, un cuchillo corto y muy afilado; se empujaba el cuchillo hacia adentro con un golpe seco, se cortaba el tendón y luego se retiraba. Con esto la cabeza ladeada recobraba su posición con gran rapidez, se vendaba finalmente el cuello y se daba por terminada la operación. La habilidad del operador consistía en no tocar los grandes vasos sanguíneos que pasan por detrás, pues cortarlos era sinónimo de muerte segura. Esta sencilla cirugía se solía realizar en el prado cercano a los pueblos, con gran acompañamiento de bombo y platillos que servían para anunciar la presencia del operador y, a la vez, para ahogar los gritos del paciente.
Este tipo de cirugía sencilla, aplicada en la actualidad a la apertura de abscesos o a la extirpación de pequeños quistes sebáceos, lipomas o pterigion oculares, sigue practicándose para asombro del público incauto. Pero lo más llamativo son las "grandes" operaciones quirúrgicas que realizan armados con un cuchillo sucio y mellado o, mejor aún, con la simple ayuda de las manos del curandero; extirpan apéndices supurados y extraen tumores abdominales con una facilidad pasmosa...
Muchos han sido y serán los artistas de la prestidigitación curanderil. Quizá el más famoso fue el campesino brasileño José Pedro de Freites, conocido como Zé Arigó (1921-1971) y del que hay que reconocer que era espiritista por religión que no por profesión como muchos otros que le siguieron, que tenía un grupo de espíritus ayudantes en el plano astral (el más importante fue el Dr. Adolf Fritz, médico fallecido en la Iª Guerra Mundial, el Dr. Pierre, un oftalmólogo, y un tal Dr. Katarachi, ginecólogo); a su muerte, el espíritu del Dr. Fritz lo "heredaron" sus discípulos Antonio de Sales y Edson Queiroz, y cuando este último falleció asesinado en 1991 de nuevo pasó a otro curandero, Rubens da Faria. Han habido muchos curanderos psíquicos en Brasil, como Lourival de Freitas (más conocido como Nero, ya que lo auxiliaba el espíritu del emperador romano Nerón) o el más que controvertido Iván Trilha.
Para muchos la "fama" la tienen los cirujanos psíquicos filipinos más que los brasileños; entre estos se encuentran Alex Orbito, Tony Agpaoa, Josefina Escandor o José Mercado. México tuvo entre sus filas de cirujanos astrales a la muy famosa Bárbara Guerrero, más conocida como Pachita; aunque curanderos cirujanos de este tipo los hay en todo el mundo, como el carpintero inglés Stephen Turoff, los también ingleses David y Hellen Elizalde. Curiosamente, cuando uno de estos cirujanos o sus familiares enferman, nunca acude a otro curandero de la misma especie para sanarse.
Muchas personas, entre los que se encuentran médicos, periodistas, magos o investigadores de lo paranormal, han demostrado hasta la saciedad los fraudes realizados mediante técnicas de ilusionismo y prestidigitación (hay incluso una oferta de 10.000 dólares del prestigioso mago James Randi a quien opere psíquicamente a un enfermo de una enfermedad que no pueda remitir con el tiempo y sin medicación), pero a pesar de todo, la fama favorecida por una exquisita publicidad y por unos controvertidos sistemas de incitación al turismo en áreas socialmente deprimidas, han logrado mantener en un aura de misterio a estos embaucadores de la salud.
La cirugía psíquica cursa con métodos que nos recuerdan
a la ya famosa extracción de la "piedra de la locura"...
A) Falsa cirugía desenmascarada por el mago ilusionista James Randi.
B) Más de lo mismo realizado por el jesuita español Oscar González Quevedo.Es indudable que el curanderismo embustero y mentiroso pasa de moda, tiene su momento, y en una o dos generaciones simplemente desparece (a excepción del engañoso curanderismo sectario que siempre se provee de un fondo de obtusos seguidores); los pacientes son cada vez más sofisticados y lo que ayer era válido, hoy es ridículo. El curandero se ve obligado a mantener su aura semidivina que le dé el crédito necesario a los ojos de sus prosélitos, pues la simple realización de un acto mundano puede hundirlo en la más absoluta miseria, ya que su "público" nunca se lo perdonaría... Por ello el curandero farsante precisa para subsistir de grandes dotes de actor, debe rodearse constantemente de extrañas filosofías, ambientes exóticos y fantásticos procedimientos terapéuticos; los que no optan por la extravagancia se ven obligados a establecer unas técnicas de marketing que anuncien lo "natural" de sus procedimientos, lo "inofensivo" de sus remedios, lo "personalizado" de sus terapias y que exponga, como telón de fondo, una caricaturización de la medicina científica moderna. La llamativa mezcla de diversos métodos y pseudofilosofías nos anuncia, casi con toda seguridad, los fines lucrativos de un mercadeo totalmente alienante, la explotación consumista de falsas terapéuticas y la existencia de fraudes comerciales potencialmente peligrosos.
En general podríamos reírnos de buena gana de todo este Mundo de Absurda Locura... Pero cuidado... No debemos olvidar que durante cierto tiempo se consideró que la risa era un indicio seguro de Locura, lo cual, según sus defensores, quedaba demostrado porque los sabios reían poco y porque de Jesús, al que se le supone poseedor de la verdadera sabiduría, no existen indicios escritos de que riera nunca.
Por todo ello, sin más dilación, vamos a resumir lo expuesto: La locura (y la desgracia) de la humanidad es que siempre hay quien aplica lo de... "Homo vult decipi; decipiatur" o dicho de otra forma "El hombre desea ser engañado; engáñalo".
Conocida es la suculenta frase: "Infinito es el universo de los tontos", por lo que no es de extrañar que los curanderos embusteros tengan seguidores, pero también deberíamos recordarles un sencillo dicho popular: "Jesucristo curó ciegos y leprosos... pero no tontos". De igual forma, para estos supuestos curanderos nos viene de perlas una frase, dudosamente atribuida a Abraham Lincoln: "Se puede engañar a todo el mundo alguna vez y a alguna persona todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo".
Frente a las burlas a la razón, y en vista de la humana debilidad, no podemos menos que recordar las palabras del sacerdote y médico Marcos Oraison: "A partir de cierto grado, la tontería se hace intolerable", así como la frase del poeta inglés William Cowper (1731-1800): "Seguir absurdos precedentes y hacer la vista gorda es más fácil que pensar". También podríamos destacar, si acaso a modo de resumen o quizá de moraleja, lo que nos dejó escrito el famoso orador ateniense Demóstenes (384-322 a.C.) en su "Olynthiaca": "Lo más fácil es engañarse a sí mismo; porque el hombre generalmente cree que lo que desea se puede hacer realidad".* * * Acudamos finalmente a las palabras de un complejo novelista-ensayista español, Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), para que nos muestre en un corto escrito muy ramoniano, la lógica que en ocasiones emana de lo absurdo:
"En Londres hay un doctor que cura consultando con el otro mundo.
Parte de la base de que siempre entre los muertos ha habido uno que ha tenido la misma enfermedad que el enfermo que se presenta en la consulta, y que tiene no sólo la experiencia de por qué murió, sino de cómo no hubiera muerto.
- Donde se sabe medicina - suele decir el doctor Carlton - es en el reino de los enfermos fallecidos.
El doctor Carlton recibe la confidencia del enfermo y después llama a la mesa de tres patas al enfermo gemelo que sabe cómo se hubiera salvado si en vez de darle aquella medicina le hubiesen dado tal otra".
"¡Qué pico de Oro!"
Serie "Los Caprichos"
Francisco de Goya (1746-1828)
CURANDEROS, SANADORES Y ARREGLAHUESOS. |
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El Morador del Mitnal