ESTULTOLITOS

Las Piedras de la Locura (VI de VII)

"El médico es el único en quien creemos por su palabra; es creído desde el momento en que se llama médico, y sin embargo, no hay arte en que la impostura tenga peores consecuencias; no pensamos en ello por ser tan grande el encanto que para nosotros tiene la esperanza de recobrar la salud"

Cayo Plinio Cecilio Segundo
más conocido como Plinio el Viejo (23-79 a.C.)


Curanderos: Locura y Necedad
Charlatanes y Villanos Embusteros y Embaucadores
Sanadores y Arreglahuesos Hechiceros y Brujos
Medicina: Del Ayer al Hoy Medicina: Del Hoy para el Mañana

VI.- CURANDEROS Y MEDICINA:
DEL AYER AL HOY
     Es indudable que al hablar del curanderismo entramos en un tema complejo y plagado de las más variadas opiniones, pues la mayoría han oído hablar de cierto caso especial o han conocido a uno de los sanados, incluso alguno lo ha experimentado por sí mismo... Por otra parte, el curanderismo siempre se ha encontrado en un nivel social marginal y rodeado de un profundo desconocimiento así como de muchas dudas.
     Uno de los grandes problemas que encontramos en el curanderismo es lo indefinido de sus acciones, lo poco cuantificable de sus resultados, la poca objetividad que poseen sus pacientes y lo muy atípico de sus efectos y consecuencias, donde se encuentran fracasos (de los que no se hablan) y curaciones asombrosas (que todos alaban). La relatividad de esta situación, junto con la variada personalidad de los curanderos (que van desde la gente sencilla hasta los personajes de dudoso equilibrio mental, y eso dejando a un lado los muchos farsantes y embaucadores), hace que el tema se vea como una mancha borrosa difuminada por la bruma en un día nublado.
     Seamos realistas. Abrir una discusión sobre lo bueno y lo malo de los curanderos, sería tan insustancial como el debate sobre lo bueno y malo de los médicos, ya que los métodos utilizados para organizar un ataque o una defensa de éstos sólo llevaría a producir unas generalizaciones de lo más absurdo. Además, y por si fuera poco, los médicos, en contra de toda lógica, han sido considerados durante mucho tiempo los personajes menos adecuados para tratar este tema, ya que popularmente se les aplica la llamada Ley de la Ceguera Específica, donde se les atribuye la capacidad de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio...
Hacer cualquier cosa por el familiar enfermo,
aunque resulte una amarga medicina.
"El niño enfermo" Pablo Picasso (1881-1973)
"The Bitter Medicine". Adriaen Brouwer (1605-1638)
     Básicamente el problema del curanderismo ha sido atribuido, por diversos estudiosos del tema, a la ignorancia popular en general y a la falta de educación en particular. Muchos piensan que los pacientes de los curanderos son personas que por su situación de pobreza y miseria no tienen más remedio que confiar en hierbas y remedios caseros, ya que no disponen de capacidad económica para pagar unos gastos sanitarios ni de una Seguridad Social o Seguro de Enfermedad que les cubra los problemas de salud. La realidad, por desgracia, es muy diferente, ya que la expansión actual de estas prácticas se apoya en un sorprendente aumento de la pérdida de confianza en los métodos científicos de curación, en una dramática fe en los poderes del más allá asociada a una extraña predisposición de la gente por lo mágico y milagroso, y a la creencia de que enfermedades consideradas incurables sólo pueden ser combatidas por exóticos milagreros.
     Ya hemos hablado de la supuesta validez de cualquier tipo de terapia para hacer frente a la ingrata enfermedad, entre o no el método utilizado en la pura ortodoxia médica. Posiblemente la explicación a esta situación la encontremos en la valoración que se hace de la salud en la diversas encuestas sociales, donde se encuentra por encima de otros conceptos a valorar como son el dinero, el trabajo o el amor...
     Pero aquí surge una gran pregunta: ¿por qué se acude al médico y por qué, en otras ocasiones, se acude a un curandero? ¿por qué en la búsqueda de algo tan importante como es la salud se cae muchas veces en manos de charlatanes y embaucadores?.
     Por desgracia, las fronteras entre la medicina, el curanderismo sanador y el charlatanismo no son fijas ni limitadas, se mueven y deslizan con el tiempo, las modas, la propaganda y las muy cuestionables noticias de los medios de comunicación de masas. Además, hay que asumir la increíble capacidad que tienen un alto porcentaje de enfermos para desplazarse entre estas fronteras ya que, debemos insistir, frente al padecimiento el único objetivo final es la curación, los métodos por los cuales se pasa para lograrlo siempre pierden su valor frente al premio final que supone la salud y la curación.

* * *

     No estaría de más repasar rápidamente los tipos fundamentales de curanderismo que conviven socialmente en la actualidad con la llamada medicina académica, en una compleja relación que, según la investigadora francesa Françoise Loux, pierde el discurso científico sobre el cuerpo para pasar a una relación de poder del segundo sobre los primeros; compleja y difícil relación pues la medicina científica, pese a iniciarse con métodos próximos al curanderismo, surgió luchando y abriéndose camino entre esas otras medicinas más o menos tradicionales.

     Un gran grupo de curanderos, el más complejo y peligroso de todos, es el compuesto por los que hemos definido como curanderos charlatanes y curanderos embaucadores.
     Su picaresca gira alrededor de tres aspectos básicos: las promesas terapéuticas que se hacen al enfermo, la forma que tienen de justificar su labor sanadora, y la forma casi descarada de obtener beneficios de todo ello. Suelen ofrecerse a curarlo todo, desde un dolor de estómago al cáncer más avanzado que podamos imaginar; otros, más conscientes de la tontería que se propone, optan por alegar que lo intentarán y que, si no obtienen la curación, es seguro que por lo menos lograrán un alivio importante. Lo primero que piden (algo habitual en casi todas las formas de curanderismo) es la fe absoluta del enfermo en el curandero; la diferencia que tienen de este concepto frente a otros tipos de curanderismo, es que si no se obtienen resultados, siempre lo achacarán al paciente que no tiene la fe suficiente o incluso, si es necesario, al mismo Dios, pues alegan que ellos sólo pueden curar "lo que Dios quiere".
     Este amplísimo grupo de curanderos se ha intentado clasificar de diversas formas: los naturalistas, los sobrenaturalistas, los videntes, los místicos o los científicos, y entre ellos los que curan por sustancias especiales, por elementos mágicos, por ondas o por fluidos..., y así podríamos seguir clasificando y subclasificando a estos personajes casi hasta el infinito.
"El charlatán". Giovanni Battista Tiepolo (1692-1770).
     Llama la atención que en un libro de Charles Sherwood Cameron, director médico y científico de la Sociedad Americana del Cáncer en el año 1956, se dedique un capítulo entero a los curanderos. Este médico establecía una clasificación, válida todavía, entre estos curanderos embaucadores. Por una parte estarían los que llama curanderos silenciosos, personas ignorantes y sin educación que no saben nada y que son conscientes de ello, pero creen poseer una fórmula secreta que sólo ellos conocen, la mayoría de las veces una mezcla de hierbas heredadas de un antiguo familiar; normalmente duran poco en este oficio y su influencia y daños suelen ser pequeños. Luego estarían los curanderos alucinados, que pese a tener algún tipo de educación, e incluso a veces de tipo médico, sus conocimientos científicos son escasos y limitados, basando su tratamiento en razones y observaciones equivocadas; un alto porcentaje de estos curanderos son, en realidad, perturbados mentales, que si juntan cierto grado de inteligencia, su verborrea y jerga pseudocientífica atrae a un público ingenuo que puede conformar un gran auditorio, lo que los hace particularmente peligrosos; aunque este tipo de curanderos y los anteriores son ocasionalmente honestos y bienintencionados, no por ello son menos culpables de los problemas que producen. Finalmente estarían los curanderos pícaros, quizá el tipo más corriente, que no saben nada, saben que no lo saben y conocen la inutilidad de sus tratamientos; están desprovistos de escrúpulos y sentido moral, son comerciantes de esperanzas perdidas y convencen a sus pacientes para que abandonen los tratamientos médicos.
     Debemos constar en este apartado algo que consideramos muy importante. El tema de curanderismo en general, y especialmente aquel que se rodea de boato y parafernalia, es muy atractivo para los distintos medios de comunicación social. El problema mayor que surge aquí es que se acercan a este mundo desde la polémica y el sensacionalismo, rayando no sólo en el desprecio de ciertos personajes sino incluso en la burla descarada (que en ocasiones, no hay duda, es lo único que se merecen). Pero la postura superficial que se adoptan en estos programas y el prejuicio etnocéntrico que los envuelve, hace que todo quede en un show para pasar el rato y para ver a una variada fauna de personajes, entre los que siempre hay algún médico, dedicada al insulto y a las superaciones decibélicas.
     En estos medios el curanderismo es tratado la mayoría de las veces de forma simplista y no va más allá de mostrar el exotismo de ciertas prácticas curanderiles. Muchos supuestos curanderos, ya que aquí pululan especialmente los embaucadores, entran en el vodevil de la salud gracias a estos medios que luego tanto los critican, siendo el estímulo soterrado de afán de notoriedad por parte de estos personajes y los famosos índices de audiencia de los medios, una de las causas que permiten la extensión de charlatanismo frente al verdadero curanderismo popular. Incluso los propios curanderos distinguen entre los "sanadores" y los "curanderillos" del tres al cuarto, pues critican a los que "salen por la tele" y aprovechan para hacerse publicidad en estos medios, tachándolos de farsantes que sólo quieren aprovecharse de los enfermos.

     Una referencia distinta es el grupo al que hemos denominado como curanderos tradicionales o curanderos sanadores. El hecho de utilizar la palabra "sanadores" puede que llame la atención, pues es en este grupo donde se encuentra cierta habilidad curativa en determinadas enfermedades, por lo que a la larga es de utilidad en el objetivo final de búsqueda de la salud. Este tipo de curanderismo es el más próximo a la llamada Medicina Popular. Muchos médicos rurales han defendido la labor de sus "colegas curanderos" frente a los médicos urbanos que son normalmente los que más se enfrentan y atacan, inútilmente eso sí, a estos curanderos.
     Frente a los farsantes, que suelen garantizar curaciones totales y aplican tarifas exorbitantes a sus pacientes, los curanderos tradicionales suelen ser más honestos, dicen a los enfermos si serán o no capaces de curar sus dolencias o si simplemente pueden intentarlo pero sin garantizar resultados, no suelen retirar los tratamientos previos dados por los médicos sino que asocian los suyos a los de éstos e incluso suelen remitir, aunque sorprenda a muchos, a los enfermos a los médicos si consideran que el problema podría resolverse gracias a la medicina moderna, lo que recuerda un conocido chiste sobre el tema donde un doctor que está examinando a un paciente le dice: "Usted debería haber venido a verme antes", a lo que responde el paciente: "Si... bueno, en realidad fui a ver antes a un curandero". "Ya" comenta el doctor, "¿y que estupidez le dijo ese curandero?", "Que viniese a verle a usted" responde el paciente...
"Remigia la curandera".
Paulino Vicente "el Mozo" (1924-1956)
     La historia nos ha mostrado famosos curanderos tradicionales de gran éxito y fama, pero la certeza histórica, por desgracia, es en estos casos muy relativa pues muchas veces, y con la mejor voluntad del mundo, se adorna, se ensalza exageradamente o se inventan detalles de tal forma que sus éxitos llegan hasta nosotros como casos verdaderamente milagrosos.
     Es incuestionable también que el fenómeno del curanderismo tradicional se encuentra reforzado, sobretodo en pequeñas y primitivas aldeas, por la adopción por parte del curandero del papel de sacerdote, ya que éste sirve de vínculo entre el pueblo y el mundo espiritual, base de cierto grado de tranquilidad interior y salud mental.
     Por otra parte, el curandero rural que actuaba en poblaciones con una nula o deficiente atención sanitaria, sufrió un cambio cuando se produjo la destrucción de las sociedades clásicamente agrarias y su aculturación, por lo que se desplazó, junto a sus paisanos que buscaban trabajo en la capital, al extrarradio de las grandes ciudades. Este curanderismo rural transplantado todavía existe, pero está siendo sustituido por una nueva clase de curanderismo, el llamado "curanderismo urbano", cuyo origen ya no está en la clásica medicina tradicional, sino básicamente en el rechazo de cierta parte de la población frente a determinadas actitudes del sistema sanitario oficial, lo que produce a la larga un peligroso curanderismo pseudocientífico. De igual forma, la llamada bruja o ensalmadora rural que ejercía cierto papel sacerdotal adoptado personalmente y asumido por el pueblo, ha pasado a convertirse en un truculento "curandero esotérico" que se apoya en un ocultismo de consumo fácil de hallar en librerías y en el lenguaje sofisticado de la parapsicología.

     Finalmente tendremos el que hemos llamado curanderismo étnico o curanderismo indígena, practicado por hechiceros y brujos tribales de pequeñas sociedades primitivas o arcaicas.
     Llegando a este punto estaremos obligados a considerar que toda antigua creencia sobre la causa de una enfermedad y sus remedios curativos no son totalmente el capricho de una hechicera o un curandero, sino que tienen con frecuencia unos antecedentes culturales que se trasmiten de generación en generación y que se adaptan a las circunstancias del momento, pero que por alterados que nos lleguen, son el germen de donde nació en realidad la ciencia actual.
Diversos hechiceros peruanos, entre ellos
una representación de "los que chupan".
De la obra Nueva Crónica y Buen Gobierno,
Felipe Guaman Poma de Ayala (1534-1617?)
     Recordemos que la OMS ya definió, en 1978, la medicina tradicional como la "suma de todos los conocimientos teóricos y prácticos, explicables o no, utilizados para el diagnóstico, prevención y supresión de trastornos físicos, mentales o sociales, basados exclusivamente en la experiencia y la observación, y transmitidos verbalmente o por escrito de una generación a otra".
     Por ello, los métodos curativos que han aplicado las diversas culturas primitivas nos indican, en realidad, la existencia de una práctica médica empírica y racional que ha sido capaz de estimular y desarrollar el pensamiento humano. La magia imitativa, la magia simpática, la magia de la impregnación, la transferencia de los males, los rituales, conjuros, hechizos, sortilegios, ensalmos y oraciones, los amuletos, fetiches y talismanes, la higiene, el uso de las aguas, los vegetales y los productos de origen animal... todo esto, junto con una acción psicoterapéutica, crea una relación médico-enfermo que se triangula con otro factor importante, la sociedad, de tal forma que el hechicero no sólo establece un sentimiento de salud y recuperación, sino que además integra al enfermo en la comunidad, dándole un sentimiento de protección que ayuda a su supervivencia como grupo.
     En este caso, el curandero étnico encarna en sí mismo los poderes de médico, sacerdote y juez, ya que dictamina sobre la moral y ejerce cierto grado de control social haciendo que se respeten los valores del grupo. Su grado e importancia social es inmenso para mantener, no sólo la estructura sanitaria básica, sino la estructura tribal que sería base fundamental del funcionamiento social.
     Este hecho nos puede hacer comprender mejor la definición de curandero según la OMS, donde el curandero es "aquella persona reconocida por la propia comunidad en que vive como competente para prestar atención de salud mediante empleo de productos vegetales, animales o minerales, y aplicación de algunos otros métodos de origen social, cultural y religioso, basados en los conocimientos, actitudes y creencias de la comunidad en lo que respecta al bienestar físico, mental o social, y al origen de la enfermedad y la invalidez".
     De aquí se deduce fácilmente que el reconocimiento social es básico en la definición de curandero, y que no lo sería, por tanto, cualquier persona que se autoproclamara a sí mismo con ese título. Así ya podemos hacer una primera e importante distinción entre los que serían curanderos reales, que incluiría a los curanderos tradicionales y a los étnicos, y los autonombrados curanderos, donde estarían los charlatanes y embaucadores. Quizá por esta razón es necesario señalar que está surgiendo, cada vez más, lo que podríamos llamar curanderismo exótico, una simple forma de exportación cultural de la medicina étnica tradicional debido a los flujos de masas de inmigrantes entre los diversos países, y que está sufriendo una fuerte contaminación debido al auge de las modas por lo extraño y lo original, dando lugar a un falso curanderismo teñido de exotismo y extravagancia que muy poco tiene ya que ver con sus orígenes primordiales.

* * *

     Revisados los clásicos estereotipos del curanderismo, no podemos olvidarnos de uno muy especial y, quizá para muchos, extraño, pero que es tan real como los anteriores. Unos piensan que no existe y que supone una falacia, otros creen que es una forma muy antigua de curanderismo y otros alegan que su origen es modernista. Nos referimos al realizado por médicos titulados, el bien o mal llamado curanderismo médico.
     Deberemos distinguir, antes que nada y para no llevarnos a engaño, el curanderismo médico real y el conocido como curanderismo pseudomédico, ya que éste último es el practicado por ciertos curanderos que poseen rudimentarios conocimientos de medicina, lo que les permite "acertar" ocasionalmente en sus diagnósticos y tratamientos (recordemos, sin ir más lejos, la actuación de muchos de nuestros familiares y conocidos que, ante cualquier problema de salud que se les comenta, no dudan en aventurar diagnósticos y proponer tratamientos que han visto en otras personas o en aconsejar diversos medicamentos que han tomado personalmente y que les ha resuelto sintomatologías parecidas). El curanderismo pseudomédico es quizá, más que una forma de curanderismo, una medicina de referencia disfrazada de curanderismo.
El doctor Nick Rivera.
El ejemplo cómico de la medicina
próxima al curanderismo: el matasanos
que propone Matt Groening en "Los Simpson".
     En cuanto al verdadero curandero médico, y a diferencia de los clásicos curanderos que ya hemos visto, es el que ha cambiado el pregón por el panfleto ilustrado a todo color, el carro ambulante por la clínica impresionante, los bebedizos amargos y las triacas curalotodo por las vacunas, los sueros y las dietas científicas... Ocasionalmente asume prácticas propias de los típicos embaucadores manteniendo una buena publicidad gratuita en la sala de espera, donde los pacientes hablan entre ellos de las magníficas curaciones realizadas por el doctor y que van de boca en boca adornándose y engrosándose hasta transformarlas en un verdadero poema épico; en ocasiones se encuentran en las salas de espera los "ganchos", personajes camuflados entre los pacientes con el objetivo de afirmar la fe de éstos en el médico y su técnica, aprovechando para lanzar loas sobre su persona. La situación de presión ambiental puede llegar a tal punto que los pacientes llegan a interpretar estos "lavados de cerebro" a los que son sometidos por el doctor y sus otros pacientes, como verdaderos milagros obrados en su organismo...
     El por qué un hombre cualquiera, sin principios y avaricioso, es capaz de introducirse en el negocio del curanderismo médico es fácil de entender. Pero interpretar y comprender por qué un médico titulado, en ocasiones con muchos años de experiencia en una actividad profesional honesta, se convierte en un curandero, nos llevaría indefectiblemente a los rincones más profundos de la patología psiquiátrica. Con ello no intentamos disculpar a estos personajes tachándolos simplemente de enfermos mentales (que está claro que también los hay como en cualquier profesión), y es indudable que algunos son simplemente codiciosos o que optan por el camino más sencillo para sobrevivir económicamente, pues muchas veces se obtienen más ganancias monetarias exentas de impuestos en el curanderismo que en la práctica de la medicina seria y responsable.
     El médico-curandero manifiesta un alejamiento del método científico establecido, ya que sus observaciones clínicas son relativas, sus demostraciones irregulares y sus conclusiones injustificadas, haciendo sus teorías insostenibles frente a las estrictas normas que exije la investigación clínica. Desdeñan con frecuencia las reglas de la evidencia y rehuyen mostrar sus propuestas y resultados a la comunidad científica.
     Muchas veces se confunde el curanderismo médico, acción consciente y con objetivos más o menos ocultos que buscan la notoriedad o la ganancia económica, con los simples (y siempre terribles aunque a veces inevitables) errores de los médicos y la medicina. Muchos se sorprenden al conocer que la Medicina Científica (escrito a propósito con mayúscula, y que se encuentra más próxima a un arte que a una ciencia exacta), ha cometido muchísimos errores durante su evolución y desarrollo; recordemos, no obstante, una frase del novelista francés Julio Verne (1828-1905) en la que comprendía que "La ciencia se compone de errores, que, a su vez, son los pasos hacia la verdad", o aquella, más clásica y mucho más sencilla que busca la disculpa en toda persona que dice simplemente "Errar, es humano".
     Aclaremos también que el hecho de que en el difícil camino de la medicina se produjeran y se produzcan todavía errores y equivocaciones, no establece que siempre exista un pequeño traspié y descuido o un simple desconocimiento de la patogenia del problema, ya que el fenómeno del error no disculpa la posible necedad existente en las personas que se dedican a ella. Recordemos que el escritor, orador y político romano, Marco Tulio Cicerón (106-43 A.C.), opinaba rígidamente que "La necedad es la madre de todos los males", aunque también distinguía entre la simple y vulgar necedad de ciertas personas y las equivocaciones a las que todos estamos abocados en uno u otro sentido, ya que especificaba claramente que aunque "De todos es errar; sólo es del necio perseverar en el error".
     Entre todo el complejo mundillo que forman las personas que tan solo están equivocadas en su camino, los necios que se les mire por donde se les mire son simples necios, los que acuciados por una supuesta superioridad buscan desesperadamente un reconocimiento científico y, todos los que consciente o inconscientemente optan por la práctica del curanderismo médico, podríamos destacar la frase de Baltasar Gracián (1601-1658) que decía "Ciencia sin seso, locura doble", pero nosotros optaremos por el resumen que hizo un médico muy especial, el francés François Rabelais (1494-1563), cuando lanzó su sentencia: "Ciencia sin conciencia no es mas que ruina del alma".

* * *

     El amplio campo que ofrece la medicina popular, donde el curanderismo ha ejercido su acción de forma más o menos metódica, bebe de fuentes muy diversas y presenta características históricas, geográficas, sociales y culturales tan diversas, que aportan un complejo tono de pluralidad y hace muy difícil centrar la cuestión que nos ocupa.
     El fenómeno del curanderismo urbano, la charlatanería más absurda, el atractivo por lo mágico y lo oculto, los fenómenos de inmigración de países africanos o latinoamericanos con creencias y culturas diferentes a la nuestra, así como la presión ejercida por los medios de comunicación social que tratan en ocasiones de la forma más chabacana el tema del curanderismo, han perjudicado sobremanera el estudio serio de la Folkmedicina y han convertido el problema del curanderismo en un circo protagonizado por la fauna humana más variopinta, sin llegar a comprender o valorar los serios riesgos para la salud que conlleva y, a la vez, sin aprender las muchas enseñanzas que puede obtener de ellos la sociedad en general y la medicina en particular.
     A la hora de tratar el tema del curanderismo, muchos autores han terminado por criticar duramente a la llamada medicina ortodoxa, es decir, a la medicina considerada oficial y con orígenes académicos ordenados y regulados. El jesuita Oscar González-Quevedo acusa a la medicina de ser causa y origen del problema al decir que "La Medicina materialista, fuera de pista durante siglos, ha sido también responsable de la proliferación del curanderismo. Y el curanderismo tiene al menos el mérito de llamar, junto con otras voces, a los médicos hacia el camino de la Medicina global"; Oscar Caballero opina que el médico debe "Curar sus prejuicios. Curar su extrañamiento y gusto por la especialización. Curar su manía cadavérica de adorar al órgano muerto y fundar en él su terapéutica, dirigida presumiblemente a organismos vivos"; por otra parte, el escritor Pepe Rodríguez radicaliza más su opinión diciendo que "si la prepotencia y el caciquismo desaparecieran de la medicina, su práctica cotidiana podría ser, sin duda alguna, más clara, abierta, rica, eficaz y controlada".
     Algunos médicos se sentirán heridos por estas palabras y otros se ofenderán por ellas, pero quizá lo peor de todo... es que a veces tienen razón.
La medicina oficial y académica debe despertar ante
este problema. No sólo para evitar una degradación
de la salud en la sociedad... sino también para
aprender de la práctica del curanderismo...
     Muchos médicos se siguen considerando como las únicas personas que tienen derecho a curar, los únicos con capacidad e instrucción suficiente para aportar salud al enfermo doliente; para ellos todo lo demás es simple y llanamente curanderismo barato. Pero esto, en realidad, no es así; sencillamente no recuerdan que primero surgió la medicina y luego, muchísimo más tarde, los centros académicos y las facultades. Recordemos de paso que la medicina ha tenido su desarrollo en la apropiación de medios y fórmulas descubiertos por personas ajenas a ésta, desde la afirmación de la supervivencia de la madre tras una cesárea, como comprobó un castrador de cerdos alemán llamado Jacob Nüfer en el año 1500, hasta el invento del laringoscopio por parte del cantante español Manuel García en 1854. El bostoniano Oliver Wendell Holmes (1809-1894), quizá por su enfrentamiento con la medicina académica de su época al decir que la fiebre puerperal tenía su causa en la suciedad infectante de las manos del tocólogo, aceptaba humildemente la aportación importantísima de este tipo de personas alejadas de la medicina: "La medicina se apropia de todo lo que puede servir para mitigar cualquier dolencia o de todo lo que amenace en convertirse en enfermedad, cualquiera que sea la fuente de donde proceda. Un monje nos enseñó el uso del antimonio, un jesuita cómo curar las fiebres intermitentes, un fraile cómo remediar el mal de piedra, un soldado cómo curar la gota, un marino cómo prevenir el escorbuto, un empleado de correos cómo sanar la trompa de Eustaquio, la moza de una vaquería cómo inmunizarse contra la viruela, y una anciana del mercado cómo cuidar el prúrito producido por una picadura de insecto".
     Pongamos, mejor todavía para aclarar esta cuestión, un sencillo ejemplo que nos ofrece casi a diario la vida cotidiana.
     Un niño corre por la casa sin parar, sube y baja las escaleras, pisotea los juguetes esparcidos por el suelo, tropieza, cae, se golpea la rodilla, grita, hipa, rabia, llora... Se aproximan sus amigos, le ayudan los mayores a levantarse del suelo, acude el amigo médico de la familia, pero el niño sigue quejándose y llorando desconsolado. Entonces se acerca su madre, lo coge entre sus brazos, le estrecha contra su pecho, le pasa la mano sobre la zona dolorida, le humede con saliva la zona que enrojece por momentos, le lanza un conjuro "sana, sana, culito de rana...". Y, de forma casi milagrosa, el niño se calma, le pasa el dolor, de nuevo le sonríe el rostro... ¿Es eso curanderismo?.
     Situaciones como estas nos obligan a revisar la validez real de cualquier tipo de acto terapéutico, y de esta forma podremos, no sólo comprender, sino también asimilar el problema del curanderismo.

     Si queremos adentrarnos confiadamente en el mundo del curanderismo, deberemos empezar por analizar el origen de todo y que se resume en algo tan simple, y a la vez tan complejo, como es la existencia de una enfermedad como proceso patológico que conlleva la pérdida de la salud. Debemos asumir que el concepto que tiene el médico de la enfermedad, es completamente diferente al que tiene de ella el enfermo, de la misma forma que éste es distinto al que tiene la enfermera que lo atiende o al que poseen los familiares de ese enfermo.
     La medicina ortodoxa comete muchas veces el error de considerar que la enfermedad en general es lo cotidiano, lo habitual que antes o después aparece en el ser humano y, en definitiva, el trabajo de cada día. Para el paciente, por el contrario, la enfermedad es "su" enfermedad, única, generadora de inseguridad y dolor y, en el fondo, terrible para él aunque no lo sea para el médico. La diferencia conceptual radica en la actitud emocional del paciente frente a la patología que le acosa, y que en ocasiones es tal que le puede resultar incluso más difícil vencer al diagnóstico que a la enfermedad en sí misma.
     Sigmund Freud ya hizo alusión a la enfermedad desde el punto de vista del paciente afectado cuando dijo que la enfermedad hace narcisistas a las personas. Es cierto que una gran multitud de pacientes, en cuanto dejan de ser personas sanas para pasar a engrosar las filas de los enfermos, hacen que su mundo gire, más o menos deprisa, alrededor de su sol patológico. No es de extrañar, por tanto, que una persona o su entorno familiar haga todo lo posible para luchar contra esa enfermedad que se ha convertido en el centro de su vida utilizando para ello cualquier alternativa que se encuentre a su disposición.
     Comprender este punto de vista debería servirnos para establecer y aceptar la existencia de una relación positiva entre los diversos tipos de métodos curativos utilizados por el pueblo llano, pues de la misma forma que se mantienen conceptos diferentes de enfermedad, también se establecen otros conceptos diferentes de medicina, pues las ideas sobre la vida, la salud y la muerte componen inevitablemente gran parte del universo simbólico de una sociedad.
     Podríamos aceptar que, de la misma forma que la enfermedad ha sido la causa de la existencia de la medicina, que nació como simple curanderismo y aprendiendo de la experiencia, los diversos conceptos de enfermedad han sido los que han dado lugar a la persistencia y desarrollo de diferentes tipos de curanderismo de forma paralela al desarrollo de la medicina que conocemos como oficial.
     El factor conceptual primordial que mantiene y promueve el curanderismo posiblemente se encuentre en una deficiencia de la propia medicina académica ya que no existe, junto a los capítulos clásicos en los que se estudian las patologías (etiología, epidemiología, patogenia, sintomatología, diagnóstico, tratamiento, prevención...), uno que relacione la experiencia personal y social de la enfermedad (sería la diferencia entre disease e illness que establecía Kleimann, 1980). Esto no sólo nos ayudaría a tratar los problemas personales, familiares y sociales que siempre acompañan a la enfermedad, lo que redundaría en un aumento de la eficacia terapéutica y de mejora de la Salud (escrita intencionadamente con mayúsculas) tal y como queda implícito en el objetivo de la función del médico, sino que además nos permitiría a entender el por qué de esa "eficacia" que presentan los distintos métodos terapéuticos de los curanderos así como el por qué de su vigencia.

* * *

     Y, con todo esto, no podemos olvidarnos que el médico normal también parece en ocasiones un loco o un necio, cuando no un curandero, y que tiene que hacer de burlador, con pases mágicos y aspavimientos incluidos; y todo por el bien del enfermo. Patologías imaginarias o histéricas, precisan en ocasiones de un buen placebo... Un ejemplo lo encontramos, exagerado pero bien descrito, en el personaje del Doctor Vivar, el famoso "Doctor Inverosímil" de nuestro ya conocido Ramón Gómez de la Serna, que decía:

     "Yo tengo un aparato en mi clínica que es como el aparato de la fe. Este aparato tan complicado es el que salva a las personas histéricas. No es nada. He reunido varios aparatos de relojería, geodesia, etc., y he formado con todos este aparato monstruoso, que gradúo, preparo, enfoco sobre el enfermo crédulo y con el que muchas veces le salvo... Con el enfermo escéptico empleo aparatos rudimentarios. Hay que sacar muchas enfermedades, como un prestidigitador".

Curanderos y médicos medidos con el mismo patrón.
Caricaturas de magnetizadores y medicastros.


Continúa con:
CURANDEROS Y MEDICINA:
DEL HOY PARA EL MAÑANA...
.
Continuación

 
El Morador del Mitnal
elmitnal@eresmas.net
El Mitnal Médico