ESOS MONSTRUOS
QUE TANTO
NOS ASUSTAN...


La Medicina
y el Cine de Terror (I)


"Si se debiera juzgar el valor
de los sentimientos por su intensidad,
ninguno tan rico como el miedo"

Horacio Quiroga
(1879-1937)

"Que viene el Coco"
Los Caprichos, Goya, 1799.


Introducción: El Miedo de Película
Drácula: La Sed de Sangre
Frankenstein: El Hombre de Retales
Hombre Lobo: La Bestia Interior
Momias: El Cuerpo Incorrupto


En la actualidad es incuestionable la afirmación de que el cine ha influido e influye mucho en nosotros. De la misma forma podemos afirmar que las "películas de miedo" han marcado todo un género en el Séptimo Arte: el llamado Cine de Terror. Y aunque ha sido muy poco considerado y bastante mal visto por los críticos de Hollywood, es indudable que sigue dando fuerte y atrayendo a un público cada vez más numeroso...
La literatura ha sido normalmente la fuente de inspiración de muchos directores, pero ha sido la imagen, el propio cine de terror el que ha sido capaz de crear monstruos capaces de dejar huellas indelebles en nuestro subconsciente... Pero... ¿tendría algo que decir la medicina en este tema?. Nosotros pensamos que sí, pues la medicina puede ayudar a conocer las razones del miedo, a buscar el por qué de la cinematofilia terrorífica o actuar como árbitro en el encuentro entre la ciencia y la ficción.

Para intentar sistematizar el tema hemos optado por iniciar nuestro viaje al terror recorriendo la enorme galería de monstruos y seres terroríficos que nos ha dejado el cine desde su nacimiento hasta los inicios del presente siglo. De esta forma conoceremos a Drácula y a los vampiros, al monstruo de Frankestein, al Hombre-lobo y a los licántropos, a las momias, los zombies y demás muertos vivientes, a los mutantes, a los endemoniados, al clásico doctor Jekyll y mister Hyde, a los psicópatas asesinos en sus diversas modalidades... Así revisaremos, desde el punto de vista de la medicina, sus mitos y sus leyendas, sus mentiras y realidades.
Pero antes de entrar a fondo en el tema, quizá deberíamos aclarar una serie de conceptos que nos ayuden a comprender mejor la psicología de los espectadores del Cine de Terror.

* * *
El Miedo, el Pánico y el Sobresalto
» El Miedo (también llamado temor, pavor o espanto) es una emoción. Suele ser un afecto brusco y pasajero, agudo e intenso, que se desencadena por un estímulo que puede ser real, imaginario o simbólico. Origina un desequilibrio psíquico que se acompaña de abundante correlación somática y que actuaría como un estimulante para la adaptación del sujeto a la causa que lo ha desencadenado, aunque si esta reacción es excesiva, puede desorganizar la conducta del indivíduo.
     Frente al miedo, la reacción del llamado lenguaje corporal es muy elocuente, y por ello se le ha llegado a describir como un "productor de efectos penosos" en los hombres.
Pese a que la reacción fisiológica se inicia en el córtex cerebral, es el llamado cerebro primitivo, el más viejo evolutivamente hablando, el que toma el mando y simplemente actúa como siempre ha hecho durante miles de años, es decir, preparar al cuerpo para defenderse o para huir (aunque también se puede reaccionar de otra forma, poco habitual, que es la de quedarse inmóviles, "paralizados de miedo", esperando a que pase la amenaza).
     La reacción se canalizaría básicamente a través del sistema nervioso vegetativo y de las secreciones neuroendocrinas. Se produce un aumento de la secreción de catecolaminas, adrenalina y noradrenalina, un aumento de la liberación de glucagón y un aumento de la glucemia; se incrementan los niveles de hormonas tiroideas, ACTH y corticosteroides, aumenta la prolactina y disminuyen las gonadotrofinas hipofisarias.
     Si nos fijamos bien veremos que el sistema de emergencia que pone en marcha nuestro cuerpo frente al miedo, tiene mucha lógica, ya que se activan las funciones indispensables para sobrevivir y se frenan aquellas que no son necesarias de forma inmediata como son la digestión, la reproducción o el crecimiento.
     La secuencia somática del miedo sería la siguiente: las pupilas se dilatan (para ver mejor), la respiración se acelera (ofertando al cuerpo más oxígeno y eliminando el anhídrido carbónico que produciría un trabajo muscular intenso), el corazón late más deprisa (para bombear más sangre y que el oxígeno llegue a los músculos para correr mejor, y al cerebro para pensar mejor), se paraliza la digestión (derivándose la sangre hacia otros órganos más útiles), se incrementa la sudoración (que al evaporarse enfriaría los músculos recalentados)... Incluso se produce un fenómeno atávico heredado de nuestra evolución y que hoy está obsoleto: el erizamiento del vello, donde los músculos piloerectores siguen intentando aumentar el volumen aparente del cuerpo, tal y como sucede con los gatos y otros muchos animales.
     Aunque esta reacción sería normal e incluso deseable, una reacción excesiva podría derivar en problemas como cambios tensionales bruscos, disnea, espasmos digestivos o severas arritmias cardíacas a consecuencia de una entrada masiva de calcio en las células musculares del corazón. Si a esto asociamos ciertos factores de riesgo que pueden preexistir en la persona, no nos debe extrañar que el popular dicho "se ha muerto de miedo" sea una realidad.

» El Pánico sería la expresión de un miedo extremo o temor excesivo, es lo que más se aproximaría a lo que llamamos el verdadero Terror.
     Aunque su origen puede ser muy variado, su principal desencadenante suele ser de carácter acústico (ruidos fuertes, gritos, explosiones). Hoy en día tiene una dimensión más colectiva que individual debido a su característica de influir sobre otras personas, y esta contagiosidad favorece el incremento progresivo de la sensación de miedo hasta límites insospechados.
     Las crisis de pánico aparecen de forma súbita, no existiendo nada que presagie el evento. Por ello las situaciones de pánico son difíciles de alcanzar en el llamado "cine de terror". Los espectadores de las salas de cine ya van motivados a buscar el miedo y esperan sorpresas y sustos. El pánico se obtendría más fácilmente si en la sala se produjera un incendio o una explosión y todos intentaran salir, entre gritos y voces, al mismo tiempo y por la misma puerta.

» Frente al complejo fenómeno del miedo y a la reacción poco habitual de pánico, quizá deberíamos resaltar una reacción más primaria y, a la vez, más frecuente entre los que visualizan películas de este tipo. Hablamos del Sobresalto.
     En realidad es una reacción básica, universal y no susceptible de control voluntario. Neurológicamente se produce una inhibición de las partes más evolucionadas del cerebro, que se vuelven incapaces de integrar un estímulo brusco. Es una respuesta rápida, aunque transitoria, previa a un comportamiento secundario emocional como sería el miedo.
     Físicamente se manifiesta como una flexión generalizada del cuerpo similar a lo que sería una contracción protectora corporal. Se produce un movimiento hacia adelante del tronco, con flexión del abdomen, caderas y rodillas, que se acompaña de una elevación y desplazamiento de los hombros hacia adelante, flexión de los codos y giro de las muñecas hacia atrás o hacia abajo con flexión de los dedos, así como un movimiento hacia adelante de la cabeza mientras se mantiene una expresión facial característica junto con un parpadeo de los ojos.

Miedo vs Ansiedad
     La Ansiedad es un concepto que conviene diferenciar del miedo, pues pese a encontrarse próximos en la esfera de las emociones, muchos llegan a confundirlos, y aunque los niños suelen experimentar ambos de forma combinada, los adultos pueden diferenciarlos sin problemas.
     Hemos visto que el miedo es el susto justificado, la reacción ante un peligro concreto que, aunque puede ser real o imaginario, se puede reconocer como amenaza. La ansiedad, por el contrario, es la reacción ante un peligro de origen incierto en donde, en ocasiones, la persona no sabe porqué está asustada; es un miedo 'sin saber a qué'.
     Sören Kierkegaard ya la describía en 1844 como un "malestar vago y confuso", mientras Rollo May hablaba de ella en 1950 como un "desasosiego sin nombre y sin forma". La dificultad que supone una buena descripción se debe a que la ansiedad se percibe con más fuerza en la esfera psíquica del indivíduo, con sintomatología más psicosomática que orgánica.

     El miedo agudiza los sentidos, mientras que la ansiedad los paraliza. Podríamos decir que el miedo es una reacción útil ante el peligro y, en términos generales, deseable, por ser un mecanismo normal de defensa sin el cual la supervivencia individual y de la especie no sería posible. La ansiedad, en cambio, está considerada como una emoción indeseable, capaz de generar diversos niveles de angustia, de un miedo injustificado, y que sería sustrato de las neurosis y timopatías.
     Pero hablar de la validez o no que tienen emociones como el miedo o la angustia siempre será algo relativo. Un pensador como Aldous Huxley decía que el miedo era capaz no sólo de ahuyentar el amor, la inteligencia, la belleza o la bondad, sino también a la propia humanidad del hombre. Wilfred Trotter, pese a considerarlo como uno de los mayores obstáculos para dar libertad al pensamiento y a las nuevas ideas, también decía que puede disfrazarse hábilmente de cautela, de cordura, de escepticismo razonable e, incluso, de valentía. Por otra parte, diversos estudios psicológicos que han estudiado la relación entre el miedo y los resultados frente a distintas situaciones, han demostrado que cuando no hay miedo, los resultados son pobres, y si hay algún grado de miedo los resultados mejoran, pero que cuando el miedo es muy intenso, los resultados vuelven a ser pobres.
     De igual forma, aunque se considera que la ansiedad es un sufrimiento sin valor para la supervivencia, diversos autores consideran que cierto grado de ansiedad es, no sólo deseable, sino incluso necesaria. Se supone que contribuye a la formación del carácter, que refuerza la creatividad y que amplía el conocimiento de las posibilidades que ofrece la vida. Esto nos llevaría a hablar de una ansiedad "normal" y una "anormal" o patológica, y por ello la ansiedad derivada de una preocupación sería, hasta cierto punto, lógica y normal. Y visto esto podremos decir que la duda sería, por tanto, madre de la ansiedad.

Las Películas de Miedo y el Miedo de Película
     El cine nació como un medio de comunicación de masas que tenía como base a la fotografía. En un principio sólo se proyectaban episodios de la realidad del momento, donde había más información que entretenimiento, y que acercaban al público escenas y situaciones que estaban lejos de ellos. Con el tiempo, y ante la imposibilidad material de mostrar todo aquello que quedaba alejado del público, nació un subgénero que cambió la realidad por una reconstrucción de los acontecimientos y que el público siguió aceptando como verdadera. Así surgieron, no sólo las reconstrucciones reales, sino también las inventadas sobre acontecimientos que nunca ocurrieron.
     Esta capacidad para manipular al espectador que ya se manifestó en los inicios del cine, llamó la atención de un experimentado ilusionista, Georges Méliès, que aprovechándose del cansancio progresivo de la gente hacia las películas documentales, desarrolló el que podemos llamar "cine espectáculo", con escenografías propias del teatro junto a trucos de magia y prestidigitación, algo capaz de engañar al público mediante el método de hacer verosímiles hechos imaginarios.
     Méliès fue, en pocas palabras, el creador del cine que hoy conocemos, y aunque gracias a su película "Le voyaje dans la Luna" se le considera el padre de las películas de ciencia-ficción, también es cierto que con su película de vampiros "Le Manoir du Diable" fue el creador del primer antecedente del cine de terror.
     Podemos comprender que el cine es, por sí mismo, apropiado para el terror, ya que puede sumergirnos con facilidad en un provocador juego de luces, contrastes sonoros y efectos especiales que estimulen el despertar emocional de nuestros más profundos miedos. Pero quizá también es esta objetividad de lo representado lo que hará que siempre quede por detrás de la buena literatura, ya que ésta es capaz de desprenderse de la servidumbre de lo real para transmitir lo subjetivo e inimaginable.

     Por otra parte, el arte, la forma de expresar ideas o sentimientos, es mutable por naturaleza. Y también el miedo y las razones de este miedo, cambian y se modifican. Se transforma igual que se transforma la sociedad en que vivimos, en base a las experiencias sufridas, los logros obtenidos o los desarrollos científicos alcanzados.
     El cine de terror, por tanto, también ha sufrido cambios en el tiempo y cambia todavía según la sociedad en la cual nace.
     ¿Qué sucedió, por ejemplo, con una de las primeras proyecciones al público de la historia del cine?: sencillo, para algunas personas fue algo terrorífico. Los hermanos Lumiére mostraron a la gente un cortísimo metraje de un tren llegando a las estación, y gran parte del público se asustó porque nadie sabía qué era eso del cine y creyeron que se abalanzaba sobre ellos un verdadero tren. Hoy en día creemos que nadie se asustaría de ello; dar miedo con algo tan simple precisaría en la actualidad de un escenario de realidad virtual, sonido surround, un tren lanzado a una velocidad de vértigo, y un escenario capaz de crear un ambiente que predispusiera a una reacción general de pánico... y posiblemente ni así lo lograría...
     ¿Qué sucedió cuando se hicieron campañas sanitarias frente a la malaria en pueblos de Africa que desconocían el cine? La proyección de películas que mostraban la imagen de un mosquito, con su cabeza rodada en primer plano, y que a muchos de nosotros podría asustar o cuanto menos crearnos cierta ansiedad, a ellos les dejó indiferente. Simplemente alegaron con toda tranquilidad que, si esos eran los mosquitos que traían la enfermedad, a ellos no les preocupaba, pues los que vivían en sus tierras eran muchísimo más pequeños que los que les mostraban los médicos.
     Por tanto, el miedo es mutable y, para seguir viviendo, debe cambiar sus orígenes y sus formas de igual manera que se transforma la sociedad que lo experimenta. Esto lo vemos en la propia historia del cine de terror. Clásicas obras como "Drácula", "Frankenstein", "El hombre lobo" o "La momia", que fueron hitos del terror gráfico cuando se proyectaron, hoy sólo consiguen, además del merecido reconocimiento de obras maestras, una leve sonrisa del espectador actual.

     Creemos que es importante comentar cierta incongruencia que se ha dado en este tipo de cine ya que el auge de público que ha experimentado el cine de terror ha ayudado, por desgracia, a desarrollar malas películas de terror. Sus causas hay que buscarlas en el fácil mercantilismo que ha supuesto su éxito comercial. Pese al cambio sufrido por el cine en general y por el cine de terror en particular, la mayoría de las obras suelen ser simples traducciones de la literatura a imágenes en movimiento, y el público joven en general (a quien se dirigen habitualmente estos productos), consumista compulsivo en ocasiones y normalmente poco dado al buen hábito de la lectura, sucumbe con facilidad a las simples insinuaciones del guionista o del director de la película, por lo que no suelen esforzarse en llegar más allá para lograr sus objetivos.
     Esto hace que, dejando a un lado los nuevos iconos del terror creados últimamente, los clásicos personajes que componen nuestra galería terrorífica se vuelvan unidimensionales, de una terrible simpleza y de un patetismo abrumador. Pese a todo, pensamos que son dignos de estudio, ya que a su alrededor se han forjado una serie de creencias, mitos, leyendas, tradiciones y credos fantásticos sobre los que creemos que la ciencia puede, y debe, dar su opinión.
     Aunque la base de estos artículos médicos es el cine de terror, no vamos a realizar un estudio profundo del mismo ni a comentar todas las películas que tratan del tema, pues podría ser materia para un libro y ya existen libros muy interesantes sobre ello. Valoraremos más, en cambio, las variaciones y los cambios que se han ido produciendo en este arte para inducir el miedo en el espectador. Si desea profundizar en la cinematografía terrorífica, le recomendamos lea la bibliografía consultada que aparece al final de la serie.

     Pasen pues, y disfruten, con esta galería de los monstruos del cine que abrimos para ustedes...

* * *

"No te escaparás"
Los Caprichos, Goya, 1799.
Hemos elegido las palabras de un gran poeta y autor de obras literarias consideradas terroríficas para despedirnos de esta introducción (y de paso tranquilizarnos o intranquilizarnos, allá cada cual con su respuesta interior) y dar paso a nuestro viaje particular por los horrores cinematográficos...

"De seguro, de seguro
- dije - hay algo, allí en lo oscuro
que ha tocado a mi persiana.
Y el enigma aclaré ya:
¡Corazón, quieto un instante!
y el enigma aclaré ya:
Es el viento y nada más".

Edgar Allan Poe
"El Cuervo" (1809-1849)


Continúa con:
DRACULA
o
LA SED DE SANGRE
.
Continuación

 
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