ESOS MONSTRUOS |
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La Momia, con mayúscula, es un monstruo creado enteramente por el cine. Nació básicamente como un símbolo misterioso del Egipto Antiguo, pero fue interpretado como signo inequívoco de una maldición capaz de perdurar a través de los siglos.
Pero lo cierto es que, entre sus vendas, asoma el deseo oculto de muchos hombres: continuar la vida más allá de la muerte...* * * Arqueología y Momias: antecedentes del Terror
La Arqueología es la ciencia que estudia los restos materiales de anteriores civilizaciones con el fin de reconstruir su historia y la vida de los pueblos que las integraron. La llamada Arqueología científica nació como tal a finales del siglo XVIII con la obra del historiador alemán Winckelmann, "Historia del arte de la Antigüedad", ciencia que se perfeccionó y subdividió gracias a la expedición a Egipto que organizó Napoleón en 1798, ya que tuvo la gran idea de acompañarse de sabios y científicos con el fin de catalogar la fauna, la flora y todo tipo de maravillas que esperaba encontrar en esas tierras; esto dió lugar a que entre 1809 y 1828 se publicara en 12 tomos una monumental obra llamada "Descripción de Egipto", acompañada de 837 láminas y más de 3000 ilustraciones, y cuando en 1822 Jean-François Champollion anunció que había logrado descifrar los jeroglíficos gracias a la llamada Piedra de Rosetta, se abrió el camino a la aparición de una subespecialización arqueológica para el estudio serio y científico del Antiguo Egipto, la Egiptología, que curiosamente atrajo el interés inusitado del público en general apareciendo a la vez la Egiptomanía, por lo que fue habitual copiar el modelo decorativo egipcio, construyendo arquitecturas piramidales (habituales todavía en nuestros cementerios), y a la vez y por desgracia, estimulando el saqueo de los yacimientos arqueológicos, lo que obligó al Servicio de Antigüedades de Egipto en 1858 a prohibir las excavaciones y la exportación de objetos sin su autorización.
El estudio del Antiguo Egipto trajo consigo el descubrimiento de tesoros ocultos por las arenas del tiempo, pero sobretodo llamó la atención la aparición de seres que en su muerte habían viajado hasta nuestros días rodeados de misteriosos rituales, joyas fabulosas y papiros indescifrables... nos referimos lógicamente, a las momias...
Conviene aclarar, antes de seguir, que aunque Egipto ha sido definido como "el país de las momias" y la mayoría de la gente hace una rápida asociación con este país al hablar del tema, la realidad nos demuestra que las técnicas de momificación se han aplicado en muchos otros países y que las momias aparecen repartidas por todo el mundo, encontrando las primeras entre los chulpas bolivianos y los antiguos peruanos, apareciendo también en algunas tribus de indios americanos, entre los naturales de las islas Aleutianas, ciertos aborígenes australianos, así como en algunas ordenes sacerdotales japonesas...; apareciendo, además de las momificaciones completas, las llamadas momificaciones parciales, como las ya clásicas cabezas reducidas de los jíbaros, las cabezas trofeo de los mundurukus brasileños o las decorativas de los antiguos neozelandeses.
Pero si volvemos a las famosas momias egipcias, veremos que fueron las descripciones que nos dejó el viajero e historiador griego Herodoto (484-425 a.C.), las que permitieron que occidente conociera los métodos de momificación egipcios, llamando tanto la atención que hasta el siglo XVII esta manipulación de cadáveres se asoció con ideas mágicas y fantásticas... Los primeros europeos que viajaron a Egipto trajeron asombrosas historias de un país con una cultura muy diferente pero, sobretodo, trajeron recuerdos de sus viajes, siendo habituales los sarcófagos que, ocasionalmente, estaban todavía ocupados por sus antiguos propietarios.
En el siglo XVI las momias llegaron a las boticas ingresando en la farmacopea universal como un eficaz remedio para todos los males, siendo conocido como el 'polvo de momia' o "mumia"; este exótico remedio tuvo un gran éxito (especialmente en el tratamiento de úlceras, huesos rotos, epilepsia y dolor de muelas), por lo que se llegó a establecer un verdadero tráfico de cadáveres desde Egipto, aunque la picaresca humana no tardó en crear momias falsificadas con el fin de satisfacer la demanda impuesta por la gente.
Y dejando a un lado a los boticarios, los médicos también se interesaron por las momias y el 16 de diciembre de 1763, el doctor John Hadley reunió a un grupo de cirujanos para realizar la primera apertura "científica" de una momia aunque, todo hay que decirlo, el sujeto utilizado para ello no permitió obtener grandes resultados. Posteriormente el médico y antropólogo alemán Johann Blumenbach llegó a Inglaterra en 1792 y, junto al presidente de la Royal Society, estudió su primera momia; el objeto del estudio resultó ser una estafa, ya que era un simple bulto relleno de vendajes de lino, aunque lo que en un principio fue un desastre, el final resultó ser un éxito, pues muchos 'propietarios' de momias acudieron a él para que les aclarase si sus reliquias eran falsas o verdaderas, y aunque sus resultados científicos fueron en general decepcionantes, lo cierto es que resultó un gran descubridor de los muchísimos fraudes que rodeaban al incipiente mundo de la egiptología...
Unas momias egipcias de verdad:
Seti I, junto a otras anónimas
encontradas en la necrópolis de Dush.
Se produjo con el tiempo una gran aficción a actuar como "abridores de momias", por lo que con el tiempo fueron utilizadas en Europa como un simple instrumento de diversión. A lo largo de todo el siglo XIX se organizaron verdaderos espectáculos morbosos de 'desfajado de momias', unas reuniones pseudoculturales de dudoso valor científico y a donde era invitado un público selecto. Esto duró hasta junio de 1881 con el descubrimiento del escondite de Deir el-Bahari, donde los arqueólogos se dieron cuenta de la necesidad de conservar a las ilustres momias descubiertas. Así las reuniones de desfajado pasaron a ser verdaderas autopsias; incluso en 1896, sólo un año después del descubrimiento de los rayos X por Röntgen, ya se aplicaron técnicas radiográficas a las momias. Posteriormente han contribuido al estudio de las momias la xerografía, la tomografía axial computerizada (TAC), la tomodensitometría, la ecografía, la endoscopia, los estudios analíticos sanguíneos e histológicos, microanálisis físicos y químicos, técnicas de datación como el carbono 14 o la racemización de los animoácidos, llegando hoy en día al uso de técnicas más próximas a la medicina forense o a la policía judicial...Existe un concepto equívoco, pero muy extendido por desgracia, en cuanto al objetivo que tenía la momificación entre los egipcios, y en parte estas erróneas ideas se las debemos a la cultura (o incultura) cinematográfica. El cine nos muestra, casi constantemente, la necesidad de reencarnarse por parte de la persona momificada o de la persona amada por ésta en el pasado. Pero los egipcios no creían en la reencarnación tal y como nos la muestran; en realidad consideraban que la muerte era un simple paso entre dos vidas y, para que diera comienzo esa nueva vida, el cuerpo debía reunirse con los elementos espirituales que lo animaban; por ello la envoltura corporal debía ser conservada en las mejores condiciones posibles pues, si era destruída, supondría la muerte definitiva de la persona... Y lo habitual era, por desgracia, que los cuerpos fueran incordiados y molestados en su viaje hacia la eternidad, cuando no maltratados o destruidos, por los ladrones de tumbas...
Estas falsas ideas junto con el curioso tabú sobre la muerte que tiene nuestra sociedad, ciertos conceptos derivados de la superstición del pueblo egipcio, y un suceso histórico que debería haber estado más próximo a un acontecimiento humorístico que al miedo, han sido posiblemente los antecesores del ambiente de terror que rodea a las momias.
El hecho histórico al que nos referimos nos remonta al año 1902, cuando se inaguró la nueva sede del actual Museo de El Cairo y diversas momias fueron trasladadas a una de sus plantas. El escritor francés Pierre Loti, que estuvo presente, vió los restos de la momia de Ramsés II y comentó cómo, por efecto de la temperatura, se produjo una contracción de los tendones del brazo izquierdo y, por ello, su movimiento, lo cual provocó la huida de los guardias y, cómo no, el nacimiento de la leyenda sobre las momias que vuelven a la vida.
Por otra parte las creencias supersticiosas egipcias sustentaban la idea de la existencia de una "maldición" que afectaría a aquellos que se arriesgaran a turbar el sueño de los muertos. Estas amenazas se sobreentendieron como reales al encontrar ciertas inscripciones en algunas necrópolis, como la descubierta en la tumba de Ursu de la XVIII dinastía, 1570-1320 a.C. ("El que profane mi cadáver en la necrópolis y rompa mi estatua en mi tumba será un hombre odiado por Ra; no transmitirá sus propiedades a sus hijos, su corazón no estará satisfecho en vida, no podrá recibir agua en la necrópolis y morirá de sed en el otro mundo, y su alma será destruida para siempre"), o la encontrada en la tumba de Peteti, un artesano que trabajó en la construcción de las pirámides ("Nunca hice nada malo en mi vida, por eso los dioses me aman. Si alguien toca mi tumba, se lo comerá un cocodrilo, un hipopótamo y un león...", aunque parece ser que por alguna razón su mujer decidió ampliar esta maldición añadiendo a la inscripción original "y un escorpión, y una serpiente..."). Este concepto se asimiló perfectamente en Europa y en América desarrollándose la idea de la supuesta existencia de una energía psíquica concentrada que se escondería en las tumbas, y que bebía directamente de las ideas espiritistas de la época. Curiosamente y pese a estar perfectamente asumido el concepto de maldición por el pueblo egipcio, esto no desanimó a los muchísimos ladrones de tumbas que se enriquecieron (o simplemente sobrevivieron) a costa de invadir las tumbas, robar en los sarcófagos y ultrajar a sus moradores...
Una de las maldiciones funerarias más famosas de todos los tiempos es indudablemente la que se relaciona con el descubrimiento de la tumba de Tutanhkamón, un jovencísimo y oscuro faraón de la XVIII dinastía. Este descubrimiento fue el gran estimulante de la arqueología cuando ya se pensaba que estaba todo descubierto: actuó abriendo el baúl de las maravillas, estimuló la fantasía de casi todo el mundo y dió, inconscientemente, una nueva visión sobre las momias... especialmente por parte del cine, que relanzó la imagen de unas momias tan bien conservadas que llegaban a sobrevivir a la propia muerte, unos fantásticos tesoros con los que eran enterradas y, cómo no, una maldición que sobrevendría inexorablemente al aventurero arqueólogo que tuviera la osadía de profanar el sueño de los muertos.
El cine entre sarcófagos, vendas y maldiciones
El cine ha tenido un referente en la literatura de los "monstruos" vistos anteriormente. En realidad, la Momia como ser terrorífico pasó al cine casi directamente desde los trabajos arqueológicos, aunque bien es cierto que también existió cierta literatura previa (y ciertamente no escasa) que directa o indirectamente abrió el camino hacia el conocimiento de un país misterioso como Egipto y a los seres momificados, posiblemente estimulada por la egiptomanía que ya hemos comentado antes.
La primera obra escrita que se refiere a las momias hay que buscarla en la época de las famosas reuniones de desfajado de momias; una de estas reuniones realizada en Londres cerca de Picadilly Circus, animó a un joven de 25 años llamado Jane Loudon Webb a escribir en 1822 un relato titulado "La Momia" (The Mummy! or A Tale of the Twenty-Second Century), que sitúa la acción en un futuro siglo XXII cuando una momia vengativa vuelve a la vida para estrangular a la joven arqueóloga que la estudiaba.
Un autor norteamericano frecuentemente reconocido como maestro del relato corto (aunque siempre hay quien lo quiere hacer maestro del relato de terror pese a haber escrito cuentos de todo tipo) llamado Edgar Allan Poe (1809-1849), escribió "Conversación con una momia" (1845), una obra donde no existe nada de terrorífico y sólo se conversa para convencer a una momia revivida llamada Allamistakeo (un juego de palabras del autor: all a mistake, un puro engaño) sobre la superioridad de la edad moderna; esta obra se encuentra en la misma línea que "La novela de una momia" (1958) del francés Théophile Gautier (1811-1872). Posteriormente en 1869 otra estadounidense, Louisa May Alcott, más conocida como la autora de la clásica novela "Mujercitas", cambió de registro volviendo al terror y escribió una historia corta llamada "Perdido en la Pirámide: la Maldición de la Momia".
Más interesante resulta el médico y escritor británico Arthur Conan Doyle (1859-1939), cuya obra "Lot Nº 249" del año 1892, es considerada por algunos la verdadera historia de terror sobre las momias vivientes, que en 1990 se llevó a la pantalla grande de la mano de John Harrison con el título de "Tales from the Darkside: The Movie", una película basada en tres cuentos de terror, uno de ellos el que nos ocupa, y traducida en España como "El gato infernal", título perteneciente a otro de los cuentos incluídos aunque en este caso del popular Stephen King.
El siguiente escritor que presenta cierto interés por el tema que nos ocupa es Bram Stoker (1847-1912), al que ya conocemos del capítulo dedicado a Drácula, pues es el autor de "La Joya de las Siete estrellas" (1903), que trata de la resurrección de la reina Tera cuyo perverso deseo es apoderarse del cuerpo de una muchacha joven, obra que se supone sirvió de base inicialmente para la película más clásica sobre las momias ("La Momia" de la Universal). Ese mismo año, Sax Rohmer (1883-1959), un apasionado de la egiptología, escribió su primer relato publicado titulado "La momia misteriosa", aunque en la actualidad es más conocido por sus obras sobre un misterioso personaje llamado Fu-Manchú. Algernon Blackwood escribió "La Némesis de Fuego" (1908) un caso de John Silence, el investigador de lo oculto que tan buenos réditos le dió y que ya hemos visto en el capítulo dedicado al hombre lobo. El conocido Tennessee Williams (1911-1983) también fue seducido por Egipto a los 17 años y bajo el pseudónimo de Thomas Lanier escribió "La venganza de Nitocris", una historia de sobre la vengativa reina de la VI Dinastía.
Desde entonces surgieron en la literatura terrorífica diversas obras con el Egipto misterioso o las momias como tema central: "La Maldición de Amen-Ra" (1932) de Victor Rouseau, "Monkeys" (1933) del arqueólogo británico enamorado de Egipto Edward Frederick Benson, "Bones" (1941) del americano Donald Allen Wollheim... El sobresaliente autor de los llamados Mitos de Cthulhu, Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) desde su poema "Nyarlathotep" (1920) donde incluyó a este ser en la mitología egipcia, estimuló la asociación entre egipcios, momias, brujos y monstruos cósmicos, llegando a escribir en colaboración con el mago Harry Houdini el angustioso relato "Encerrado con los faraones" (1924), mientras que seguidores suyos como Robert E. Howard publicaba "Rostro de Calavera" (1929) donde Kathulos, un hechicero egipcio momificado vuelve a la vida para dominar el mundo, y Robert Bloch escribía "El secreto de Sebek" (1937) o "Los ojos de la momia" (1938).
Por otra parte, otro tipo de literatura siguió paralelamente estimulando la imaginación sobre una época perdida en un misterioso país, y aquí encontramos con la maravillosa obra de un escritor finlandés llamado Mika Waltari (1908-1979), que habla sobre la vida de un médico egipcio en tiempos de Akhenatón, nos referimos a "Sinuhé, el egipcio" (1939). Y lo mismo podríamos decir en la actualidad de la abundante producción literaria del egiptólogo francés Christian Jacq, cuyo éxito revela la realidad de la egiptomanía en la actualidad...
"La Momia" de la Universal, dirigida
por Karl Freund en 1932, abrió el
camino a un nuevo mito del terror.
En lo que se refiere a la producción cinematográfica también podemos hablar de dos vertientes: una dedicada a la civilización egipcia en general y otra dedicada al ámbito del terror en particular, con especial referencia a la magia, a las momias y a las maldiciones...
Dentro del primer grupo nos encontramos con películas tan conocidas como "Los diez mandamientos", una obra de Cecil B. De Mille que data de 1923 y que repitió en 1956, "El Valle de los Reyes" de Robert Pirosh y "Sinuhé, el egipcio" de Michael Curtiz ambas de 1954, o "Tierra de faraones" que Howard Hawks dirigió al año siguiente; también son de destacar "Nefertiti, reina del Nilo" (1961) de Fernando Cerchio, la más famosa "Cleopatra" (1963) de Joseph L. Mankievicz (aunque Georges Méliès ya rodó una primeriza película con el mismo título en 1899), o "Faraón" (1969) del polaco Jerzy Kawalerowicz que estuvo nominada al Oscar como mejor película extranjera. Egipto ha sido escenario de fondo para guionistas y directores tanto en películas de intriga como "Muerte en el Nilo" (1978) basada en una obra de Agatha Christie, otra enamorada de este fascinante país, o "La Esfinge" (1981), otra película de trama policíaca basada en un libro de Robin Cook, como en películas de aventuras como la famosa de Steven Spielberg "Indiana Jones. En busca del Arca Perdida" (1981), o las de ciencia ficción como "Stargate, puerta a las estrellas" (1994) donde se establecen similitudes entre civilizaciones egipcias y extraterrestres y donde se entrecruza la mitología egipcia con la invasión y tiranía de seres cósmicos, y cuyo éxito ha dado lugar posteriormente a una serie de televisión...
Pero será el segundo grupo el que nos interesará ahora. Sorprendentemente, la momia resulta ser uno de los clásicos monstruos del cine con más películas en su haber, y aunque la gran mayoría son de bastante baja calidad, esto no hace que el ser humano deje de ser atraído constantemente por esta misteriosa representación de la muerte...
Las películas sobre momias aparecen muy pronto en la historia del cine: la primera es una película muda de Gerard Bourgeois llamada "Le momie du roi" (1909), luego aparecieron otras como "The Mummy (1912), "Le Momie" (1913) y "The Egyptian Mummy" (1914). Como ya podemos ver y como veremos posteriormente, este tipo de películas han destacado sobretodo por la sobriedad y poco originalidad a la hora de ponerles títulos.
La referencia más importante en este tipo de cine corresponde lógicamente a "La momia" (1932) que Karl Freund dirigió para la Universal, donde aparece un fantásticamente maquillado Boris Karloff que asume en la película la personalidad de Imhotep (nombre del que fuera históricamente un gran constructor de pirámides, sacerdote y médico) en busca de su amada Ankh-es-an-Amón (el mismo nombre que la mujer y hermanastra de Tutanhkamón). El tremendo éxito de esta película hizo que, como había sucedido con películas anteriores en la línea del terror de la misma productora, se hicieran secuelas y más secuelas: "La mano de la momia" (1940) con un vaquero como Tom Tyler haciendo de la momia Kharis, o la serie donde Lon Chaney Jr continuó con el registro de la momia Kharis en busca de su amada reencarnada con "La tumba de la momia" (1942), "El fantasma de la momia" (1944) y "La maldición de la momia" (1944), serie que definió y caracterizó a las momias resucitadas como seres semiparalíticos y de movimientos lentos capaces, sorprendentemente, de desplazarse hasta lugares insospechados, atrapar chicas guapas y asesinar a sus enemigos. Como pasa siempre, la mala calidad de estas últimas hizo que decayera el tema, dando pie a que surgieran obras cómicas como la poco conocida "Mummies Dummies" (1948) o la ya clásica "Abbot y Costello contra la momia" (1955) de Charles Lamont, en la misma línea de la realizada anteriormente por estos cómicos en 1948.
Durante este paréntesis de ideas, otros directores intentaron atraer al público mostrándoles que las momias no son sólo de origen egipcio. Así surge la serie mexicana sobre momias, con "La momia azteca" (1957) de Rafael Portillo donde se mezcla la hipnosis y las reencarnaciones y surge el diabólico Dr. Krupp, y las tremendas continuaciones del mismo director "La maldición de la momia azteca" (1957) o "La momia azteca contra el robot humano" (1958).
Momias cinematográficas:
Boris Karloff, Lon Chaney Jr. y Arnold Vosloo junto a su 'alter ego' infográfico.
Tal y como sucedió con otras series de monstruos, la británica Hammer retomó con gran éxito la idea original y realizó "La Momia" en el año 1959, dirigida por uno de sus directores preferidos, el ya conocido Terence Fisher, y con sus dos actores talismán, Christopher Lee y Peter Cushing. Gracias a esta película volvieron a producirse películas de miedo con momia incluida: "Belphégor ou le Fantome du Louvre" (1965) del francés Claude Barma (de la que luego se hizo un remake en 1991 con el título de "La Máscara del Faraón", donde se nos muestra la 'azuela', instrumento utilizado durante la momificación y los funerales con la simbólica función de dar el soplo de vida al difunto durante el rito de apertura de la boca), "El sudario de la momia" (1967) de John Gilling donde lo más novedoso es que se habla egipcio antiguo, "Sangre en la tumba de la momia" (1971) de Seth Holt que, en un intento de relanzar a este ser terrorífico, la basó en parte en la obra original de Bram Stocker...
No hay duda que la obra de Fisher fomentó la aparición de las sosas tonterías ya habituales de los años sesenta como "Yo fui una momia adolescente" (1962) de Ralph C. Bluemke, hasta la creación de obras más serias como "La Momia (Al-Mumiya)" (1969) del egipcio Shadi Abdel Salam, basada en los hechos reales del descubrimiento del escondrijo de Deir el-Bahari, y que pese a ser muy poco comercial es una de las obras que más conecta con el espíritu del antiguo Egipto, mostrando a las momias como personas que vivieron y dejaron una herencia cultural para las nuevas generaciones. Por otra parte, las momias cuyo origen no era egipcio, no tuvieron un gran desarrollo; aparecieron las típicas obras de Rodolfo Guzmán Huerta, más conocido como 'El Santo, el Enmascarado de Plata', un famoso luchador mexicano de catch profesional que popularizó las 'películas de miedo' entre los jóvenes españoles e hispanoamericanos de la época, con "Las momias de Guanajuato" (1970) de Federico Curiel donde muchos conocieron las famosas momias del cementerio de la ciudad mexicana de Guanajuato, unos cuerpos deshidratados de forma espontánea en un proceso que viene a durar unos cinco años y que actualmente se encuentran expuestas en un museo de la ciudad, así como "El robo de las momias de Guanajuato" (1972) o "El castillo de las momias de Guanajuato" (1973) de Tito Novaro y que se mantenían en la misma línea. También aparecieron las españoladas "El secreto de la momia egipcia" (1974), una mezcla de momias con mujeres hermosas, perversiones eróticas, vampiros y científicos locos, y "La momia nacional" (1981), que se inscribe en la linea de la anterior; o "El Látigo contra las momias asesinas" (1980) del mexicano Angel Rodríguez, con el personaje de Látigo claramente inspirado en el californiano Zorro. Pero pese a este pésimo cine surgieron también obras interesantes sobre maldiciones como "El despertar" (1980) de Mike Newell, basada también en la obra de Stoker y con Charlton Heston haciendo de egiptólogo investigando sobre la princesa Kara, o "El despertar de la momia" (1982), de Frank Agrama y Armand Weston, que aproxima el cine de momias al cine de zombies...
Momias en el cine: Feas, grandes, vendadas,
más o menos sucias, pero malvadas y vengativas.
Más recientemente podemos destacar "La sombra del faraón (Thalos, la momia)" (1998), de Russell Mulcahy y que nos devuelve burdamente a las películas de series B donde podemos ver de nuevo a Christopher Lee en un registro diferente al de momia; "El grito de la momia" (2000) de David DeCoteau, una de las peores películas que se han podido ver últimamente sobre el tema, con seis jóvenes y ridículos estudiantes de arqueología que descubren los restos de una antigua momia azteca y que por accidente liberan siniestras fuerzas del mal por las que se dejan matar tontamente...
"Bubba Ho-Tep" (2002) de Don Coscarelli es, en cambio, una de esas rarezas dentro de las rarezas que ha llegado a ser considerada una película 'de culto' clasificada en el humor-horror geriátrico, basada en una novela del fundamental y casi desconocido Joe R. Lansdale, y donde Elvis Presley (representado por Bruce Campbell) vive y reside en una vieja residencia al este de Texas y forma equipo con Jack, un compañero de la residencia que dicer ser el presidente JFK pese a ser de raza negra (Ossie Davis); estos son los héroes que lucharán desde la decrépita vejez de vejigas sueltas contra una maligna entidad egipcia en forma de momia con botas con una curiosa forma de sorber la vida humana... Finalmente nos queda mencionar "La Momia" (y venga títulos originales) del año 1999, dirigida por Stephen Sommers, en la cual acompañamos a Brendan Fraser en el papel del aventurero Rick O'Connell, a Rachel Weisz como la joven egiptóloga Evelyn Carnahan, y a Arnold Vosloo como sacerdote y momia, en una divertida aventura llena de efectos especiales que nos hace pasar un buen rato (en el fondo existe un recordatorio a la película de Karloff, donde la momia y su amada tienen el mismo nombre). Lo mismo diremos de su continuación dos años después, con el mismo director y actores, "El retorno de la Momia": más aventuras y diversión con una momia ágil y con poderes ultraterrenos que por suerte ha dejado de ser semiparalítica... Ambas películas se alejan del terror tradicional para traernos simples comedias de aventuras...; así no es de extrañar que al año siguiente apareciera "El Rey Escorpión", película que quería ser continuación de las anteriores, aunque sólo tiene un frágil hilo de conexión, ya que es una simple escusa para traer más aventuras egipcias y promocionar a su personaje principal, un musculitos llamado Dwayne Johnson y más conocido como 'The Rock'...Visto lo visto, el terror ya no es lo que era... Y la medicina lo único que hace es quitar los temerosos flecos que podrían quedar o, simplemente, encogerse de hombros y no opinar...
Medicina: momificaciones, maldiciones e incorruptibilidad
En este apartado la medicina podría hablar sobre la momificación y sus métodos, sobre las supuestas maldiciones como foco de enfermedad y muerte, y sobre el paralelismo entre la supervivencia artificial del cuerpo y la natural. Intentemos no extendernos mucho y entremos de lleno en el tema...
- Desde el punto de vista de la Medicina Forense, existen diversos procesos conservadores naturales de los cadáveres capaces de interrumpir la putrefacción cadavérica:
1.- La momificación, consistente en la rápida desecación del cadáver por evaporación del agua de sus tejidos, lo cual impide que los gérmenes puedan desarrollarse y continuar con la putrefacción. Comienza con las partes expuestas del cuerpo, que se encogen y toman un color parduzco o negro, aunque a veces por la retracción de la piel algunas células adiposas estallan y la grasa se infiltra en el tejido dérmico haciéndose translúcido; los órganos internos también se reducen, endurecen y oscurecen.
El tiempo de momificación puede ser muy variable, entre 1 y 12 meses, lo cual depende de una serie de condiciones ambientales (ambiente caliente y seco, temperaturas elevadas, zonas con corrientes de aire con mucho oxígeno, proximidad a sustancias higroscópicas como el nitrato potásico...) e individuales (personas delgadas o niños que se deshidratan fácilmente, muertes con pérdidas de líquidos como diarreas o hemorragias, tratamientos intensivos con antibióticos que destruirían las bacterias intestinales, y posiblemente el sexo, pues parece ser más frecuente en las mujeres).
2.- La saponificación es un proceso que trasforma el cadáver en una sustancia grasa, untuosa, viscosa y húmeda, que al secarse al aire adquiere una consistencia dura y granulosa; esta sustancia, que se encuentra a mitad de camino entre la grasa y la cera, se conoce con el nombre de 'adipocira'.
Este proceso se inicia siempre desde el exterior del cadáver hacia el interior, pudiendo ser total o parcial. Para que se produzca también precisará de una condiciones ambientales (cadáver sumergido en agua o en un suelo con arcilla húmeda, o simplemente cuando se encuentran amontonados unos con otros) y particulares (niños pequeños y mujeres que presentan más grasa subcutánea, sujetos obesos o con enfermedades que originen una degeneración grasa como es el alcoholismo...).
3.- La corificación es un proceso conservador donde la piel asume un aspecto uniforme de cuero recién curtido, de color gris amarillento, consistente pero con cierta flexibilidad pese a ser resistente al corte. las vísceras, la musculatura y el tejido celular subcutáneo reducen su volumen, mientras que las articulaciones, al contrario que en la momificación, conservan cierta flexibilidad.
Este fenómeno se produce en ambientes herméticos como cuando el cadáver se encuentra dentro de una caja de zinc sellada. Fisiológicamente se parece más a un proceso de embalsamamiento, pero natural.
- Otro grupo estaría constituido por cuerpos sometidos a procesos conservadores artificiales para mantenerlos con aspecto de vida, y en este es donde encontramos a las famosas momias egipcias...
- La idea de la momificación egipcia parece ser que surgió al comprobar cómo un cadáver enterrado en un simple hoyo del desierto se conservaba por el efecto secante de la arena. Cuando las tumbas fueron más elaboradas para guardar también las ofrendas realizadas y el ajuar funerario, los cuerpos se pudrían rápidamente al no tener el efecto secante de la arena del desierto, por lo que al principio se fajaron para aislarlos del medio y se impregnaron con resinas para conservar la forma corporal. A finales de la III Dinastía, se retiraron también las vísceras (hígado y vesícula biliar, pulmones, estómago, intestino grueso y delgado) a través de un agujero practicado en el costado izquierdo y se colocaron en los célebres vasos canopes (excepto el corazón, ya que era el centro de los sentimientos, la conciencia y la vida, por lo que no podía separarse del cuerpo). Durante el Imperio Nuevo también se realizaba la ablación del cerebro a través del orificio nasal izquierdo, introduciendo luego una resina líquida que se solidificaba rápidamente, luego se limpiaba el cuerpo con aceite de cedro, se cubría con natrón y, una vez deshidratado, se lavaba con agua del Nilo y se ungía con bálsamos para darle flexibilidad y color (la técnica, eso sí, difería bastante según el nivel social del muerto). Durante la XXI Dinastía se llegaron a realizar técnicas plásticas mortuorias para que el sujeto tuviera formas más redondeadas: introducción de arcilla o serrín bajo la piel, trozos de tela para dar formas e incluso prótesis de vidrio o madera para los globos oculares...
- También existen otras momificaciones arcaicas dignas de mención, pues la momificación se ha realizado artificialmente entre los árabes, judíos, chinos, incas, guanches... Por desgracia, muchas de sus técnicas se han perdido con el tiempo, como son las momias más antiguas del mundo, las de Arica de la cultura Chinchorro, que se momificaban rellenando el cuerpo con distintos materiales como paja o piedra...
En el Perú se sustituían los tejidos blandos con arcilla y el esqueleto se acompañaba con materiales de refuerzo procediéndose a rellenar el cuerpo con hierbas, luego se efectuaba la desecación por fuego, luego se curaba el cuerpo con humo, se untaba con betún, bálsamo y otras resinas. En Siberia, se extraían el cerebro y las vísceras, se rellenaban las cavidades corporales con hierbas, musgos y sustancias aromáticas y posteriormente se procedía a la congelación gradual del cuerpo. En el Tibet se momificaban los cuerpos de los lamas más importantes; quitaban las vísceras y la cavidad abdominal se rellenaba con compresas saturadas en laca, envolviendo el cuerpo en seda laqueada, luego se secaba en un cuarto lleno de sal en el que se introducía durante varios días aire caliente, terminando al final por enfriarlo y desvendarlo, cubriéndolo posteriormente con láminas de oro para sentarlo en una habitación junto a otros antiguos lamas dorados...
- Y finalmente, unas palabras sobre las momificaciones modernas. Estas técnicas de embalsamamiento suelen realizarse por motivos religiosos o legales; en la actualidad se han realizado incluso por un supuesto 'arte plástico', realizando exposiciones siempre controvertidas. Pero de lo que no hay duda es que la mayoría de las más famosas "momias modernas" lo han sido principalmente por motivos políticos: Vladimir Ilich Ulianov Lenin (1870-1924), María Eva Duarte de Perón (1919-1952), Ho Chi Minh (1890-1969), Mao Zedong (1893-1976)...
Las técnicas de embalsamamiento suelen basarse en una inyección intraarterial de un líquido fijador y conservador que actúa, de paso, drenando la sangre venosa, y de una inyección del líquido conservador intracavitaria en tóraz y abdomen, así como una serie de maniobras estéticas sobre el cadáver (prótesis oculares, taponamiento o sutura de orificios naturales, afeitado, maquillado facial, etc.). Aunque cada país suele utilizar una fórmula conservadora, en ocasiones con patente secreta (véanse la técnicas 'Aeternitas' o 'Vitamortis'), casi todas suelen incluir formaldehido, alcohol etílico, glicerina o glicoles, compuestos fenólicos, sales inorgánicas, ácido benzoico, ácido salicílico...; un método parecido se utilizó con el papa Angelo Guiseppe Roncalli (1881-1963), más conocido por Juan XXIII, que solicitó a su médico que le embalsamara pues no quería que su cuerpo oliera a descomposición tras la muerte. Ocasionalmente se intentaron técnicas de petrificación con aceite de semilla de lino mezclado con deuterocloruro de mercurio o por técnicas galvanoplásticas como la de Variot, con la que creaba una especie de armadura al cadáver; el doctor español Pedro Ara Sarriá desarrolló con el cadáver de Eva Perón una técnica que resultó superior a las anteriores denominada parafinización, aunque se llevó el secreto a la tumba.
Ultimamente se ha puesto de moda la plastinación, una novedosa técnica de plastificación de cadáveres que permite una conservación casi ilimitada así como una estética extremadamente realista de los mismos, por el cual se remplaza el agua de las células por acetona fría y a continuación ésta por una materia plástica. Este método fue realizado por el polémico médico alemán Gunther von Hagens desde 1977; este personaje intentó revitalizar los llamados "teatros anatómicos" existentes en la Europa del siglo XVI y que perduraron hasta principios del XIX, donde se realizaban autopsias en público; sorprendentemente y por primera vez desde 1830, lo consiguió en noviembre de 2002, realizando una autopsia pública en Londres. Sus alegaciones para evitar una condena judicial cuando adujeron no contaba con un permiso para importar y exhibir los cadáveres en el país, se basaban en que la importación y muestra de momias egipcias por parte del Museo Británico de Londres se había realizado sin un permiso de ese tipo...
Y unas palabras sobre un método próximo a la ciencia-ficción y de dudosa moralidad, ya que no puede, hoy por hoy, prometer lo que promete. Hablamos de la criogenización, método que se aplica al cuerpo de las personas que se están muriendo de enfermedades incurables, durante el cual son congelados en un estado de animación suspendida en cilindros controlados por termostatos, para ser descongelados y reanimados en tiempos futuros cuando la ciencia haya encontrado alguna cura para sus enfermedades particulares...
- Existe un fenómeno del que no nos podemos olvidar y que supone la conservación del cuerpo cadavérico sin o con muy escasa putrefacción, y que no entraría en los grupos antes comentados. Hablamos de la incorruptibilidad.
Es la única forma de preservación que no obedece a ninguna ley, porque no depende ni de la forma del enterramiento, ni de la temperatura ambiental, ni del lugar del entierro...; no se sabe por qué en las mismas condiciones de enterramiento el fenómeno se produce en unas personas y en otras no, o por qué éste fenómeno se produce más frecuentemente en personas con fama de santos.
El conocimiento de los llamados "incorruptibles" aparece en los tempranos días de la cristiandad, y los cadáveres que se conocen datan como mucho desde sus inicios. El primer documento que se considera como prueba de la incorruptibilidad data del siglo IV, y fue redactado por el secretario de San Ambrosio, obispo de Milán, donde describe en una carta dirigida a San Agustín, el descubrimiento del cuerpo preservado del mártir Nazario enterrado en el jardín de las afueras de la ciudad.
Para los cristianos la incorruptibilidad es signo de influencia divina y santidad. Sería una manifestación de Dios para mostrarnos su valía, preservando su cuerpo de la corrupción de la muerte, y señalando de esta forma el camino de deberían seguir sus fieles. Este fenómeno es tenido en cuenta, aunque nunca se considera fundamental, en los procesos de canonización de la Iglesia Católica.
La incorruptibilidad: 1) Sor María de Jesús; 2) San Vicente de Paúl;
3) Verónica Giuliani; 4) San Juan Bautista Vianney, el "cura de Ars".
Lo que llama la atención en estos cuerpos es que muchos de ellos se mantuvieron o mantienen incorruptos bajo unas condiciones que favorecen la destrucción de los cuerpos. Hay casos que estuvieron expuestos muchos días al aire libre antes de ser enterrados (San Bernardino de Siena, Santa Angela Merici, Santa Teresa Margarita del Sagrado Corazón...), otros intentaron ser destruidos deliberadamente incluso con cal viva (San Francisco Javier, San Juan de la Cruz, San Pascual Bailón...), algunos se encontraron sometidos a la acción de la humedad que llegaba incluso a destruir sus ropas o el ataúd (Santa Catalina de Génova, Santa María Magdalena de Pazzi, Santa Magdalena Sofía Barat, Santa Teresa de Avila, Santa Catalina de Siena, San Carlos Borromeo...), otros fueron expuestos al aire libre (como el cuerpo ahorcado de San Coloman), arrojados a las aguas del río (San Josafat) o destrozados con el martirio, desollados y mutilados (San Andrés Bobola)... En la historia eclesiástica los santos y beatos incorruptos se suceden continuamente: el fundador de los salesianos San Severino, el patrón de Madrid San Isidro Labrador, San Vicente de Paúl, San Juan Bautista María Vianney conocido como el 'cura de Ars', Sor María de Jesús, Sor Verónica Giuliani, la beata Ana María Taigi, Jacinta Marto una de las pastorcillas de Fátima o Bernardette Soubirous una de las testigos de Lourdes...
Se han relatado una serie de fenómenos concomitantes a la incorruptibilidad:
La medicina tiene problemas para explicar estos fenómenos. Quizá algunos se expliquen por las características del enterramiento o por la existencia (no demostrada) de una zona de radiactividad; es posible que otros puedan explicarse por una especie de automomificación al someterse muchos de ellos a dietas ascéticas o ayunos prolongados, similar a los resultados obtenidos por sacerdotes japoneses del budismo shingon. Puede que la saponificación de algunos cadáveres pudiera dar lugar a la formación de aceites (aunque bien es cierto que los cuerpos saponificados despiden muy mal olor, mientras que los aceites destilados suelen definirse como fragantes, dulces o perfumados), las luces misteriosas podrían deberse a la emisión de fósforo de los huesos como los famosos fuegos fatuos de los cementerios... Puede que otros casos tengan una explicación más sencilla, un simple fraude (consciente o inconsciente) realizado por los devotos de los santuarios o las órdenes religiosas, pues muchas veces la religión se ciega por el fanatismo; así sucedió, por ejemplo, con Santa Margarita de Cortona, considerada incorrupta durante muchos años, hasta que tras examinar el cadáver encontraron bastas suturas quirúrgicas e indagando en los archivos y registros históricos se encontró una petición pública y popular para que se embalsamara el cuerpo, hecho que la memoria perdió con el tiempo y la fe dió por supuesto que su conservación tenía un carácter divino. La verdad es que, al no darse en estos tiempos dichos fenómenos, la ciencia poco puede estudiar respecto a ellos, y en ocasiones el acceso a los cuerpos se encuentra limitado por las autoridades religiosas.
- la exudación o destilación de un líquido semejante al aceite o el agua (Santa María Magdalena de Pazzi, San Camilo de Lelis, San Hugo de Lincoln, Santa Walburga, San Nicolás de Bari, Santa Inés de Montepulciano o Santa Teresa de Avila)
- la emisión de aromas u olores como una fragancia delicada, intensa y agradable, lo que el el mundo católico se conoce como "olor de santidad" (San Juan de Dios, San Juan Facundo, San Vicente de Paúl, Santo Tomás de Villanova, San Alberto Magno, Santa Rita de Casia)
- la flexibilidad articular y ausencia de rigidez cadavérica (Santa Catalina Labouré, Santa Catalina de Bologna, Santa Clara de Montefalco, San Juan de la Cruz, Beato Alfonso de Orozco)
- la emanación de sangre fresca (San Germán de Pibrac, San Nicolás de Tolentino, San Francisco Javier, San Josafat, San Juan de la Cruz)
- la aparición de luz en cuerpos y tumbas (San Guthlac, San Luis Bertrand, San Antonio de Stroncone, Santa Juana de Lestonnac)...
- Y para terminar, unas palabras sobre las famosas maldiciones faraónicas donde beben la mayoría de las películas de momias (aunque serían aplicables también a cualquier época, país, momia o ser sobrenatural que se precie...).
La maldición de Tutanhkamón se supone que se inició el 4 de noviembre de 1922, cuando el arqueólogo británico Howard Carter encontró la tumba de este faraón en el Valle de los Reyes. El 25 de noviembre, Carter acompañado de Lord Carnarvon, mecenas de la expedición, rompió los sellos y entró en la tumba, y tres meses después, el 17 de febrero de 1923, se abrió el sarcófago del faraón muerto aunque Lord Carnarvon no estuvo presente debido a que se encontraba enfermo... Y aquí arranca el terrible relato de la maldición...
Tras la apertura oficial de la cámara, Lord Carnarvon se trasladó a Asuán para descansar y allí sufrió la picadura de un insecto en la mejilla izquierda y, posteriormente, al afeitarse se cortó sobre la zona inflamada; el 14 de marzo se encontraba débil y agotado por la fiebre y el 5 de abril fue diagnosticado de septicemia y neumonía, y con una fiebre superior a los 40º y delirando falleció a la 1:50 de la madrugada (unos 5 meses después del descubrimiento de la tumba), siendo sus últimas palabras: "He escuchado su llamada, y le sigo". Quizá todo abría acabado aquí, pero su hijo contó que se produjo un apagón de luces en la ciudad sin que la central eléctrica lo pudiera explicar, y que al mismo tiempo que fallecía su padre, moría también en Londres su perra Susie... Esta curiosidad dió lugar a que una escritora escocesa llamada Minnie Mackey (que escribía bajo el pseudónimo de María Corelli) publicara en los periódicos una advertencia inventada: "Los más horribles castigos perseguirán a quien temerariamente invada una tumba cerrada", quizá basada en las antiguas creencias egipcias que decían que "el Faraón llamará a aquel que viole su tumba", o recordando las presiones ejercidas por una multitud de nativos que recorrían las excavaciones gritando "Maldición, maldición, malditos..."
La cosa agradó a los periódicos que gustaban de noticias llamativas para promover su venta, y unos recopilaron hechos previos para dar forma a esta 'maldición', y recordaron que antes de abrir la tumba Carter fue picado en una mano por un escorpión, que una culebra entró en su casa y se comió a su canario favorito y que, además, se vió un halcón sobrevolando la tumba y desapareciendo hacia el oeste, considerada la dirección del "otro mundo". Otros dijeron que se había encontrado una tablilla de arcilla con una inscripción que advertía a los arqueólogos ("La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del faraón", según otros decía "La muerte llegará sobre alas veloces a quien toque la tumba del Faraón", aunque la verdad es que existen múltiples versiones sobre esta advertencia); parece ser que dicha tablilla pasó desapercibida en un principio, para colmo no se fotografió y finalmente se dió por perdida..., sospechosamente ideal para aportar más misterio al caso.
Intentaremos resumir, pues la cosa se alarga en el tiempo hasta casi nuestros días... Tras Lord Carnarvon fallecieron Evellyne White, uno de los primeros en entrar en la cámara mortuoria, que sufrió una depresión y se ahorcó (dejando escrito en su carta de despedida "sucumbí a una maldición que me forzó a desaparecer"); Arthur Mace, el arqueólogo que había ayudado a romper los sellos de la tumba, tras un agotamiento que le sobrevino repentinamente; el fotógrafo Archibald D. Deny que comenzó a tener ataques de debilidad a partir del segundo día de trabajo y murió poco después; Frederick Raleigh, que había llegado desde Londres para valorar si dentro del sarcófago podía estar la momia del faraón, y que estando en la sala funeraria se encontró mal, se desmayó y falleció posteriormente; el profesor La Fleur, amigo íntimo de Carter que acudió a presenciar los trabajos y que falleció a las pocas semanas de una enfermedad desconocida; y a estos se sumaron los profesores Winlock, Breasted, Dougles y Foucart, los investigadores Jay-Could, Ganies Davis y Joel Wrolf, los egiptólogos Harkness, Astor, Bruyére, Callender, etc... y así hasta un total de 17 hombres de ciencia relacionados con la tumba de Tutanhkamón a los que se le atribuyó una muerte por "enfermedad desconocida"...
Una de las maldiciones más famosas de la historia. Sus actores principales:
el faraón Tutanhkamon entre Howard Carter (izquierda) y Lord Carnarvon (derecha).
Prácticamente cualquier persona era buena para extender esta lista, y se añadieron el hermano menor de Lord Carnarvon, Aubrey Herbert, que se suicidó en un arrebato de locura; la Hermana de la Caridad que actuó como enfermera de Lord Carnarvon; Richart Betkell, secretario de Carter, que fue encontrado muerto (posiblemente por una embolia) en un sillón del Bath Club unos siete años después; Lord Wwestenrys, padre de Carnarvon, que sufrió una depresión tras la muerte de su hijo y se suicidó unos 8 años después, e incluso un niño que fue atropellado durante su entierro entró en la lista de los malditos; el príncipe Ali Fahmibey que había estado en las excavaciones y que fue asesinado a tiros por su esposa (a saber por qué razón) también fue aceptado en este dudoso club...
Resumiendo. Howard Carter, el mayor implicado, falleció en 1939 a la edad de 64 años, unos 16 años después y de una enfermedad bien caracterizada; al egiptólogo francés Gastón Máspero, el entonces director del Museo del Cairo y el que dió la autorización para la excavación, no le pasó absolutamente nada; lo mismo que a Engelbach, el Inspector del Servicio de Antigüedades del Alto Egipto; a Lefebvre, el Conservador del Museo del Cairo, o al supersacrílego Douglas Deny que realizó la autopsia de la momia. Tampoco le sucedió nada al trabajador Hormuzal que descubrió el primer escalón de la tumba, a los que transportaron la momia, a los periodistas que estuvieron en la apertura del sarcófago o a los regios invitados como la reina Elisabeth de Bélgica y a su hijo el futuro rey Leopoldo... En realidad sólo 6 personas de las 26 que estuvieron presentes en la apertura de la tumba fallecieron en la década siguiente. Estadísticamente los que más relacionados estuvieron con Tutanhkamon murieron con un promedio de 23 años después. Y el premio al más longevo se lo daremos a Robert E. Fulton Jr, que tenía 14 años al abrir la tumba, y que murió en el 2004 a los 95 años...
Pero a pesar de todo... ¿cómo intenta explicar la medicina las 'otras' muertes? Se han desarrollado diversas hipótesis para ello:
- Hipótesis de la radiación = Los egipcios explotaron minas de oro, metal que suele ir combinado con uranio y torio, lo que hace pensar que posiblemente conocieran los efectos de la radiactividad y la utilizaran para proteger las tumbas, lo que podría explicar el cansancio que mostraron algunos de los fallecidos. Físicos americanos, después de la II Guerra Mundial, apoyaron esta hipótesis pese a que ningún detector de radiaciones ha podido demostrar la presencia de alguna de estas sustancias...
- Hipótesis del veneno = Los egipcios conocían el ácido prúsico, el cianhídrico y posiblemente otros tóxicos sólidos, líquidos o gaseosos, y se supone que podrían haberlos colocado en las tumbas o en las ropas de las momias. Esta hipótesis intenta apoyarse en los agujeros que se han encontrado en diversas tumbas, como si se hicieran para dejar salir el gas venenoso (Carter hizo algo parecido) y los cadáveres de ladrones de tumbas hallados cerca de algunas momias. En realidad algunos morirían por asfixia al haber encendido antorchas u hogueras que habrían consumido el oxígeno, y los análisis químicos realizados en el Museo del Cairo han demostrado que no existen vestigios de estos venenos en las momias.
- Hipótesis del aspergillus niger = Fué planteada el 3 de noviembre de 1962 por un médico de la Universidad de El Cairo, el Dr. Ezz Eldin Taha, que había encontrado en numerosos arqueólogos la presencia de un hongo, el Aspergillis niger, capaz de producir fiebre, enfermedad de las vías respiratorias y eczemas cutáneos, y que muchos conocían como la llamada "sarna copta".
- Hipótesis de la histoplasmosis = El doctor sudafricano Goeffrey Dean, a raíz de la enfermedad del Dr. John Walter Wiles de la Sociedad Geológica de Rhodesia, que había estado estudiando el guano de murciélagos en una gruta subterránea, identificó en la heces de estos animales un hongo, el Histoplasma capsulatum, que provocaba una enfermedad con unos síntomas muy similares a los de la "maldición de los faraones" e iguales a las llamadas "víctimas de las cavernas hechizadas de Urugwe" en Rhodesia así como las de otras cavernas de América del Sur. La Histoplasmosis puede manifestarse como una enfermedad leve o aguda y letal; la primera podría proporcionar inmunidad frente al ataque mortal, lo que podría explicar porqué Carter y alguno de sus allegados sólo sufrieron cierta debilidad o depresión no diagnosticada, mientras que algunos visitantes sufrieron la forma aguda y fallecieron.
- Hipótesis vírica = Esta hipótesis no podía faltar, ya que los virus están de moda para explicar todo tipo de enfermedades desconocidas. Es indudable que existen virus capaces de sobrevivir en el tiempo en la materia inanimada y que pueden reactivarse en contacto con la materia viva; en 1962 dos sabios egipcios ya evidenciaron la existencia de virus en una momia copta datada en los primeros siglos después de Cristo. Es posible que ciertos ácaros podrían ser los trasmisores de estos virus mortales, ya que existen este tipo de arácnidos microscópicos que desarrollan su actividad en cadáveres desecados, momias y papiros, y que pertenecen a la denominada por los forenses como la 8ª escuadra de la muerte.
- Hipótesis de en la variedad está el gusto = Pues eso, quizá ha existido un poco de todo, pero posiblemente lo que más ha favorecido las muertes de la maldición ha sido la llamada "prensa amarilla", la que disfruta de remover leyendas sin fundamento o inventar misterios y, en resumidas cuentas, de intentar asustar a la gente. Ha sido perfectamente demostrado que la imaginación y el propio temor es la causa más habitual en la muerte a consecuencia de hechizos y maldiciones, especialmente si convive con una verdadera "psicosis de maldición" y se transforma en una "maldición supersticiosa".
* * *
Y para terminar este capítulo, nadie mejor que el famoso arqueólogo y egiptólogo Howard Carter para expresar con sus propias palabras el problema de la supuesta maldición que su descubrimiento habría desencadenado sobre el mundo:
"Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se las bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos... Estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas... El investigador se dispone a su trabajo con todo respeto y con una seriedad profesional sagrada, pero libre de ese temor misterioso, tan grato al supersticioso espíritu de la multitud ansiosa de sensaciones"...
Próximamente:
ZOMBIES
o
LA CARNE RESUCITADA
El Morador del Mitnal