ESOS MONSTRUOS
QUE TANTO
NOS ASUSTAN...


La Medicina
y el Cine de Terror (V)


"Las cosas ignotas nos causan
mayor miedo que las conocidas".

Giacomo Leopardi
(1798-1837)

"Hasta la muerte"
Los Caprichos, Goya, 1799.


Introducción: El Miedo de Película
Drácula: La Sed de Sangre
Frankenstein: El Hombre de Retales
Hombre Lobo: La Bestia Interior
Momias: El Cuerpo Incorrupto


La Momia, con mayúscula, es un monstruo creado enteramente por el cine. Nació básicamente como un símbolo misterioso del Egipto Antiguo, pero fue interpretado como signo inequívoco de una maldición capaz de perdurar a través de los siglos.
Pero lo cierto es que, entre sus vendas, asoma el deseo oculto de muchos hombres: continuar la vida más allá de la muerte...
* * *

Arqueología y Momias: antecedentes del Terror
     La Arqueología es la ciencia que estudia los restos materiales de anteriores civilizaciones con el fin de reconstruir su historia y la vida de los pueblos que las integraron. La llamada Arqueología científica nació como tal a finales del siglo XVIII con la obra del historiador alemán Winckelmann, "Historia del arte de la Antigüedad", ciencia que se perfeccionó y subdividió gracias a la expedición a Egipto que organizó Napoleón en 1798, ya que tuvo la gran idea de acompañarse de sabios y científicos con el fin de catalogar la fauna, la flora y todo tipo de maravillas que esperaba encontrar en esas tierras; esto dió lugar a que entre 1809 y 1828 se publicara en 12 tomos una monumental obra llamada "Descripción de Egipto", acompañada de 837 láminas y más de 3000 ilustraciones, y cuando en 1822 Jean-François Champollion anunció que había logrado descifrar los jeroglíficos gracias a la llamada Piedra de Rosetta, se abrió el camino a la aparición de una subespecialización arqueológica para el estudio serio y científico del Antiguo Egipto, la Egiptología, que curiosamente atrajo el interés inusitado del público en general apareciendo a la vez la Egiptomanía, por lo que fue habitual copiar el modelo decorativo egipcio, construyendo arquitecturas piramidales (habituales todavía en nuestros cementerios), y a la vez y por desgracia, estimulando el saqueo de los yacimientos arqueológicos, lo que obligó al Servicio de Antigüedades de Egipto en 1858 a prohibir las excavaciones y la exportación de objetos sin su autorización.
     El estudio del Antiguo Egipto trajo consigo el descubrimiento de tesoros ocultos por las arenas del tiempo, pero sobretodo llamó la atención la aparición de seres que en su muerte habían viajado hasta nuestros días rodeados de misteriosos rituales, joyas fabulosas y papiros indescifrables... nos referimos lógicamente, a las momias...
     Conviene aclarar, antes de seguir, que aunque Egipto ha sido definido como "el país de las momias" y la mayoría de la gente hace una rápida asociación con este país al hablar del tema, la realidad nos demuestra que las técnicas de momificación se han aplicado en muchos otros países y que las momias aparecen repartidas por todo el mundo, encontrando las primeras entre los chulpas bolivianos y los antiguos peruanos, apareciendo también en algunas tribus de indios americanos, entre los naturales de las islas Aleutianas, ciertos aborígenes australianos, así como en algunas ordenes sacerdotales japonesas...; apareciendo, además de las momificaciones completas, las llamadas momificaciones parciales, como las ya clásicas cabezas reducidas de los jíbaros, las cabezas trofeo de los mundurukus brasileños o las decorativas de los antiguos neozelandeses.
     Pero si volvemos a las famosas momias egipcias, veremos que fueron las descripciones que nos dejó el viajero e historiador griego Herodoto (484-425 a.C.), las que permitieron que occidente conociera los métodos de momificación egipcios, llamando tanto la atención que hasta el siglo XVII esta manipulación de cadáveres se asoció con ideas mágicas y fantásticas... Los primeros europeos que viajaron a Egipto trajeron asombrosas historias de un país con una cultura muy diferente pero, sobretodo, trajeron recuerdos de sus viajes, siendo habituales los sarcófagos que, ocasionalmente, estaban todavía ocupados por sus antiguos propietarios.
     En el siglo XVI las momias llegaron a las boticas ingresando en la farmacopea universal como un eficaz remedio para todos los males, siendo conocido como el 'polvo de momia' o "mumia"; este exótico remedio tuvo un gran éxito (especialmente en el tratamiento de úlceras, huesos rotos, epilepsia y dolor de muelas), por lo que se llegó a establecer un verdadero tráfico de cadáveres desde Egipto, aunque la picaresca humana no tardó en crear momias falsificadas con el fin de satisfacer la demanda impuesta por la gente.
Unas momias egipcias de verdad:
Seti I, junto a otras anónimas
encontradas en la necrópolis de Dush.
     Y dejando a un lado a los boticarios, los médicos también se interesaron por las momias y el 16 de diciembre de 1763, el doctor John Hadley reunió a un grupo de cirujanos para realizar la primera apertura "científica" de una momia aunque, todo hay que decirlo, el sujeto utilizado para ello no permitió obtener grandes resultados. Posteriormente el médico y antropólogo alemán Johann Blumenbach llegó a Inglaterra en 1792 y, junto al presidente de la Royal Society, estudió su primera momia; el objeto del estudio resultó ser una estafa, ya que era un simple bulto relleno de vendajes de lino, aunque lo que en un principio fue un desastre, el final resultó ser un éxito, pues muchos 'propietarios' de momias acudieron a él para que les aclarase si sus reliquias eran falsas o verdaderas, y aunque sus resultados científicos fueron en general decepcionantes, lo cierto es que resultó un gran descubridor de los muchísimos fraudes que rodeaban al incipiente mundo de la egiptología...
     Se produjo con el tiempo una gran aficción a actuar como "abridores de momias", por lo que con el tiempo fueron utilizadas en Europa como un simple instrumento de diversión. A lo largo de todo el siglo XIX se organizaron verdaderos espectáculos morbosos de 'desfajado de momias', unas reuniones pseudoculturales de dudoso valor científico y a donde era invitado un público selecto. Esto duró hasta junio de 1881 con el descubrimiento del escondite de Deir el-Bahari, donde los arqueólogos se dieron cuenta de la necesidad de conservar a las ilustres momias descubiertas. Así las reuniones de desfajado pasaron a ser verdaderas autopsias; incluso en 1896, sólo un año después del descubrimiento de los rayos X por Röntgen, ya se aplicaron técnicas radiográficas a las momias. Posteriormente han contribuido al estudio de las momias la xerografía, la tomografía axial computerizada (TAC), la tomodensitometría, la ecografía, la endoscopia, los estudios analíticos sanguíneos e histológicos, microanálisis físicos y químicos, técnicas de datación como el carbono 14 o la racemización de los animoácidos, llegando hoy en día al uso de técnicas más próximas a la medicina forense o a la policía judicial...

     Existe un concepto equívoco, pero muy extendido por desgracia, en cuanto al objetivo que tenía la momificación entre los egipcios, y en parte estas erróneas ideas se las debemos a la cultura (o incultura) cinematográfica. El cine nos muestra, casi constantemente, la necesidad de reencarnarse por parte de la persona momificada o de la persona amada por ésta en el pasado. Pero los egipcios no creían en la reencarnación tal y como nos la muestran; en realidad consideraban que la muerte era un simple paso entre dos vidas y, para que diera comienzo esa nueva vida, el cuerpo debía reunirse con los elementos espirituales que lo animaban; por ello la envoltura corporal debía ser conservada en las mejores condiciones posibles pues, si era destruída, supondría la muerte definitiva de la persona... Y lo habitual era, por desgracia, que los cuerpos fueran incordiados y molestados en su viaje hacia la eternidad, cuando no maltratados o destruidos, por los ladrones de tumbas...
     Estas falsas ideas junto con el curioso tabú sobre la muerte que tiene nuestra sociedad, ciertos conceptos derivados de la superstición del pueblo egipcio, y un suceso histórico que debería haber estado más próximo a un acontecimiento humorístico que al miedo, han sido posiblemente los antecesores del ambiente de terror que rodea a las momias.
     El hecho histórico al que nos referimos nos remonta al año 1902, cuando se inaguró la nueva sede del actual Museo de El Cairo y diversas momias fueron trasladadas a una de sus plantas. El escritor francés Pierre Loti, que estuvo presente, vió los restos de la momia de Ramsés II y comentó cómo, por efecto de la temperatura, se produjo una contracción de los tendones del brazo izquierdo y, por ello, su movimiento, lo cual provocó la huida de los guardias y, cómo no, el nacimiento de la leyenda sobre las momias que vuelven a la vida.
     Por otra parte las creencias supersticiosas egipcias sustentaban la idea de la existencia de una "maldición" que afectaría a aquellos que se arriesgaran a turbar el sueño de los muertos. Estas amenazas se sobreentendieron como reales al encontrar ciertas inscripciones en algunas necrópolis, como la descubierta en la tumba de Ursu de la XVIII dinastía, 1570-1320 a.C. ("El que profane mi cadáver en la necrópolis y rompa mi estatua en mi tumba será un hombre odiado por Ra; no transmitirá sus propiedades a sus hijos, su corazón no estará satisfecho en vida, no podrá recibir agua en la necrópolis y morirá de sed en el otro mundo, y su alma será destruida para siempre"), o la encontrada en la tumba de Peteti, un artesano que trabajó en la construcción de las pirámides ("Nunca hice nada malo en mi vida, por eso los dioses me aman. Si alguien toca mi tumba, se lo comerá un cocodrilo, un hipopótamo y un león...", aunque parece ser que por alguna razón su mujer decidió ampliar esta maldición añadiendo a la inscripción original "y un escorpión, y una serpiente..."). Este concepto se asimiló perfectamente en Europa y en América desarrollándose la idea de la supuesta existencia de una energía psíquica concentrada que se escondería en las tumbas, y que bebía directamente de las ideas espiritistas de la época. Curiosamente y pese a estar perfectamente asumido el concepto de maldición por el pueblo egipcio, esto no desanimó a los muchísimos ladrones de tumbas que se enriquecieron (o simplemente sobrevivieron) a costa de invadir las tumbas, robar en los sarcófagos y ultrajar a sus moradores...
     Una de las maldiciones funerarias más famosas de todos los tiempos es indudablemente la que se relaciona con el descubrimiento de la tumba de Tutanhkamón, un jovencísimo y oscuro faraón de la XVIII dinastía. Este descubrimiento fue el gran estimulante de la arqueología cuando ya se pensaba que estaba todo descubierto: actuó abriendo el baúl de las maravillas, estimuló la fantasía de casi todo el mundo y dió, inconscientemente, una nueva visión sobre las momias... especialmente por parte del cine, que relanzó la imagen de unas momias tan bien conservadas que llegaban a sobrevivir a la propia muerte, unos fantásticos tesoros con los que eran enterradas y, cómo no, una maldición que sobrevendría inexorablemente al aventurero arqueólogo que tuviera la osadía de profanar el sueño de los muertos.

El cine entre sarcófagos, vendas y maldiciones
     El cine ha tenido un referente en la literatura de los "monstruos" vistos anteriormente. En realidad, la Momia como ser terrorífico pasó al cine casi directamente desde los trabajos arqueológicos, aunque bien es cierto que también existió cierta literatura previa (y ciertamente no escasa) que directa o indirectamente abrió el camino hacia el conocimiento de un país misterioso como Egipto y a los seres momificados, posiblemente estimulada por la egiptomanía que ya hemos comentado antes.
     La primera obra escrita que se refiere a las momias hay que buscarla en la época de las famosas reuniones de desfajado de momias; una de estas reuniones realizada en Londres cerca de Picadilly Circus, animó a un joven de 25 años llamado Jane Loudon Webb a escribir en 1822 un relato titulado "La Momia" (The Mummy! or A Tale of the Twenty-Second Century), que sitúa la acción en un futuro siglo XXII cuando una momia vengativa vuelve a la vida para estrangular a la joven arqueóloga que la estudiaba.
     Un autor norteamericano frecuentemente reconocido como maestro del relato corto (aunque siempre hay quien lo quiere hacer maestro del relato de terror pese a haber escrito cuentos de todo tipo) llamado Edgar Allan Poe (1809-1849), escribió "Conversación con una momia" (1845), una obra donde no existe nada de terrorífico y sólo se conversa para convencer a una momia revivida llamada Allamistakeo (un juego de palabras del autor: all a mistake, un puro engaño) sobre la superioridad de la edad moderna; esta obra se encuentra en la misma línea que "La novela de una momia" (1958) del francés Théophile Gautier (1811-1872). Posteriormente en 1869 otra estadounidense, Louisa May Alcott, más conocida como la autora de la clásica novela "Mujercitas", cambió de registro volviendo al terror y escribió una historia corta llamada "Perdido en la Pirámide: la Maldición de la Momia".
     Más interesante resulta el médico y escritor británico Arthur Conan Doyle (1859-1939), cuya obra "Lot Nº 249" del año 1892, es considerada por algunos la verdadera historia de terror sobre las momias vivientes, que en 1990 se llevó a la pantalla grande de la mano de John Harrison con el título de "Tales from the Darkside: The Movie", una película basada en tres cuentos de terror, uno de ellos el que nos ocupa, y traducida en España como "El gato infernal", título perteneciente a otro de los cuentos incluídos aunque en este caso del popular Stephen King.
     El siguiente escritor que presenta cierto interés por el tema que nos ocupa es Bram Stoker (1847-1912), al que ya conocemos del capítulo dedicado a Drácula, pues es el autor de "La Joya de las Siete estrellas" (1903), que trata de la resurrección de la reina Tera cuyo perverso deseo es apoderarse del cuerpo de una muchacha joven, obra que se supone sirvió de base inicialmente para la película más clásica sobre las momias ("La Momia" de la Universal). Ese mismo año, Sax Rohmer (1883-1959), un apasionado de la egiptología, escribió su primer relato publicado titulado "La momia misteriosa", aunque en la actualidad es más conocido por sus obras sobre un misterioso personaje llamado Fu-Manchú. Algernon Blackwood escribió "La Némesis de Fuego" (1908) un caso de John Silence, el investigador de lo oculto que tan buenos réditos le dió y que ya hemos visto en el capítulo dedicado al hombre lobo. El conocido Tennessee Williams (1911-1983) también fue seducido por Egipto a los 17 años y bajo el pseudónimo de Thomas Lanier escribió "La venganza de Nitocris", una historia de sobre la vengativa reina de la VI Dinastía.
     Desde entonces surgieron en la literatura terrorífica diversas obras con el Egipto misterioso o las momias como tema central: "La Maldición de Amen-Ra" (1932) de Victor Rouseau, "Monkeys" (1933) del arqueólogo británico enamorado de Egipto Edward Frederick Benson, "Bones" (1941) del americano Donald Allen Wollheim... El sobresaliente autor de los llamados Mitos de Cthulhu, Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) desde su poema "Nyarlathotep" (1920) donde incluyó a este ser en la mitología egipcia, estimuló la asociación entre egipcios, momias, brujos y monstruos cósmicos, llegando a escribir en colaboración con el mago Harry Houdini el angustioso relato "Encerrado con los faraones" (1924), mientras que seguidores suyos como Robert E. Howard publicaba "Rostro de Calavera" (1929) donde Kathulos, un hechicero egipcio momificado vuelve a la vida para dominar el mundo, y Robert Bloch escribía "El secreto de Sebek" (1937) o "Los ojos de la momia" (1938).
"La Momia" de la Universal, dirigida
por Karl Freund en 1932, abrió el
camino a un nuevo mito del terror.
     Por otra parte, otro tipo de literatura siguió paralelamente estimulando la imaginación sobre una época perdida en un misterioso país, y aquí encontramos con la maravillosa obra de un escritor finlandés llamado Mika Waltari (1908-1979), que habla sobre la vida de un médico egipcio en tiempos de Akhenatón, nos referimos a "Sinuhé, el egipcio" (1939). Y lo mismo podríamos decir en la actualidad de la abundante producción literaria del egiptólogo francés Christian Jacq, cuyo éxito revela la realidad de la egiptomanía en la actualidad...

     En lo que se refiere a la producción cinematográfica también podemos hablar de dos vertientes: una dedicada a la civilización egipcia en general y otra dedicada al ámbito del terror en particular, con especial referencia a la magia, a las momias y a las maldiciones...
     Dentro del primer grupo nos encontramos con películas tan conocidas como "Los diez mandamientos", una obra de Cecil B. De Mille que data de 1923 y que repitió en 1956, "El Valle de los Reyes" de Robert Pirosh y "Sinuhé, el egipcio" de Michael Curtiz ambas de 1954, o "Tierra de faraones" que Howard Hawks dirigió al año siguiente; también son de destacar "Nefertiti, reina del Nilo" (1961) de Fernando Cerchio, la más famosa "Cleopatra" (1963) de Joseph L. Mankievicz (aunque Georges Méliès ya rodó una primeriza película con el mismo título en 1899), o "Faraón" (1969) del polaco Jerzy Kawalerowicz que estuvo nominada al Oscar como mejor película extranjera. Egipto ha sido escenario de fondo para guionistas y directores tanto en películas de intriga como "Muerte en el Nilo" (1978) basada en una obra de Agatha Christie, otra enamorada de este fascinante país, o "La Esfinge" (1981), otra película de trama policíaca basada en un libro de Robin Cook, como en películas de aventuras como la famosa de Steven Spielberg "Indiana Jones. En busca del Arca Perdida" (1981), o las de ciencia ficción como "Stargate, puerta a las estrellas" (1994) donde se establecen similitudes entre civilizaciones egipcias y extraterrestres y donde se entrecruza la mitología egipcia con la invasión y tiranía de seres cósmicos, y cuyo éxito ha dado lugar posteriormente a una serie de televisión...

     Pero será el segundo grupo el que nos interesará ahora. Sorprendentemente, la momia resulta ser uno de los clásicos monstruos del cine con más películas en su haber, y aunque la gran mayoría son de bastante baja calidad, esto no hace que el ser humano deje de ser atraído constantemente por esta misteriosa representación de la muerte...
     Las películas sobre momias aparecen muy pronto en la historia del cine: la primera es una película muda de Gerard Bourgeois llamada "Le momie du roi" (1909), luego aparecieron otras como "The Mummy (1912), "Le Momie" (1913) y "The Egyptian Mummy" (1914). Como ya podemos ver y como veremos posteriormente, este tipo de películas han destacado sobretodo por la sobriedad y poco originalidad a la hora de ponerles títulos.
     La referencia más importante en este tipo de cine corresponde lógicamente a "La momia" (1932) que Karl Freund dirigió para la Universal, donde aparece un fantásticamente maquillado Boris Karloff que asume en la película la personalidad de Imhotep (nombre del que fuera históricamente un gran constructor de pirámides, sacerdote y médico) en busca de su amada Ankh-es-an-Amón (el mismo nombre que la mujer y hermanastra de Tutanhkamón). El tremendo éxito de esta película hizo que, como había sucedido con películas anteriores en la línea del terror de la misma productora, se hicieran secuelas y más secuelas: "La mano de la momia" (1940) con un vaquero como Tom Tyler haciendo de la momia Kharis, o la serie donde Lon Chaney Jr continuó con el registro de la momia Kharis en busca de su amada reencarnada con "La tumba de la momia" (1942), "El fantasma de la momia" (1944) y "La maldición de la momia" (1944), serie que definió y caracterizó a las momias resucitadas como seres semiparalíticos y de movimientos lentos capaces, sorprendentemente, de desplazarse hasta lugares insospechados, atrapar chicas guapas y asesinar a sus enemigos. Como pasa siempre, la mala calidad de estas últimas hizo que decayera el tema, dando pie a que surgieran obras cómicas como la poco conocida "Mummies Dummies" (1948) o la ya clásica "Abbot y Costello contra la momia" (1955) de Charles Lamont, en la misma línea de la realizada anteriormente por estos cómicos en 1948.
Momias cinematográficas:
Boris Karloff, Lon Chaney Jr. y Arnold Vosloo junto a su 'alter ego' infográfico.
     Durante este paréntesis de ideas, otros directores intentaron atraer al público mostrándoles que las momias no son sólo de origen egipcio. Así surge la serie mexicana sobre momias, con "La momia azteca" (1957) de Rafael Portillo donde se mezcla la hipnosis y las reencarnaciones y surge el diabólico Dr. Krupp, y las tremendas continuaciones del mismo director "La maldición de la momia azteca" (1957) o "La momia azteca contra el robot humano" (1958).
     Tal y como sucedió con otras series de monstruos, la británica Hammer retomó con gran éxito la idea original y realizó "La Momia" en el año 1959, dirigida por uno de sus directores preferidos, el ya conocido Terence Fisher, y con sus dos actores talismán, Christopher Lee y Peter Cushing. Gracias a esta película volvieron a producirse películas de miedo con momia incluida: "Belphégor ou le Fantome du Louvre" (1965) del francés Claude Barma (de la que luego se hizo un remake en 1991 con el título de "La Máscara del Faraón", donde se nos muestra la 'azuela', instrumento utilizado durante la momificación y los funerales con la simbólica función de dar el soplo de vida al difunto durante el rito de apertura de la boca), "El sudario de la momia" (1967) de John Gilling donde lo más novedoso es que se habla egipcio antiguo, "Sangre en la tumba de la momia" (1971) de Seth Holt que, en un intento de relanzar a este ser terrorífico, la basó en parte en la obra original de Bram Stocker...
Momias en el cine: Feas, grandes, vendadas,
más o menos sucias, pero malvadas y vengativas.
     No hay duda que la obra de Fisher fomentó la aparición de las sosas tonterías ya habituales de los años sesenta como "Yo fui una momia adolescente" (1962) de Ralph C. Bluemke, hasta la creación de obras más serias como "La Momia (Al-Mumiya)" (1969) del egipcio Shadi Abdel Salam, basada en los hechos reales del descubrimiento del escondrijo de Deir el-Bahari, y que pese a ser muy poco comercial es una de las obras que más conecta con el espíritu del antiguo Egipto, mostrando a las momias como personas que vivieron y dejaron una herencia cultural para las nuevas generaciones. Por otra parte, las momias cuyo origen no era egipcio, no tuvieron un gran desarrollo; aparecieron las típicas obras de Rodolfo Guzmán Huerta, más conocido como 'El Santo, el Enmascarado de Plata', un famoso luchador mexicano de catch profesional que popularizó las 'películas de miedo' entre los jóvenes españoles e hispanoamericanos de la época, con "Las momias de Guanajuato" (1970) de Federico Curiel donde muchos conocieron las famosas momias del cementerio de la ciudad mexicana de Guanajuato, unos cuerpos deshidratados de forma espontánea en un proceso que viene a durar unos cinco años y que actualmente se encuentran expuestas en un museo de la ciudad, así como "El robo de las momias de Guanajuato" (1972) o "El castillo de las momias de Guanajuato" (1973) de Tito Novaro y que se mantenían en la misma línea. También aparecieron las españoladas "El secreto de la momia egipcia" (1974), una mezcla de momias con mujeres hermosas, perversiones eróticas, vampiros y científicos locos, y "La momia nacional" (1981), que se inscribe en la linea de la anterior; o "El Látigo contra las momias asesinas" (1980) del mexicano Angel Rodríguez, con el personaje de Látigo claramente inspirado en el californiano Zorro. Pero pese a este pésimo cine surgieron también obras interesantes sobre maldiciones como "El despertar" (1980) de Mike Newell, basada también en la obra de Stoker y con Charlton Heston haciendo de egiptólogo investigando sobre la princesa Kara, o "El despertar de la momia" (1982), de Frank Agrama y Armand Weston, que aproxima el cine de momias al cine de zombies...

     Más recientemente podemos destacar "La sombra del faraón (Thalos, la momia)" (1998), de Russell Mulcahy y que nos devuelve burdamente a las películas de series B donde podemos ver de nuevo a Christopher Lee en un registro diferente al de momia; "El grito de la momia" (2000) de David DeCoteau, una de las peores películas que se han podido ver últimamente sobre el tema, con seis jóvenes y ridículos estudiantes de arqueología que descubren los restos de una antigua momia azteca y que por accidente liberan siniestras fuerzas del mal por las que se dejan matar tontamente...
     "Bubba Ho-Tep" (2002) de Don Coscarelli es, en cambio, una de esas rarezas dentro de las rarezas que ha llegado a ser considerada una película 'de culto' clasificada en el humor-horror geriátrico, basada en una novela del fundamental y casi desconocido Joe R. Lansdale, y donde Elvis Presley (representado por Bruce Campbell) vive y reside en una vieja residencia al este de Texas y forma equipo con Jack, un compañero de la residencia que dicer ser el presidente JFK pese a ser de raza negra (Ossie Davis); estos son los héroes que lucharán desde la decrépita vejez de vejigas sueltas contra una maligna entidad egipcia en forma de momia con botas con una curiosa forma de sorber la vida humana... Finalmente nos queda mencionar "La Momia" (y venga títulos originales) del año 1999, dirigida por Stephen Sommers, en la cual acompañamos a Brendan Fraser en el papel del aventurero Rick O'Connell, a Rachel Weisz como la joven egiptóloga Evelyn Carnahan, y a Arnold Vosloo como sacerdote y momia, en una divertida aventura llena de efectos especiales que nos hace pasar un buen rato (en el fondo existe un recordatorio a la película de Karloff, donde la momia y su amada tienen el mismo nombre). Lo mismo diremos de su continuación dos años después, con el mismo director y actores, "El retorno de la Momia": más aventuras y diversión con una momia ágil y con poderes ultraterrenos que por suerte ha dejado de ser semiparalítica... Ambas películas se alejan del terror tradicional para traernos simples comedias de aventuras...; así no es de extrañar que al año siguiente apareciera "El Rey Escorpión", película que quería ser continuación de las anteriores, aunque sólo tiene un frágil hilo de conexión, ya que es una simple escusa para traer más aventuras egipcias y promocionar a su personaje principal, un musculitos llamado Dwayne Johnson y más conocido como 'The Rock'...

     Visto lo visto, el terror ya no es lo que era... Y la medicina lo único que hace es quitar los temerosos flecos que podrían quedar o, simplemente, encogerse de hombros y no opinar...

Medicina: momificaciones, maldiciones e incorruptibilidad
     En este apartado la medicina podría hablar sobre la momificación y sus métodos, sobre las supuestas maldiciones como foco de enfermedad y muerte, y sobre el paralelismo entre la supervivencia artificial del cuerpo y la natural. Intentemos no extendernos mucho y entremos de lleno en el tema...

* * *

Y para terminar este capítulo, nadie mejor que el famoso arqueólogo y egiptólogo Howard Carter para expresar con sus propias palabras el problema de la supuesta maldición que su descubrimiento habría desencadenado sobre el mundo:
         "Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se las bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos... Estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas... El investigador se dispone a su trabajo con todo respeto y con una seriedad profesional sagrada, pero libre de ese temor misterioso, tan grato al supersticioso espíritu de la multitud ansiosa de sensaciones"...


Próximamente:
ZOMBIES
o
LA CARNE RESUCITADA

 
El Morador del Mitnal
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